“¿Por qué la Madre Trinidad ama tanto a las personas consagradas?”, preguntó con agradable sorpresa una religiosa, al ver su amor encendido hacia todos aquellos que viven para “sólo Dios”, vocación que es capaz de llenar totalmente las aspiraciones y los deseos más exigentes del alma.

¡Porque son almas esposas de Cristo, a quienes la Madre Trinidad ama con locura y frenesí!, fue la respuesta. Y para demostrar este amor de predilección ha preparado un opúsculo especial, en el cual recoge dos breves temas que quieren ser un homenaje a los que viven consagrados a Dios totalmente. Lo saborearemos a lo largo de este “Año de la vida consagrada”, que el Santo Padre ha proclamado y que empezará con el Adviento, el próximo domingo.

Viva todo el pueblo consagrado la gran alegría de ser un Pueblo feliz, fecundo, que refleja a Cristo de un modo eminente y que hace brillar con su vida y su palabra la belleza de la Iglesia.

 

 

«Deja lo que no es, para empezar a poseer de verdad»

 

         ¿Quiénes son los que van más seguros por el camino del Reino de los Cielos? Los que no buscan más que a Dios y, al llegar a su término, todo cuanto tenían lo han dejado para encontrarse con Él. Por eso, el que nada tiene, anda más ágil y, en su término, nada tiene que dejar, sólo poseer. (14-9-74)

         El que, en la tierra, lo tiene todo, a todo tiene que renunciar para encontrar a Dios; por eso, el pobre, que no tiene nada, en la llenura del Infinito Ser, lo encuentra todo. (14-9-74)

         Dios se inclina al pobre y desvalido, porque, en la pobreza de nada tener, está el camino seguro y recto de la posesión del Infinito. (14-9-74)

         El que, teniendo todas las cosas de la tierra, se cree en la llenura de su posesión, es el más pobre, porque no tiene cabida para el Infinito Ser, que es la única riqueza que puede saturar las apetencias de nuestro corazón. (14-9-74)

         Si tengo a Dios, lo tengo todo en el todo de su posesión, en la llenura de su vida, en la plenitud de su felicidad, en la riqueza de cuanto es. Y, cuando a Él le pierdo, me encuentro con mis apetencias resecas, en el vacío de cuanto contienen las criaturas. (14-9-74)

         Dios es mi todo; por eso, cuando tengo algo fuera de Él, en ese algo, estoy en el vacío del único Bien. (16-7-71)

         Fuera de Dios, no tengo ningún deseo; y esto no es por vacío de mi ser, sino por la llenura de la voluntad divina que me repleta y me hace tener todo en ella, no necesitando nada, por la repletura de mis apetencias que sólo buscan el saboreo de la voluntad de Dios cumplida. (4-7-69)

         Cuando no quise nada de aquí abajo y busqué la riqueza infinita de lo alto, me encontré con todo en el todo de Dios; y, en su posesión, sacié mis apetencias torturantes de felicidad, de riqueza y de llenura que el Infinito Ser había plasmado en mí, solamente para poseerle. (14-9-74)

         Dios nació en un pesebre, sin nada, siendo el Todo infinito. Murió en la cruz, sin nada, redimiéndonos con el poder de su amor eterno. Así quiso manifestarnos palpablemente que, en el vacío de todo cuanto aquí existe, se encuentra la llenura de la posesión de Dios. (14-9-74)

         Allí, en el todo de Dios, todo lo tendremos sin nada apetecer. (10-8-75)

 

Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia

 

Tomados del libro: “FRUTOS DE ORACIÓN”