Casi todos hemos tenido la suerte de que nuestra existencia discurra al mismo tiempo que la de algunas personas excepcionales, de las que, aun intuyendo algo especial, nunca pensábamos que veríamos proclamar oficialmente la santidad a lo largo de nuestra vida.

Y así, tenemos delante la figura de dos grandes Papas santos de nuestro tiempo que la Madre Iglesia nos presenta como ejemplo y consuelo.

Dos Papas que han tenido una gran relación con la Madre Trinidad y La Obra de la Iglesia, y a los que ella se dirige, con inmenso cariño, en estas preciosas poesías. Juan XXIII, al que fue enviada la Madre desde el tiempo del Concilio, y Juan Pablo II, que la recibió con amparo paternal y concedió la aprobación pontificia a La Obra de la Iglesia.

Es seguro que ya están en el Cielo, donde también nosotros llegaremos con la gracia de Dios y la ayuda de ellos…

9-5-1959

A mi Santísimo amado Padre

Juan XXIII

En tu corazón de Padre
Dios Padre se derramó
dándote paternidad
de su mismo Corazón.

¡Juan XXIII, Padre amado…!,
en quien el mismo Señor,
por ser tú Cristo en la tierra,
su misma ciencia volcó;
y puso en tu seno entrañas
de su misma caridad,
para irradiar en las almas
su dulcísima bondad.

¡Juan XXIII, Padre amado…!,
que del Supremo Pastor
te ha sido dado el cayado
con que nos lleves a Dios.

¡Juan XXIII, Padre amado…!
Hoy arde en mi corazón
un fuego fuerte y sagrado
que el mismo Dios encendió.
Y este fuego así encendido
es martirio que, en amor,
me impulsa a contarte ¡oh, Padre!,
«lo que mi Dios me mostró!».

Me mostró que en su Regazo
hay un secreto de amor
que los hombres no conocen:
Un Seno que Cristo abrió
para que, entrando, sus hijos
canten con su Verbo: «Dios».

Que Dios quiere ya en su Iglesia
recalentar la misión
que Cristo trajo a la tierra
como regalo de amor,
y, así, todas tus ovejas,
¡Juan XXIII, Padre amado…!,
reflejo de mi Señor,
formen un solo Rebaño
bajo un solo y buen Pastor.

¡Juan XXIII, Padre amado…!,
¿se le negará la gracia
de ser por ti ya escuchado
a este pobre corderillo
de tu divino cercado?

¡Juan XXIII, Padre amado…!,
muero de amor y dolor
mientras llega el día ansiado
del mensaje de mi Dios
poner bajo tu cayado,
mi dulcísimo Pastor…

Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia


 

Poesía preparada por la Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia para la visita del Papa a la Parroquia de Nuestra Señora de Valme, encomendada a La Obra de la Iglesia en Roma, y leída por Don Bartolomé Valbuena, secretario y capellán de la Madre Trinidad, en presencia del Santo Padre al no poderlo hacer la propia Madre Trinidad por encontrarse enferma; y publicada al día siguiente en «L’Osservatore Romano» a petición expresa de la redacción.

15-12-1996

¡¡Viva Juan Pablo II!!

¡¡Viva nuestro Papa Grande!!

En este día de gloria,
de belleza inigualable,
que ha venido a visitarnos
nuestro Santísimo Padre,
quiero exultar con los cantos
del júbilo que me invade
en un: ¡Gloria al Infinito!,
que, en Trinidad inmutable,
se ha dignado en su clemencia,
como don incomparable,
visitar a la Parroquia
de mi Señora de Valme
por el Supremo Pontífice,
que a su Iglesia hoy quiso darle
para que fuera el Pastor
de sublimidad tan grande,
que fuera por todo el mundo
buscando manifestarle.

¡Viva Juan Pablo II…!
Hoy necesito aclamarle
con los hijos de aquel pueblo
que Dios se dignó otorgarme
para ayudar a la Iglesia,
¡tan sólo para ayudarle!,
junto al Papa y los Obispos,
en la misión insondable
que, al fundarla, en su poder
Jesús quiso encomendarle.

¡Cantemos, hijos, unidos!;
hoy el amor nos invade
ante la dulce presencia
del que es nuestro «Papa Grande»
por la potencia infinita
del que quiso rebuscarle
como Supremo Pastor
entre tantos Cardenales
que se hallaban reunidos
en Cónclave y expectantes
por proclamar al Ungido
del que, con celo implacable,
rebuscara al elegido,
para hacerle el Papa Grande
que presentara a la Iglesia
divina y divinizante,
saciando a todos los hombres
en el banquete inefable
para el que Dios nos creara
sólo por glorificarse.

¡Sólo Dios es la llenura!
de nuestra sed insaciable,
que ansía en su resecura
el gozo del Inmutable.
Y hoy La Obra de la Iglesia,
sin saber cómo expresarle
a su Supremo Pastor,
que en la luz de su semblante
porta el signo de la cruz
en sus trabajos constantes,
el amor con que le ama
y su gozo rebosante
por tenerle entre nosotros,
proclama por todas partes:

¡Viva el Ungido de Dios!
¡Viva nuestro Papa Grande!
¡Viva el Supremo Pastor!,
al que, en unión entrañable
nuestra Obra de la Iglesia
su misión quiere ofrendarle.
Canta, Obra de la Iglesia,
canta fuerte con tu Madre,
que exulta al Dios que se goza
en este día tan grande.

Ante el designio divino
los Ángeles adorantes
proclaman en postración:

¡Gloria al Hijo, gloria al Padre
y al Espíritu Infinito,
que trajera al Santo Padre
en visita pastoral
a la Parroquia de Valme,
donde tan sólo se vive
y se trabaja por darle
gloria al Dios tres veces Santo,
y así a la Iglesia ayudarle!

¡Viva el Supremo Pastor!
¡Viva nuestro Papa Grande!,
el que Dios mismo escogió
para a la Iglesia donarle
un Pontífice Supremo
que su mensaje llevase
a todo pueblo y nación,
buscando glorificarle.

Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia