¡Dios…! […] ¡Mi Dios adorable, deleitable…!

¡Oh Ser infinitamente simplicísimo y delicado…! ¡Oh Ser tranquilo, de finura indecible, de suavidad inexplicable, de silencio majestuoso…! ¡Qué gozo que yo te pueda amar, por participación, con el mismo Espíritu Santo como Tú te mereces! […]

153¡Y qué alegría tiene el Verbo, al ver que Él es todo el ser del Padre! ¡Y qué descanso tiene el Verbo al ver que Él lo canta en infinitud simplicísima! […]

¡Ay, Amor infinito, mi Espíritu Santo, descanso del Padre y del Verbo, Amor paterno-filial que surges en espiración amorosa en Beso infinito de entre ambos! […]

Y en esa Mirada de paz en la que ves a tu Verbo y al Espíritu Santo, engendras a ese mismo Hijo que Tú contemplas y que es el fruto de tu contemplación… ¡Oh misterio de amor, yo te adoro…! […]

¡Oh, Padre, qué feliz Tú te eres en tu descanso eterno, en tu contemplación infinita, en tu Canción expresiva…! Ya tienes, Padre, un Hijo que, por bueno, no tiene otra cosa que hacer que ser tu descanso. […]

Tú, ¡oh Verbo infinito!, dices en tu sola Palabra todo el indecible ser de Dios, y lo dices tan infinitamente, que no queda lugar a nadie para decirlo, y nadie puede expresarlo y decirlo sino en ti y por ti. ¡No queda lugar a otra palabra que pueda expresar adecuadamente a Dios, ni en el Cielo ni en la tierra, fuera del Verbo! […]

No ha quedado nadie que pueda cantar fuera del Verbo. Por eso todas las cosas cantan en el Verbo y tienen su razón de ser en Él: “En el Verbo fueron hechas –y dichas– todas las cosas”. […]

El Espíritu Santo es el Amor que envuelve, como en un descanso de paz, en sus infinitas llamas refrigerantes, todo el ser de Dios y es el Amor del Padre, del Hijo y de Él mismo. […]

Y vino el Descanso del Padre, la Palabra infinita en la cual descansan el Padre y el Espíritu Santo, a traernos el descanso que habíamos perdido por el pecado. […]Virgenynino

Y el Verbo se hace una nueva creación, un paraíso que fuera su descanso en la tierra, y es María. María es el descanso del Descanso de Dios. ¡Oh, María, Puerta del Cielo, por donde sale el Verbo para venir a la tierra y por donde los hombres tienen que entrar para ir a Dios…! […]

¡Ya tiene el Verbo Encarnado un descanso en María…! Y no sólo un descanso, sino un consuelo para su alma lacerada por el desamor de los hombres: “Vino a los suyos y los suyos no le recibieron”. Y esta frase de la Sagrada Escritura, clavándose como realidad viviente en el alma de Cristo, la ha taladrado tan hondamente, que ya Él necesita un consuelo para su alma dolorida, y ese consuelo es María. Y María es el descanso y el consuelo de Dios. […]

Y el Verbo, descanso del Padre, que siempre está descansando “en el seno del Padre”, viene a la tierra y, desde el primer instante de su ser, se encuentra con la incomprensión, ingratitud y desprecio de aquellos mismos a los que Él había venido a cantarles y a traerles su descanso, dándoles su amor. […]

Y derramándose en el Espíritu Santo en amor a nosotros, clamando con gemidos inenarrables por ese mismo Espíritu Santo que nos amó en Él hasta el fin, dice: “Con un bautismo de sangre tengo que ser bautizado, ¡y cómo traigo en prensa mi corazón hasta que no lo vea cumplido!”.

Dios-mio-SIN-2-RAYAY se realiza, y derrama toda su sangre. Y después de habernos cantado durante treinta y tres años su amor y de habernos traído su paz, sigue clamando: “Busqué quien me consolara ¡y no lo hallé!”.

¡Qué misterio…! Cristo mío, ¿es que no hay consuelo para ti? ¿Y tantas almas que te siguen?: “Busqué quien me consolara ¡y no lo hallé!”.

