[…]

¡Qué sábado de triunfo tan glorioso!, en el cual el alma del Unigénito de Dios, que al mismo tiempo es el Hijo del Hombre, abre por el fruto de su Redención los Portones suntuosos de la Eternidad, cerrados desde el Paraíso terrenal por el pecado en rebelión de nuestros Primeros Padres; y se alzan las antiguas compuertas ante el paso impetuoso de irresistible poderío del alma del Unigénito de Dios inmolado, en triunfo de gloria. […]

semana-25-sabado-1Oyéndose en las alturas de los ámbitos anchurosos de la Eternidad como un himno de triunfo:

¡Bienvenido sea el Hombre que ha abierto con sus cinco llagas el Seno del Padre!

Ya se cumplieron todas las promesas de la Antigua Alianza de Dios con la humanidad, siendo Cristo la Promesa cumplida y terminada en triunfo glorioso y definitivo de conquista de gloria, que entra en la Eternidad vencedor del pecado y triunfador sobre la muerte. […]

Por lo que hoy bajo el impulso del Omnipotente y por el poder de su gracia, que, del modo que Él sólo sabe, me introduce en sus misterios para que los manifieste; expreso algo –tan sólo de lo que me es posible bajo el pudor espiritual de mi alma-Iglesia y como el Eco de esta Santa Madre antes de irme con Cristo a la Eternidad– de cuanto mi alma vivió y contempló el 28 de marzo de 1959, sumergida en el misterio de la entrada del alma de Cristo en la Gloria, y cobijada en el regazo de la Virgen bajo el amparo de su Maternidad divina, hecha una cosa con Ella, e invadida de la luz de la contemplación de María.

La cual trascendida, en paso veloz, cual Reina y Señora, penetraba, sobrepasada de amor, júbilo y adoración, en el misterio de la entrada del alma de Cristo, su Hijo, en la Eternidad. […]

«¡Ay María…! Ella, en el momento que Jesús subió al Padre, unida al alma de su Hijo, participó de una manera tan sobreabundante y subida, translimitada por el gozo del Espíritu Santo, de la alegría, felicidad, gloria y gozo dichosísimo del alma del Unigénito de Dios y su Hijo entrando en la Eternidad. […]Dolorosa_Anton_Rafael_Mengs

María estaba contemplando la entrada del Hijo de Dios y su Hijo en el Cielo, mientras que moraba en la tierra, como Madre de la Iglesia, con los Apóstoles.

Hoy el Cielo está de fiesta, porque ha entrado Jesús en él y ha empezado la Iglesia gloriosa; pero la tierra está de luto porque los hombres han matado al Hijo de Dios, el Mesías Prometido y anunciado por los santos Profetas, y los Apóstoles no sabían el gozo que Él tenía, mientras que María lo contemplaba llena de gozo indecible, inundada del amor del Espíritu Santo. Y por ello gozaba con Jesús y sufría con los Apóstoles; gozaba, como Madre de la Iglesia, con la Iglesia gloriosa, y sufría con la Iglesia penante y dolorida.

¡Qué grande y desconocida es María con relación a los planes eternos de Dios sobre Ella…!». […]

«[…] ¡Oh, qué día más grande…! ¡Cuánta fiesta…! […]

Ya el Hombre está en el Seno del Padre gozando de la gloria de Dios, como Dios y como Hombre…

¡Bienvenido sea el Hombre al Seno del Padre…!; el Hombre que abrió con sus cinco llagas el Seno del Padre por el derramamiento de su Sangre divina, cual Cordero Inmaculado, en el ara de la cruz. […]

¡Oh! ¡El Hombre más que el Ángel…!

