Una de las peticiones que el Señor formuló en el alma de la Madre Trinidad desde la época del Concilio fue que “había que colocar a la Virgen en el lugar que le correspondía en el seno de la Iglesia”.

Este tema, “Adviento de María”, es un ejemplo de cómo hay que conocer, descubrir y comunicar las maravillas que el Altísimo ha hecho en la Virgen. Es un modo eficaz para que nosotros, tan cogidos normalmente por las cosas materiales, podamos entrar en sintonía con el Magnificat sublime de su vida.

“María se siente Madre y se sabe Virgen”

 

María fue creada para ser Madre de Dios, siendo exenta del pecado original y teniendo en sí la plenitud de la gracia y de todos los dones del Espíritu Santo que como a Madre de Dios le correspondían, por la redención anticipada de su mismo Hijo, a quien Ella le diera la vida humana.

María, desde el principio de su vida hasta el fin, poseía todos los dones y carismas, toda la ciencia que todos los santos juntos hayan podido tener. Ella, por la luz del Espíritu Santo, tuvo siempre conocimiento íntimo de la grandeza de su alma, sabiéndose exenta de pecado y llena de toda gracia; por lo cual, penetrando en la verdad las grandes maravillas que el Amor ha obrado en Ella, entona ese Magnificat en el cual nos manifiesta cómo toda su “alma engrandece al Señor”.

No es solamente que la Virgen rompiera en alabanzas al Infinito cuando cantó su Magnificat de acción de gracias, sino que este cántico fue también la manifestación externa de lo que Ella, iluminada por los dones del Espíritu Santo, penetraba de su alma respecto al plan de Dios para con Ella, y de lo que era su espíritu delante de la adorable Trinidad. Y así ve que toda su alma es una alabanza a la gloria de la Santidad eterna. Su “alma engrandece al Señor” porque toda Ella es una manifestación cantora, alegre, dichosa y santa de esa virginidad eterna del Intocable, que, ante las grandezas que ha hecho en el alma de la Señora, es engrandecido y glorificado en Ella y por Ella.

La Virgen es toda un júbilo para el Amor eterno. Por eso, todo su ser, al saberse glorificadora de Dios, es “transportado de gozo en Dios su Salvador”, participando de esa bienaventuranza eterna que hace al alma que vive fuera de sí saborear los bienes prometidos a aquellos que en verdad son gloria de Dios.

“El espíritu” de la Señora “palpita de gozo en Dios su Salvador”, ya que, poniendo Éste sus ojos “en la pequeñez de su sierva”, hará que todas las generaciones la proclamen bienaventurada porque el Señor, el Omnipotente, hizo en Ella grandes cosas.

El Magnificat de María es todo él una alabanza del Infinito. La Virgen, vuelta completamente hacia el Creador, canta las excelencias del Eterno, al entonar las grandes maravillas que la Sabiduría Infinita ha obrado en Ella, haciendo resaltar que fue todo “porque miró la pequeñez de su sierva”.

María penetra en estas “grandes cosas” que el Infinito ha obrado en Ella, y ve que la Omnipotencia divina, derramándose sobre su ser, la ha encumbrado, ¡tanto, tanto, tanto!, que la ha hecho capaz de ser Madre del mismo Dios.

¡María…! La mente humana se pierde ante la consideración de tu misterio, ya que no hay gracia que pueda compararse a tu maternidad, ni criatura que pueda alcanzar la grandeza incomprensible que el Amor Infinito obró en Ti.

Toda mi alma te proclama dichosa, oh bienaventurada Virgen María. Todo mi ser “palpita de gozo en Dios mi Salvador”, “porque hizo en Ti grandes cosas Aquel que es Todopoderoso”. Sintiéndome hija pequeñina que te ama con todo su ser, mi espíritu se gloría en verte tan encumbrada, tan Madre, tan Virgen, tan Señora…, ¡tanto, tanto, tanto!, que eres la admiración de todos los bienaventurados, porque Tú y sólo Tú fuiste capaz de albergar en tu seno a Aquél, ante el cual, la corte celestial, anonadada, adora en un ¡Santo! eterno de trascendencia infinita.

María penetraba en su alma, sabía las complacencias de Dios sobre Ella; por lo cual, llena de gozo, era un Magnificat perenne a la Santidad infinita y al Amor eterno. […]

La Señora conocía las Sagradas Escrituras y, penetrando su significado, esperaba ansiosa y enamorada a Aquél que era la Gloria de Israel y el Salvador de su pueblo. Ella sabía que el Emmanuel había de nacer de una virgen, y Ella se sabía esa Virgen y se sentía Madre. Por eso, ¡qué misterio es el Adviento de María!

Sabemos que, a los santos, cuando llegan a la unión con Dios, el Amor les va descubriendo los secretos recónditos del misterio divino. El misterio de la Trinidad se les hace familiar, penetran en la Encarnación, todas las cosas se les van descubriendo en su verdad, por lo cual ven, a veces, lo recóndito de las almas. Muchos de ellos están animados del espíritu de profecía, discernimiento de espíritus y otras gracias innumerables que el Espíritu infinito va concediendo a sus almas fieles. Y todos, en las altas cumbres de la perfección, se abrasan en amor a Dios y a los hombres, siendo el centro de su vida el glorificar a Dios y el darle a los demás.

Todos estos dones en plenitud, y otros innumerables que a ninguna criatura le fueron concedidos, los tiene María en grado casi infinito. Por eso conviene que contemplemos a la Señora como una creación aparte, hecha para ser Madre de Dios, corredentora con Cristo y Madre de toda la Iglesia, porque Ella, no sólo es Madre de la Cabeza de la Iglesia, sino del Cristo Total, Cabeza y miembros.

¡No conocemos a María…! Por ello, nos la imaginamos en su vida caminando de sorpresa en sorpresa ante las realidades divinas que en Ella se obraban. Yo me ajusto, en todo, a lo que diga mi Santa Madre Iglesia, porque soy más Iglesia que alma; pero, como soy pequeña y necesito cantar las glorias de mi Madre, quiero entonar hoy este cántico a mi Virgen Inmaculada porque me lo exige el amor de hija pequeñina que le tengo. […]

 
Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia
 
Fragmento del escrito “Adviento de María”. 
Colección “Luz en la noche. El misterio de la fe dado en sabiduría amorosa”  Opusc. 5

 

Nota.- Para descargar el tema completo pulsar aquí: “Adviento de María”.

Fragmento del vídeo de la Madre Trinidad titulado “El Sancta Sanctorum, que fue grabado el 17 de enero de 1989 (pulse la tecla PLAY):

 

 

Nuestra Señora, desde la Encarnación, al ser Madre de Jesús, es Madre de todos los hombres, siendo su misión darnos la vida divina cogiéndola de la Cabeza y distribuyéndola por todos los miembros. Por ello, Madre de la Iglesia. (4-12-64)
¡Cuánto gozó María por el derramamiento de Dios sobre Ella, que hizo posible que lo fuera todo sin nada perder! Siendo poseída, besada y fecundizada sólo por el Amor Infinito que, haciéndola romper en Maternidad divina, le da derecho de llamar al Hijo de Dios, Hijo de sus entrañas virginales. (24-12-76)
Señora, Tú lo guardabas todo en tu profundo misterio y, ahondada en el abismo del Infinito, vivías en una adoración perenne del Dios que, Encarnado, se ocultaba en tu seno; así viviste tu Adviento. (30-4-62)