La Navidad encierra una desbordante abundancia de donación divina, que produce una variedad inmensa de sentimientos en nuestro corazón y de deseos y felicitaciones interminables que pueden parecer repetitivas…

Pero la respuesta más apropiada ante Dios hecho Hombre por amor es sólo una, que, comúnmente, no es practicada: la Adoración. Es el único modo para vivir la Navidad. Las demás realidades, maravillosas, son consecuencia.

 

Imagen de la Virgen y el Niño Jesús. Capilla de la Casa de Apostolado “Bajo la sede de Pedro” de La Obra de la Iglesia en Roma.


17-9-1972

 

«Adora, alma mía»

 

Adora, alma mía,
en tierno misterio,
escucha el latido
de Dios que está dentro,
y en tiernos amores
y en dulce cauterio,
besa al alma esposa
con amor inmenso.

Adora, alma mía,
adora en tu seno,
que la brisa dulce
del Hálito Eterno
está respirando
dentro de tu pecho.
No le hagas ruido,
quédate en silencio,
que Dios es muy hondo,
y se te da en Beso.

No el paso interrumpas
de Dios en silencio;
adora y espera,
guarda tu secreto;
silencia las voces
del que, en tus adentros,
te dice romances
en llamas de fuego.

¡Pobre explicación,
rastreros conceptos!,
¡palabras humanas,
torpes pensamientos…!
¿Cómo he de decir
con mi pobre acento
el paso suave
de Dios, sin conceptos?
¿Cómo he de exponer
este vivir lento,
este apercibir
al Inmenso, dentro…?
¡Dentro de mi entraña,
dentro de mi pecho,
en la hondura honda
de mi cautiverio,
en el punto fino
donde mora el Verbo,
donde el Padre engendra
en su ocultamiento,
y los Dos se abrasan
en su Amor inmenso!

Adora, alma mía,
y escucha en silencio,
porque pasa Dios
¡en brisa de fuego!
Húndete en tu hondura,
verás qué misterio…

Cuando Dios se acerca
a mi herido pecho,
allá en mi interior
se hace el silencio,
y todo ruido
me sabe a tormento;
todo lo que es tierra
es como un lamento
que me deja en prensa,
que me mete dentro.

Adora, alma mía,
que Dios está dentro
viviendo su vida
en tu seno abierto.
Adora postrada,
y escucha al Eterno,
porque Él te habla
en llamas de fuego,
en martirios dulces,
en cauterios lentos…

 

Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia


El paso del Inmenso sobre el alma se apercibe cual ejército que, en miríadas de imponente fuerza, dicen, en su ímpetu avasallador, silbo delicado de suavidad silenciosa en profundidad abismal de unión trinitaria. (28-6-62)
¡Silencio!, que pasa el Amor por el alma de la esposa en su decir callado de suavidad infinita. (28-6-62)
El rumor de tu paso sobre mi alma me suena a silbo delicado de unción sagrada que, diciéndome corazón de Padre, me sabe a Eternidad. (28-6-62)
¡Qué grande es sentirse esposa del Espíritu Santo! No hay nada comparable, pues es tan delicado su toque, que es saboreo profundo de Eternidad. (18-9-74)
Cuando en su pasar o posar Dios actúa candentemente en la médula del espíritu, se apercibe el calor de su fuego: «Tus mejillas son como la grana» , enrojecidas por el beso de la boca de Yahvé. (11-5-76)
Dios pasa o se posa. Y el alma acostumbrada a su pasar y a su posar, le siente venir; y ese sentirle agita su espíritu en amor de recepción… Es su Amado que viene, como el cervatillo, corriendo por los montes de Galaad, a visitar a su amada; y ésta se inflama con la cercanía de su paso. (11-5-76)
La petición del Eterno a mi ser es como fuego devorador que me impulsa a hacer lo que tengo que hacer y a decir lo que tengo que decir. (30-9-74)
Dios se es el Dios terrible que, cuando se lanza al alma para obrar en ella en prueba, la pulveriza, purificándola con su mano poderosa. (7-4-67)
¡Qué bueno es sentir al Inmenso en el alma, aunque sea despedazando a ésta para inmolarla! Pero, ¡qué bueno es Dios siempre! (7-4-67)


Sagrario de la capilla del Santísimo Sacramento. Parroquia de Nuestra Señora de Valme, encomendada en Roma a La Obra de la Iglesia.


El Amor besa en el interior del espíritu. ¡Silencio… y hacia dentro, que el Amor pasa con toque de divinidad…! ¡Qué hondo, qué dulce, qué tierno, qué cauterizante, qué penetrante, qué infinito y qué eterno es el Espíritu Santo…! (15-2-76)
El toque del Espíritu Santo es ansias de Eternidad, deseos de perfección, urgencias del Infinito, búsqueda del Bien amado. (7-4-67)
¡Qué dulce es sentirse besada por Dios en la sustancia del alma, en silencio! (17-3-63)



Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia