La nostalgia por la Eternidad es ley de vida del cristiano hasta que llegue a la posesión plena de Dios en el Cielo. En este escrito la fluidez, la profundidad y la familiaridad con la vida trinitaria se hace contagiosa y apetecible.

Como llevados de la mano por medio de estos textos, el Señor nos introduce en la trascendencia de sus misterios, y cuanto más se pierde pie allí dentro, tanto más aumenta la seguridad de encontrarnos en la hermosura y fecundidad del Ser de Dios. De ahí a desear la Eternidad con sed ardiente hay sólo un paso; y así, se nos narra cómo es “El amor puro en el cielo”, dando vida y calor a ese “creo en la vida eterna” que recitamos cada domingo.

 

“En necesidad urgente
de gloriarme en que Tú seas tan feliz”

Qué feliz es Dios…! ¡Qué Ser tan dichoso…! ¡Qué alegría tan infinita la de mi Señor…! Todo Él es contento, en tal infinitud, plenitud y fecundidad de ser contento y dichoso, que Tres se es. […]

¡Qué feliz es Dios!, ¡qué irradiación de gozo tan infinita y eterna la de su ser!, que todos los bienaventurados, en el momento de contemplarle a Él, quedarán olvidados de sí, en adoración profunda de amor rendido, entonando un Santo eterno de agradecimiento glorioso al Ser que, de tanto ser feliz, se es Tres.

De tal manera se es Dios feliz que, por sérselo Él, todos lo seremos, teniendo nuestro gozo esencialísimo y nuestro amor puro en gozarnos de verle a Él tan contento, tan feliz y tan ser. Por eso el alma, en el momento de entrar en la Eternidad, queda, según su capacidad, hecha un acto de amor puro. Ya que la felicidad del Infinito ha excedido y rebasado tan infinitamente la necesidad que ella tiene de ser feliz, que esa misma felicidad del Infinito, dejándola olvidada de sí, la pone en este acto de amor puro que consiste en gozarse y alegrarse en que Dios sea tan ser, tan dichoso y tan infinito; siendo toda ella un himno de gloria que le dice:

Amor, me has robado de tal forma, que mi alegría más grande es saber que Tú eres tan feliz, y darte gracias por ello.

Y como consecuencia de esta primera gloria esencial y purísima que el alma tiene de gozarse en que Dios sea Dios, viene esta otra, al verse ella, en ese mismo instante, hecha Dios por participación, hundiéndose con las divinas pupilas en la contemplación del Infinito, y rompiendo en una participación eterna del Verbo, siendo toda ella Verbo que le dice a Dios, según su capacidad, lo que Él es, y amando a Dios como lo necesita, por participación en el Espíritu Santo.

Llena de contento, se goza el alma en que ella es Dios por participación, y porque ella proporciona a todos los bienaventurados el gozo de verla tan Dios y tan feliz; teniendo como gloria esencialísima la alegría de gozarse en Dios, en que Él es tan feliz y dichoso, y su segunda gloria, esencial también, en participar de Dios, ya que se goza, no tanto en que ella le participe, sino en el contento accidental de Dios al darse a participar por su criatura.

De tal forma hace Dios al alma ser Él por transformación, que ella es también el gozo de todos los bienaventurados. Y como cada uno de ellos participa así de Dios y goza así de Él, resulta que, siendo Dios todo en todos, sólo hay un grito en el Cielo: gozarse en Dios, en que Él se es tan feliz en sí mismo, y en que Él es tan feliz al hacer dichosos a todos los bienaventurados.

Siendo Dios todo en todos, y siendo todos Dios por participación, no habrá en el Cielo más que Dios, porque todos nos amaremos unos a otros y nos gozaremos unos de otros, al ver en cada uno a Dios y cómo cada uno le ama y está en el grado máximo de amor puro, amándole según su capacidad.

Ya comprendo, Amor, por qué en el Cielo todos nos amaremos tanto. Porque yo veré allí que todos tienen su alegría esencial en verte a ti tan dichoso; y, como todos están en ese grado máximo de amor que consiste en gozarse al verte a ti tan feliz, mi alma será también una acción de gracias a todas las almas porque te aman así.

Yo te daré gracias eternamente de que Tú seas tan dichoso, y te daré gracias eternamente, oh Amor, porque todos los seres que de ti participen tengan su mayor contento, estando en el grado máximo según su capacidad, en darte gracias de que Tú seas tan feliz, tan Ser, tan Dios, tan Uno y tan Tres, pues yo no tengo más contento que el de verte a ti tan contento, el de saberte tan feliz, el de contemplarte tan eterno.

 
Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia
 
Fragmento del escrito “El amor puro en el Cielo”. 
Colección “Luz en la noche. El misterio de la fe dado en sabiduría amorosa”  Opusc. 7

 

Nota.- Para descargar el tema completo pulsar aquí: “El amor puro en el Cielo”.

Fragmento del vídeo de la Madre Trinidad titulado “AMOR PURO EN LA TIERRA”, que fue grabado el 9 de agosto de 1992 (pulse la tecla PLAY):

 

El gozo esencialísimo de la Eternidad no será gozar yo de Dios, sino gozarme en que Dios sea lo que es en sí, por sí y para sí, sin necesitar de mí para ser lo que es. (14-8-74)

¡Gocémonos, porque nada ni nadie podrá quitar a Dios ni un ápice de la gloria que Él se es y se tiene de por sí en el acompañamiento infinito de su serse Familia! Gocémonos y descansemos en esto; todas las demás cosas no son. (20-9-74)

Dios es Dios por ser Dios, porque Él es lo que es por sí mismo y para sí mismo; y esto que puede parecer una cosa tan fría, es el gozo eterno de los bienaventurados y la alegría más repleta de mi alma. (30-1-59)