“En la casa de mi Padre hay muchas estancias […] y me voy a prepararos sitio. Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros”.

Dulce promesa de Jesús, esperanzadora, gozosa… que constituye nuestro horizonte y nuestra meta. Con Él tenemos acceso al Seno del Padre. ¡Y para siempre!, sin miedo a perderle, con el gozo de las promesas cumplidas.

Ya “algo” tuyo y mío pertenece a la Gloria de Dios y a la Eternidad, y como un imán nos atrae irresistiblemente hacia la plenitud de nuestra existencia: ¡Con Dios para siempre!¡Qué paz! ¡Qué gozo! ¡Qué descanso…!

 

 

        ¡Eternidad, Eternidad…! Donde no habrá más esperas ni torturas de muerte, donde el día será eterno y sin fin, en la compañía íntima y familiar de nuestro Padre Dios… (14-1-67)

         Un día iremos a la Eternidad para siempre… ¡Qué dulce esperanza! ¡Para siempre…, cara a cara con Dios en la llenura del amor puro! ¡Sueño de amor en repletura de conquista…!
(8-1-75)

         La Eternidad, para el alma que ama y de verdad busca a Dios, es la saciedad de su amor en posesión completa de su Amado. (11-5-61)

        Cuando aparezca Dios en su luz infinita y te diga: Iglesia, ven a Mí, entonces, como el que despierta de una dura pesadilla, podrás decir: «¡Estoy en la Eternidad, y esto es para siempre!» (14-1-67)

        Amor, en el día dichoso y feliz del eterno amanecer en luz gloriosa, ¡qué abrazo tan íntimo el que nos vamos a dar!
(28-6-61)

        Si el encuentro con Dios en el destierro llena el alma hasta la médula del ser, ¿qué será el total y definitivo encuentro en la eterna luz del claro día? (24-7-70)

         Cuando se acabe la noche y amanezca el día eterno, entonces podremos decir: ¡No soñamos, estamos en la Eternidad! (14-1-67)

         La Eternidad es el encuentro feliz con las divinas Personas en su comunicación trinitaria. (31-1-67)

         En la Eternidad, para vivir de Dios, estamos fuera del tiempo, vivimos de otra manera distinta y distante de aquí, en el eterno amanecer del Sol sin sombras, en el Principio sin principio. En… ¡Dios para siempre, para siempre! (17-4-67)

         La Eternidad es el día interminable de oración sabrosa, vivida en la compañía de la Familia Divina en plena luz.
(31-1-67)

Pensamientos de la Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia,

tomados del Libro “Frutos de oración”