La festividad de Todos los Santos nos mueve a elevar nuestra mirada de la tierra, donde estamos por tiempo limitado, y a poner nuestros ojos en la única realidad sin ocaso: el gran Misterio de Dios.

Puede parecernos a veces que este misterio es difícil, complicado de entender con nuestra mente, porque tratamos de captarlo con nuestros conceptos, en lugar de verlo en su simplicidad infinita. Y, sin embargo, Dios al crearnos nos hizo capaces de vivir y participar como hijos, ya aquí en el destierro, del misterio de unidad que es su vida íntima.

Ayudados de este escrito de la Madre Trinidad, a quien Dios se ha comunicado y la ha enviado para decirlo en la Iglesia, hagamos un esfuerzo por dejar lo de aquí para adentrarnos “Allí”, y unámonos al canto incesante de los Bienaventurados en el Cielo que nos haga buscar en la tierra sólo la gloria de Dios.

 
 

 

«Dios es un misterio de unidad en intercomunicación familiar de vida trinitaria»

 

¡Oh inefable sabiduría del Subsistente Ser! sido, vivido y disfrutado saboreablemente en el recóndito misterio de su arcano insondable;
en una intercomunicación consustancial, tan íntima, deleitable, profunda e interretornativa, que Dios se es el Ser esencial e intrínsecamente vivido en sí, por sí y para sí, ¡hondo…!, ¡dentro…!, […].

Cosa que el Señor, por un beneplácito de su infinita voluntad, hizo ver a mi alma, una vez más, el día 9 de enero de 1967;
introduciéndome en el consustancial y secretísimo misterio de su infinita profundidad, tan sólo para que lo manifestara como miembro vivo y vivificante de la Santa Madre Iglesia, que tiene que mostrar a esta Santa Madre tal cual es, con cuanto, para que lo comunique, el Infinito Ser imprime en lo más profundo e íntimo de la médula de mi espíritu;

invadiéndome con su sabiduría amorosa, para que lo proclame «con ocasión y sin ella» en mi cántico de Iglesia. […].

Por lo que mi alma clama desgarradamente desde lo más profundo de mi espíritu:
¡Ay de mí si no dijera cuanto, para que lo manifieste, me ha sido comunicado! […].

«Yo soy el Alfa y la Omega, el Principio y el Fin», «Padre de las luces en quien no se da mudanza, ni sombra de alteración». «Porque Tú permaneces y Tú eres siempre el mismo. Tú eres eterno».

Lo cual, precisamente por su simplicidad infinita, se hace tan difícil de captar a nuestro complicado entendimiento, acostumbrado a vivir y discurrir en y con el transcurrir del tiempo, para llegar a captar y terminar de comprender y realizar las cosas. […]

Dios es un solo Dios, un solo ser, una sola vida, una sola perfección infinita, una única abarcación sida, poseída, vivida por los Tres en intercomunicación trinitaria y retornativa y en perfección única.

Y la vida de cada una de las divinas Personas es, en su modo personal, para cada una, en gozo infinito de felicidad eterna, y para las otras; y es de cada una y de las otras;
y se la son las unas en las otras para sí y para las otras divinas Personas, por la relación intrínseca de cada una, vivida en sí y en las otras; pudiendo ellas decir en verdad: «Todo lo mío es tuyo y lo tuyo mío»; […]

Por lo cual, el Padre engendra al Hijo en sí mismo, por sí mismo y para sí mismo, en su ser y por su ser, por su persona y en su persona; y en la persona del Hijo, y del Espíritu Santo;
y el Hijo es engendrado y expresa al Padre, por su ser recibido del Padre y por su persona, en la persona del Padre, de Él mismo y del Espíritu Santo;
así como el Espíritu Santo es espirado, como fruto del amor paterno-filial del Padre y del Hijo y por el Padre y por el Hijo rompiendo en beso de amor, en el ser o seno y en la persona del Padre, en el seno y la persona del Hijo, y en su mismo seno y su misma persona.

Ya que un solo seno los Tres son y tienen, cada uno en su modo personal, sido, estándoselo siendo e intercomunicándoselo cada uno en sí mismo y en las otras divinas Personas, para sí mismo y para las otras. […]

¡Qué feliz es Dios, que toda la dicha infinita que se tiene y se es, se la vive para sí en su comunicación eterna…! […]

El Padre tiene al Hijo dentro de sí, porque es en sí y para sí donde Él y para lo que Él pronuncia su Infinita Palabra.

El Hijo surge del seno del Padre –sin salir– porque el pronunciar del Padre es decirse ¡dentro y hacia dentro!, ¡hacia dentro…!;
igual que el amarse del Padre y del Hijo es un abrazo hacia dentro, que se dan los Dos en la comunicación honda del Espíritu Santo. […]

¡Dios es todo hondo, profundo, recóndito y encerrado, lacrado y enlazado, y apretado amorosamente en sí, por sí y para sí! […]

¡Y qué misterio tan profundo el alma penetra en este serse Dios Sabiduría Sabida en Amor en la hondura honda, ¡honda! de su profundidad trascendente, una y trinitaria, sin poderlo abarcar, sin poderlo decir ni poderlo explicar…!

El Padre dice: «Voy a decirme lo que soy en mi amor eterno». Y este decirse lo que es, es engendrar; y este dicho en amor, es espirar al Espíritu Santo por sí y por su Verbo. […]

¡Qué feliz es Dios, que se dice lo que es en el misterio de su vida trinitaria en sí y en cada una de las divinas Personas para gloria y gozo esencial de cada una de ellas…! […]

Y Dios se nos manifiesta por su Unigénito Hijo Jesucristo, uno con el Padre y el Espíritu Santo, para que le conozcamos bajo el amor, el impulso y la intimidad del mismo Espíritu Santo, y podamos entrar en el banquete de su festín eterno;
siendo reencajados por Cristo, con Él y en Él, en los planes eternos de Dios, en los que nos creó para hacernos hijos suyos, herederos de su gloria y partícipes del misterio de la unidad de su vida en el gozo dichosísimo y gloriosísimo de los que están «marcados en sus frentes con el sello de Dios y del Cordero»;
los cuales, siendo reconocidos por Pedro –«Tú eres Pedro y sobre esta Piedra edificaré mi Iglesia. Y a ti te daré las llaves del Reino de los Cielos…»– son introducidos por él en las Bodas eternas, en el gozo dichosísimo; entonando con los Bienaventurados un: «¡Santo, Santo, Santo, Yahvé Sebaot; llenos están los Cielos y la tierra de tu gloria».

«La alabanza y la gloria y la sabiduría y la acción de gracias y el honor y el poder y la fuerza son de nuestro Dios, por los siglos de los siglos. Amén».

 

 
Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia
 
Fragmento del escrito:  “DIOS ES UN MISTERIO DE UNIDAD EN INTERCOMUNICACIÓN FAMILIAR DE VIDA TRINITARIA”. 
 
(Colección “Luz en la noche. El misterio de la fe dado en sabiduría amorosa”  Opús. nº 15)

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