La gran oración sacerdotal de Jesús en la Última Cena está toda ella centrada en la unidad de Él mismo con el Padre y de todos con Él. Cuando Cristo rezaba intensamente, pensaba también en nuestro tiempo, en nosotros, con necesidad ardiente de que se nos haga cercano el misterio de su intercomunicación familiar de vida trinitaria.

Hasta que no comprendamos que “el seno de Dios está abierto” y que Él está esperando para poder comunicarnos su vida infinita, nuestra existencia no llenará los amorosos designios de la Familia Divina sobre nosotros.

“Dios es misterio de unidad
en intercomunicación familiar de vida Trinitaria”

 

Qué feliz es Dios, que vive su vida en sí, por sí y para sí, en la intercomunicación hogareña de su Familia Divina, en su innecesidad infinita y eterna de que nadie le dé, ni le aumente ni le pueda quitar ni disminuir su gloria coeterna y esencial, vivida en sí y para sí, infinitamente distinta y distante de todo lo creado…!; siendo el Inaccesible, el Inmutable, Inconmovible e Intocable:
«Yo soy el que soy. Éste es mi nombre para siempre y mi memorial de generación en generación» (Ex 3, 14-15). […]

Dios es un misterio de unidad tan una, en sí, por sí y para sí, en subsistencia infinita de suficiencia eterna; que, a pesar de ser tres divinas Personas, es tan uno en su subsistente Divinidad, que las tres divinas Personas son un solo ser, una sola vida, que cada una se la es y se la vive en su modo personal. […]

Porque el Padre engendra al Hijo, que tiene en su seno, al «Hijo Unigénito que está en el seno del Padre» (Jn 1, 18), engendrándolo y engendrado, en el mismo seno del Hijo; ya que un mismo seno, una misma vida y un solo ser son y tienen los Tres, sido y vivido en el modo personal de cada uno.

Por lo que el Hijo, dentro de sí es engendrado por el mismo Padre; y los Dos, cada uno en sí y en el otro por su ser y por sus personas –las cuales están unas en las otras–, espiran al Espíritu Santo; el cual es el Abrazo consustancial del Padre y del Hijo, en amor paterno-filial rompiendo en beso retornativo de intercomunicación trinitaria.

Estando siempre realizada en eternidad sin tiempo toda esta vida trinitaria, por las divinas Personas y en cada una de las divinas Personas, en un misterio de unidad tan una como de intercomunicación trinitaria, en el recóndito y velado secreto de su unidad de ser; tan exuberante en su riqueza, como simplicísimo en la sencillez coeterna del Ser divino, abarcado y vivido por Él sin principio, sin tiempo y sin ocaso, en un solo, coeterno y simultáneo acto de vida. […]

¡Dios es un misterio de unidad vivido en sí, por sí y para sí!

Misterio del que Es que, por la simplicidad de su ser, sólo es sabido, en un trasunto de sabiduría amorosa, por el alma que, introducida en su Cámara nupcial y ahondada en el recóndito arcano de la unidad del Ser, saborea, en paladeo disfrutativo y gloriosísimo, la simplicidad coeterna del que Es, sido en sí, por sí y para sí, en su acto inmutable de vida, de Divinidad subsistente, infinitamente distinto y distante de todo lo que no es Él. […]

Dame, Señor, saberte saber, para poderte saber decir de alguna manera con los modos humanos de la pobre y raquítica limitación de mi expresar creado; para que, trascendiendo de las cosas de acá, podamos saber y gustar, en nuestro limitado entender, algo de cuán bueno y deleitable es Dios para los que le aman, en el insondable misterio de su ser, que «a vida eterna sabe y toda deuda paga» . […]

¡Oh mi Dios, trino en Personas, suficientísimo Ser, que, en subsistencia coeterna, sabes cuanto puedes ser por tu infinita potencia de divinal entender, en unidad coeterna siempre reventando en Tres…!

Yo sabiendo, sin saber, tu sabiduría eterna, entiendo, sin entender –en mi pobreza entendiendo– por mi limitado ser, quedándome trascendiendo, esta ciencia siempre nueva de tu divino entender.

¡Yo necesito abismarme en tu inagotable ser, en tu Saberte Sabiendo de divinal entender; para decir, no sabiendo, en tu Expresivo Saber, este saber, no entendiendo, que, en tu saber, yo me sé!

Saber de sabor eterno, que, en mi pobre comprender, dejándome trascendiendo, yo en Ti lo sé, sin saber. […]

Y todo esto que, por la limitación de la mente humana parece tan complicado a nuestra pobre y limitada captación, no sólo por no saberlo, sino por no saberlo manifestar, es en un solo acto infinitamente simplicísimo y sencillísimo de abarcación coeterna e infinita, sin principio, sin sucesión de tiempo y sin fin, por la excelsitud excelsa del Infinito Ser en intercomunicación trinitaria de Familia Divina en ese solo acto de ser vital; que, por no haber en Dios ni antes ni después, es sido y consumado en su subsistente y divino instante de eternidad; y que, por la sencillez de su simplicidad, no cabe en la mente de la criatura, sometida al tiempo, la distancia, la complicación y el lugar. […]

Por lo que Dios es el único Dios, que es tan Ser, tan infinitamente trascendente y tan eternamente translimitado para la criatura, que ésta no sólo no lo puede barruntar, sino, aún menos, explicar; pero que se queda con un saboreo de eternidad, de dulzura y de gozo, que le hace gustar, en paladeo amoroso, a qué sabe Dios.

Por eso, el que quiera saber del Infinito, que deje las cosas de acá y se entregue a una vida de profunda humildad; que busque la verdad que sólo está en Dios, y sabrá –de saborear–, sin saber, a qué sabe El que se Es.

 
Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia
 
Fragmento del escrito:  “DIOS ES UN MISTERIO DE UNIDAD EN INTERCOMUNICACIÓN FAMILIAR DE VIDA TRINITARIA”. 
 
(Colección “Luz en la noche. El misterio de la fe dado en sabiduría amorosa”  Opús. nº 15)

 Nota.- Para descargar el tema completo pulsar aquí.

Fragmento del vídeo de la Madre Trinidad titulado “Dios nos ha creado solamente para Él y Fiesta”, que fue grabado el 10 de junio de 1990 (pulse la tecla PLAY):

 

El Padre es todo el ser, y tan fecundamente se lo es que, en un gozo de júbilo infinito y fecundo, al contemplarse, engendra; y se canta una canción tan infinita de ser, que esa canción es su Verbo. Y Dios se ama tan infinitamente en su Contemplación y en su Canción, que surge un amor perfecto y personal de ambos, que es el Espíritu Santo. El Padre se canta en su Verbo y se ama en su Espíritu Santo. (21-6-59)
Dios obra como vive y como es, pues, por perfección de su gran realidad, Él vive lo que es, es lo que vive, y actúa como vive y es. Y como es tres divinas Personas en un solo ser, así actúa como Trinidad unicísima, y lo que vive dentro se manifiesta al actuar hacia fuera; y así, por la Iglesia, se nos muestra la multiforme sabiduría de Dios oculta en Él desde siempre. (9-1-65)
En la profundidad del seno de mi Familia Divina, hundida en su silencio, desde mi bajeza, trascendiendo, amo lo que comprendo y adoro lo que me queda por conocer.
(18-12-60)