¡Oh…! ¡Los Ángeles adoran al Hombre-Dios! ¡Y todos se abrasan, postrados en adoración, de amor ante el Hombre-Dios llagado, que ha sido escarnecido…! […] ¡Todos adoran al Hombre-Dios que, por el derramamiento de su Sangre, rescató al hombre caído, levantándonos, como Primogénito de la humanidad, a la dignidad de ser hijos de Dios en el Hijo y coherederos con Él y por Él de su misma gloria…! […]

¡Gloria a Dios en el Cielo…! ¡Ya se abrió el Seno del Padre para todos los hijos de buena voluntad…! ¡Nunca más se cerrará…! Cristo lo ha abierto… y está esperando a todos los hombres… Él lo abrió y se puso en la “puerta” con los brazos extendidos, para que nunca más se cierren los Portones suntuosos de la Eternidad… […]

Y al ser el Verbo Hombre, el Hombre tiene un mérito infinito y por eso el Hombre-Dios hace al hombre hijo de Dios y heredero de su gloria; menos al hombre rebelde que no quiere aprovecharse de su Sangre, de sus méritos ni de su Redención; pero ese hombre rebelde, si viene a la Fuente de la Vida, quedará con todas las gracias de los verdaderos hijos. […]descent-into-hell-1

[…] El rasgarse el velo del templo es el símbolo de que Jesús con su muerte abrió el Seno del Padre, abriendo las compuertas majestuosas y suntuosas en gozo eterno de triunfo de gloria, rasgando el Seno del Padre que estaba cerrado… Y con su muerte se rompió la antigua ley para empezar la Nueva Alianza, prometida a nuestros Primeros Padres, a Abraham, Isaac y Jacob, anunciada por los santos Profetas, donde Dios vivirá ya siempre abrazando al hombre que le perdió por el pecado original: “Ellos serán mi Pueblo y Yo seré su Dios”.

¡Qué silencio…! ¡Es el gozo de Dios silencioso…!

¡Todo el Cielo está en silencio!, aunque esté de fiesta en el día glorioso y triunfante de la entrada del alma del primer Hombre en las mansiones suntuosas de la Eternidad. […]

 

Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia

 
Fragmento del escrito:  “¡BIENVENIDO SEA EL HOMBRE AL SENO DEL PADRE!”. 
 
(Colección “Luz en la noche. El misterio de la fe dado en sabiduría amorosa”  Opús. nº 11)

 

Nota.- Para descargar el tema completo pulsar aquí: “Bienvenido sea el Hombre al Seno del Padre”.pdf

 

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Jesús es la perfección consumada del Plan de Dios, anunciado a Abraham, padre de todas las naciones, y proclamado por los Santos Profetas del Antiguo Testamento, en la manifestación del Amor Infinito hacia el hombre y en la respuesta del mismo Amor Infinito, hecho hombre, hacia Dios. (15-10-74)

La primera postura sacerdotal de Cristo se manifestó principalmente recibiendo a Dios en la Encarnación; la segunda, respondiéndole en su vida privada; la tercera, dándonos a todos la vida en su inmolación; y la cuarta, en su resurrección, llevándonos con Él a la vida nueva; aunque en todos y en cada uno de los momentos de su vida, Cristo vive las cuatro posturas de su Sacerdocio. (12-1-67)

La muerte de Jesús fue el supremo himno de adoración de la criatura que, ante el Creador, responde en manifestación cruenta de reparación diciendo al Dios tres veces Santo: Tú sólo eres el que te eres, y yo sólo soy por Ti, como hombre. Y al cargar con los pecados de todos, muero en reconocimiento de tu excelencia, y resucito en manifestación de que soy esa misma excelencia por mí mismo reparada. (16-10-74)

El Verbo Encarnado, durante su vida mortal, era el Cristo penante que vivía de Eternidad; y ahora es el Cristo glorioso y eterno que contiene también en su alma la tragedia de todos los tiempos. Y, por eso, en la plenitud de su Sacerdocio, es el Cristo Grande que encierra en sí el Cielo y la tierra, la Eternidad y el tiempo, la Divinidad y la humanidad; siéndose Él en sí mismo el Glorificado y el Glorificador, el Adorado y la Adoración, la Reparación y el Reparado. (4-4-75)

Jesús, en el Cielo, es la Adoración incruenta que, en retornación de amor, responde al Amor Infinito ultrajado por sus criaturas. (16-10-74)

¿Quién podrá romper la Promesa de la Nueva Alianza de Dios con el hombre –prometida a Abraham y a su descendencia para siempre y anunciada por los Santos Profetas– destruyendo a la Iglesia? El que pueda separar a Dios y al hombre, en Cristo; el que pueda conseguir romper al Cristo del Padre, Dios-Hombre. Y como esto no es posible, ahí está el Cristo glorioso e inmortal, con los brazos extendidos para abrazar a la humanidad. (22-1-76)

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