La vocación a la consagración a Dios es una predilección eterna y personal que llena totalmente las capacidades de quien la recibe. Como sucede a lo largo de nuestra existencia, necesitamos ir corrigiendo el rumbo de la vida para no perder de vista la meta y no confundir el fin con los medios.

Le damos un valor prioritario a lo que hacemos por encima de lo que somos, descentrándonos de nuestra identidad y pudiendo crear confusión a nuestro alrededor. La vocación a la consagración es vivir para Dios. Los quehaceres son de la tierra y necesarios, la vocación es eterna.

 

“¡Levántate de tu letargo, alma consagrada!”

 

Hoy siento necesidad de exponer mi punto de vista sobre lo que debe ser el vivir y el palpitar del alma consagrada, y cuál es su fin, para que sepa distinguir éste, que es Dios, de los medios que el mismo Dios le pone para conseguirlo.

Al decir “alma consagrada”, me dirijo por igual a los sacerdotes, a las religiosas, y a toda persona que, por una vocación especial, se siente llamada, atraída y predestinada para ser esposa de Cristo.

Y necesito empezar este tema con un grito fuerte y desgarrador que exprese la voluntad divina: Alma consagrada, sacerdote de Cristo: ¡¡Sólo Dios…!! […]

El alma consagrada ha sido escogida por Dios, llamada y predestinada para meterse a fondo en la comunicación infinita de su vida trinitaria; para hacer de ella su íntima esposa, su confidente, en quien Él pueda descansar en correspondencia de amor mutuo.

Alma consagrada quiere decir hecha una cosa con lo Sagrado, para vivir del vivir de aquel Dios al cual se consagró. […]

Cuando Dios llama a un alma a la consagración, es para hacerla una cosa con Él, para que viva solamente de Él, para que se entregue total e incondicionalmente, sin reservas, a la acción del Espíritu Santo. Entonces pone en ella unos movimientos, deseos y aspiraciones que son medios para conseguir ese fin, pero que, nunca y de ninguna manera, deben llegar a convertirse en el fin del alma consagrada, que ha sido llamada para hacerse una cosa con lo Sagrado, de tal forma que deje de ser ella para ser Dios por participación. […]

Por eso yo, iluminada por la luz del Espíritu Santo, digo a todas mis hermanas e hijos en la consagración, en un grito desgarrador de alarma: ¡Sólo Dios!

Porque si te vas a un convento, movida por el atractivo que sientes hacia tal o cual género de vida, al encontrarte ante la realidad cruda y verdadera de una vida monótona y rutinaria, si en esos medios que Dios te puso para unirte a Él cifraste tu fin, te encontrarás con el desengaño de que te has equivocado, porque aquello que tú ibas buscando no llena tu espíritu. ¡Éste es el motivo por el cual fallan tantos consagrados!

Pero si tú, al consagrarte a Dios, lo haces buscando hacerte una cosa con Él, crucificarte con Cristo para conocerle, amarle y darle a conocer y a amar, cuando los medios te fallen o no sean tal como te los imaginaste, resultará que descansarás tranquila y pacífica en medio de todos los desamparos y desengaños, en la búsqueda ansiosa de aquel fin para el que especialmente te consagraste. […]

Si sufres, que sea por amor; si eres virgen, por amor; y si renuncias a todo, ¡hazlo por amor! Así sentirás necesidad de negarte y perderte en un olvido total de ti, por ese Amor al cual te consagraste.

Que no consiste la vida consagrada en sufrir o en gozar; que está todo en amar y hacer amor de nuestra consagración y nuestra vida, poniendo amor donde no lo hay y cicatrizando el dolor con el amor.

Dios, para dársenos, perdió la cuenta, de tal manera que el Increado se encarnó. A esto se le puede llamar la locura del Amor Infinito. Es necesario conocer y penetrar un poquito lo que es Dios para saber lo que es que el Increado, el Intocable, el Inaccesible, se haga hombre, carne, tierra, y nada, por amor. […]

Conságrate al Amor para encontrarte con Él cueste lo que cueste, y nada más que para eso. Si te fallan los medios que tú habías elegido, y tienes que vivir de otra manera a la que tú no te sientes inclinada, o en otro sitio donde parece que tu alma está violentándose, no por eso te desorientes ni vivas en violencia. Si eso te pasa, es porque no buscabas a sólo Dios, ya que a Él le encontrarás donde su voluntad, manifestándose por los acontecimientos, te tenga. Pues, para darse a tu alma, no necesita de medios, ya que lo llena todo y está igual en un sitio que en otro.

Tú procura encajarte en aquel sitio donde, movida por la voluntad de Dios, te has sentido llamada. Pero, si por motivos accidentales no puedes realizarlo, no te turbes, que Dios mora en el centro profundo de tu corazón, donde te llama incesantemente para que te ahondes en Él y vivas tu consagración en intimidad de amor y en un grito, hecho vida en todo tu ser, de: ¡sólo Dios! […]

Alma consagrada: ¡Sólo Dios!, para que no vivas una vida monótona, aburrida y tal vez desengañada, llegando quizá a creerte que has fracasado en tu vida espiritual.

Lánzate al conocimiento y amor de Dios en su seno, en el misterio trinitario de su vida divina, para que seas feliz aquí en la tierra y allí en el Cielo; ya que la felicidad, lo mismo aquí que allí, consiste en llenar el fin para el que fuimos creados, que es conocer y amar a Dios y darlo a conocer y amar, para que, llenando de esta manera el plan divino, le glorifiquemos.

Si no vives de sólo Dios, no sabrás de sabor divino, ni la dulzura que encierra tu consagración, porque el secreto de ella está encerrado en la donación de tu vida a sólo Dios, y en el vacío total de todo lo que no sea Él y su gloria.

Sacerdote de Cristo, alma consagrada, que toda tu vida sea un grito en expresión de entrega y de olvido, que esté diciendo en una adhesión total a la voluntad divina: ¡Sólo Dios!

 
Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia
 
Fragmento del tema: “Alma consagrada, vive tu vocación” , del  libro “La Iglesia y su misterio”.

 

Nota.- Para descargar el tema completo pulsar aquí.

Fragmento del vídeo de la Madre Trinidad titulado “Consagrados”, que fue grabado el 26 de febrero de 1986 (pulse la tecla PLAY):

La virginidad perfecta es la adhesión al Sumo Bien y la separación completa de todo lo que no es Él; por eso cuando la criatura descubre la luz luminosa de la eterna Sabiduría, subyugada por ella, lo deja todo para lanzarse irresistiblemente en la búsqueda incansable de sólo Dios. (12-8-73)
El alma virgen es un cántico en expresión de Eternidad, y una manifestación patente ante el mundo de «sólo Dios». (12-8-73)
Tú, que te consagraste a Dios, levántate de tu letargo espiritual, mira al Cristo del Padre que te pide ayuda, no te dejes arrastrar por la confusión que nos invade, sé valiente, no tengas miedo a los soberbios; Dios saldrá por ti, poniendo en tu boca cuanto debes decir, si, viviendo de Él y para Él, con corazón sincero y alma limpia le buscas. (17-12-76)