Cuando buscas a quien consolar, siempre lo hallas. Todas las almas están dispuestas a que las consueles, y entonces todas se entregan, todas se dan, todas se olvidan de sí, todas se enamoran. Pero, cuando Tú clamas buscando consuelo y, dejándolas en abandono para que te consuelen, buscas quien te consuele, no lo hallas. […]

Qué poco penetramos el dolor profundo de Jesús. ¡Verse abandonado de todos e incluso de su mismo Padre…! No conocemos a Cristo ni hemos penetrado en su misión ni en su dolor. […]

Si queremos vivir nuestra realidad de cristianos, tenemos que abrazarnos a la cruz, extender los brazos en ella y ser abandonados de todos y hasta del mismo Padre, despreciados aparentemente con Cristo y olvidados. […]

¡Ay!, nosotros, que tantas veces hemos pecado, nos asustamos porque sufrimos en nuestra carne y en nuestra alma la purificación de nuestras culpas. […]

Para seguir a Cristo, la condición indispensable es tomar tu cruz y negarte a ti mismo. […]Jesus-con-la-cruz-a-cuestas

¡Ay, sacerdote de Cristo, infecundo por tu vida de tibieza!, ¿no tiemblas ante los millones de almas que hay en pecado mortal? ¿No te decides a ser apóstol por tu vida de inmolación, de sacrificio y asimilación de Cristo? ¡Que la vida es corta, que el término se acerca, que el premio es grande, el castigo terrible, que las almas no conocen y no aman a Dios, que “los hijos de las tinieblas son más sagaces que los hijos de la Luz”! Y mientras las ovejas del rebaño del Buen Pastor se van a otros apriscos, sacerdote de Cristo, ¿en qué te ocupas? ¡Ay, sacerdote de Cristo, qué espanto si no eres santo y te pasas la vida en la tibieza…! […]

Alma-Iglesia, ¿de dónde a ti y de dónde a mí el haber sido llamados para cantar las riquezas infinitas que en nuestra Iglesia se encierran? ¿De dónde a nosotros, ungidos, predestinados, llamados, escogidos…? ¡para que sigamos defraudando el corazón de Dios…! […]

Las almas se pierden porque no se conoce a Dios. ¡Que el corazón de Dios ha sido defraudado por los hombres, que Cristo sigue desconocido, que su mensaje está depositado en el seno de la Iglesia, y, después de veinte siglos, sigue enterrado…! Han pasado veinte siglos y el Cristo sigue clamando con su alma desgarrada por el dolor, su voz entrecortada por el llanto, sus ojos vidriosos por las lágrimas: ¡Padre, ni te conocen a ti ni me conocen a mí…!, y por eso, “busqué quien me consolara y no lo hallé”. […]

Cantemos, en el seno de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, a la Unidad en la Trinidad de Personas para que los hijos de Dios encuentren su descanso, su reposo y su solaz en ser descanso para el mismo Dios y descansar en su seno de Padre.

 
Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia
 
Fragmento del escrito “EL QUE ES EL DESCANSO ETERNO SE QUEJA: “BUSQUÉ QUIEN ME CONSOLARA Y NO LO HALLÉ””, tomado del libro “La Iglesia y su Misterio”

 

Nota.- Para descargar el tema completo pulsar aquí: “El que es desanso eterno”.pdf

 

 

  Jesus_orando

Todo lo que Dios dispone, es bueno; el no verlo yo igual es mi cruz. No fue así en Cristo, que quiso sólo el deseo del Padre y cuya cruz se la hice yo con mis pecados. (21-3-67)

La cruz está en abrazarme a eso que no entiendo, que no veo…, por amor al que, para cumplir la voluntad del Padre, se entregó por nosotros. (11-10-63)

La mayor cruz está en perder a Dios en el desamparo de la noche. El Señor, cuando quiere hacer corredentora a un alma, la hace exclamar: «¡Dios mío, por qué me has desamparado!». (6-4-77)

Dios no te ama menos cuando se oculta, sino que quiere pedirte tu don en obras y en pureza de amor, la cual está en buscarle a Él por Él y no por sus gustos. (12-4-67)

El Señor no nos prueba para hacernos sufrir, sino para hermosearnos y así llevarnos más a Él. (6-3-67)

El que, a pesar de estar en la cruz, sigue a Dios de cerca, llegará al término seguro del amor. (6-3-67)