La virginidad nunca ha dejado indiferentes a las personas. O la admiran pensando que es un bien deseable o se ríen de ella porque la creen inalcanzable. Es lo mismo que pasa con Dios, o se está con Él o se está en contra.

La virginidad tiene su fundamento teológico en el mismo misterio de Dios. La primera parte de este escrito es la demostración contundente de que Dios y la Virginidad, la Santidad y la Misericordia, que se derrama sobre la miseria sin mancharse, coinciden. Felices aquellos “que teniendo oídos, oyen”, entienden y se entregan, siguiendo al Cordero dondequiera que vaya, siendo vírgenes.

 

 

12-8-1973

«Dios es la infinita Virginidad»

 

Dios, por perfección de su misma naturaleza, se es el Ser infinita y eternamente separado de todo lo que no es su Divinidad, en adhesión perfecta y acabada a sí mismo, en sí mismo, por sí mismo y para sí mismo; ya que entre la criatura y el Creador existe distancia infinita de ser.

Adhesión en Santidad coeterna de trascendente Virginidad infinita que, en Dios, es romper en una fecundidad tan sobreabundante de ser y tan pletórica de vida, que le hace ser Padre de exuberante fecundidad por la adhesión amorosa que a sí mismo se tiene en su acto de vida.

Dios es la eterna Virginidad, separada infinitamente de todo lo que no es Él; ya que, lo que le hace romper en fecundidad engendrando, no es la unión de Él con ninguna cosa fuera de sí, sino la adhesión que en sí y a sí mismo se tiene en el apartamiento amoroso consustancial, recóndito y velado de su serse el Increado. […]

¡Oh Sancta Sanctórum de la Eterna Sabiduría, que escondes a la Virginidad Infinita, infinitamente distante y distinta de todo lo creado, en el ocultamiento dichosísimo de su serse Fecundidad, irrumpiendo en un engendrar luminosísimo de explicativa, recóndita y retornativa Palabra…!

Dios es la eterna y exuberante Perfección, y, por lo tanto, lo único capaz de llenar las exigencias infinitas de perfección en posesión que Él es y tiene en sí; siendo su adhesión a sí mismo un acto de vida pletórico de infinita perfección y a su infinita perfección.

En la medida que Dios está adherido a sí en su acto de Virginidad eterna, en esa misma medida es fecundo, y por eso, infinitamente fecundo; tanto, que el fruto de su fecundidad es todo cuanto Él es, en Expresión, en un Hijo que dice, en Cántico de amor eterno y de retornación hacia el Padre, toda la plenitud inexhausta de la Subsistente Sabiduría.

Y así como, por la adhesión infinita que el Padre se tiene a sí mismo, por perfección de su misma naturaleza, «entre esplendores de santidad» rompe engendrando al Verbo; en ese mismo instante sin tiempo en que es engendrado el Verbo, Éste es, por el ser recibido del Padre, un acto de adhesión infinita al mismo Padre.

Siendo la unión en adhesión de donaciones y retornaciones amorosas que las dos divinas Personas se tienen entre sí tan mutua, tan apretada, tan perfecta y de tan pletórica Virginidad, ¡tanto, tanto…!, que, en un abrazo de Virginidad paterno-filial, rompen en un amor tan perfecto y consustancial, tan eterno e infinito, tan mutuo e intercomunicativo, ¡tan para sí, tan para sí…! en la adhesión mutua de su intercomunicación paterno-filial, que este Amor es la Persona infinita del Espíritu Santo; el cual, en la adhesión perfecta de su realidad personal, es el descanso amoroso y terminado que el Padre y el Hijo se tienen, al amarse, en adhesión de abrazo paterno-filial de infinito amor.

Siendo el Padre todo en sí y para sí, y para el Verbo; y el Verbo, todo en sí, recibido del Padre, para sí y para el Padre. Y los dos –el Padre de por sí y el Verbo por el ser recibido del Padre–, en el abrazo consustancial de su donación y retornación, son para el Espíritu Santo; y el Espíritu Santo es, por el Padre y por el Hijo, para sí mismo, y para el Padre y para el Hijo, adhesión de amor eterno en retornaciones amorosas.

Por lo que las tres divinas Personas son cada una tan para sí como para las otras, estando unas en las otras. Y en la intercomunicación de las tres Personas, Dios vive, en el apartamiento de su ser infinitamente distinto y distante de todo lo que no es Él, en un acto trinitario y comunicativo de Virginidad eterna.

Porque todo cuanto Dios se es, vive y tiene, lo es, esencial y sustancialmente, sólo en sí, por sí y para sí, en adhesión perfecta, abarcada y terminada, en separación infinita de todo lo creado, en su acto trinitario de pletórica y consustancial Virginidad.

Dios sólo a sí mismo está adherido en la separación infinitamente distante de todo lo que no es Él; por lo que la vida de Dios, en la perfección de su intercomunicación, es un solo acto de Virginidad eterna en perfección terminada.

La virginidad perfecta es la adhesión al Sumo Bien, y la separación completa y absoluta de todo lo que no es Él. Por eso, cuando la criatura descubre la luz luminosa de la Eterna Sabiduría, subyugada por ella, deja todo lo que es creación para lanzarse irresistiblemente en la búsqueda incansable de ¡sólo Dios! […]

¡Oh Virginidad, Virginidad desconocida!, porque desconocido es el Sumo Bien en cuanto es, y desconocido, por lo tanto, cuanto somos capaces de ser nosotros en la participación de su llenura…

Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia
Fragmento del escrito: “DIOS ES LA INFINITA VIRGINIDAD”
(Colección “Luz en la noche. El misterio de la fe dado en sabiduría amorosa” Opús. nº 10)

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