sere_tuya

 

 

     «[…] Comenzaré recordándoos de nuevo lo que fue para mí, con sólo diecisiete años, la víspera del día de la Inmaculada; cuando, estando con mi hermano Antonio en el comercio familiar de calzados que teníamos en Dos Hermanas, a las doce del mediodía, al repicar de campanas anunciando la festividad de la Inmaculada Concepción, mi alma, por primera vez en mi vida, se experimentó totalmente invadida por Dios; con una presencia de lo Alto tan fuerte, que creía morir de amor y dolor.

   De amor a Dios, que se abalanzaba sobre mi pobre y limitada alma con el poderío de su presencia en fuerza irresistible, eligiéndome desde aquel momento para que fuera sólo y exclusivamente para Él.

     Recuerdo que la atmósfera de la cercanía de Dios era tan poderosa, que, sin haberle apercibido nunca, tenía la seguridad que era el mismo Dios, inundándome de su presencia, el que se abalanzaba sobre mí para poseerme totalmente, y desde aquel momento me entregara exclusivamente a Él para la realización de sus planes eternos sobre mí.

     De forma, que yo no sabía si estaba en el Cielo o en la tierra, por sentirme como fuera de mí, e inundada, invadida y robada por la inmensidad y grandeza del Infinito Poderío, que lacró mi alma sellándola con la petición y la impronta de ser sólo y exclusivamente para Él; separándome totalmente de todo lo terreno, y escogiéndome para que fuera suya, ¡exclusivamente suya!, para alabanza de su gloria que así me lo exigía, y que me hacía morir de gozo y de dolor.

inmaculada     De gozo, por lo sobrenatural de lo que me estaba sucediendo; y de sufrimiento, por el arrepentimiento de mi vida pasada, que me hacía prometer a Dios con toda la fuerza de mi ser que sería suya para toda mi vida, ¡totalmente suya!

     Por lo que yo lloraba larga y amargamente por mis pecados, prometiéndole que ya no le ofendería más; mientras que me sentía morir de gozo por la extraordinaria presencia de Dios que lo invadía todo.

     ¡Y esto fue la víspera de la Virgen Inmaculada!

     Aquel día lo pasé más en el Cielo que en la tierra, como ya os he contado otras veces.

     Y al día siguiente, durante la celebración de la Santa Misa de nueve de la mañana en la Parroquia de mi Pueblo, me consagré a Dios para toda mi vida delante de la imagen de la Virgen Inmaculada, que estaba en el altar mayor.

     Quiero comunicaros, hijos amadísimos, que desde la víspera de aquel día, y durante un mes entero, viví bajo una presencia de Dios tan fuerte en todo mi ser, que, dejándome como ajena a todo lo creado, Dios estaba conmigo en mi corazón, en mi alma, envolviendo todo mi ser; y yo moraba con Él y en Él, y Él, conmigo y en mí.

     No me extiendo más, porque todos vosotros, hijos queridísimos, conocéis bien lo que me sucedió este día, por las narraciones que de diversas maneras he hecho; aunque nunca podré olvidar la víspera de la Inmaculada del año 1946, y el día mismo de la Inmaculada, el día de la Reina del Cielo, Madre de la Iglesia y Reina del Universo, y Madre de todos los hombres por ser la Madre de Dios y Madre de la Iglesia».

Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia