Todos los atributos en Dios son intrínsecamente glorificación subsistente, sida para sí en gozo consustancial de divinidad; todos excepto la misericordia, que es el gran atributo del amor compasivo que se nos da a través del Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.

Toda la vida del cristiano está alimentada por la misericordia de Dios, infinitamente bueno. Cristo es la misericordia infinita encarnada, María es la madre de las divinas misericordias y la Santa Iglesia es un misterio de misericordia divina.

 

“La misericordia es el atributo divino más consolador
y lleno de esperanza”

 

El día 13 de mayo de 2001, día de la Virgen de Fátima, cobijada en el regazo de su Maternidad divina, bajo la luz penetrante de la Infinita Sabiduría; en una ráfaga luminosa, aguda y centelleante, durante el Santo Sacrificio de la Misa, sumergida en la profundidad del misterio consustancial y trascendente de Dios; poco a poco y paulatinamente, mi espíritu se iba sintiendo ahondado en esa misma Sabiduría, en una trascendente y profundísima intuición sobre los infinitos atributos y perfecciones que Dios se es en sí, por sí y para sí, en su acto inmutable de vida trinitaria, en subsistencia eterna, sida y poseída en gozo esencial de disfrute gloriosísimo y dichosísimo de Eternidad.

[…] Comprendiendo, bajo las lumbreras candentes de los soles del pensamiento divino y el arrullo de la brisa penetrativamente sabrosísima y sapiental del Espíritu Santo, que todos los atributos que Dios se es en gozo esencial de disfrute dichosísimo y gloriosísimo por su subsistencia infinita, razón de ser de su misma Divinidad, Él se los es en sí, por sí, y para sí mismo.

Siendo la misericordia como un nuevo atributo, distinto y distante, que Dios había sacado de la excelsitud excelsa del poderío de su potencia infinita en derramamiento compasivo de amor y ternura sobre la miseria de la humanidad caída y como destruida; aunque no sea atributo intrínsecamente en gozo esencial para Dios, por ser relación de su Bondad con la criatura, como consecuencia de la destrucción por el hombre de los planes eternos sobre él mismo y la creación inanimada, y ante la situación de miseria en que se encontraba al rebelarse contra su Creador. […]

Y, conforme iba ahondándome…, ahondándome… en el misterio de la razón de ser y de la pletórica perfección de la Divinidad, comprendía, de una manera agudísima, que todos sus infinitos atributos en sus infinitas gamas que rompen como en infinitos tecleares de melódicas armonías de infinitos atributos por infinitudes infinitas de atributos y perfecciones, Dios se los estaba siendo, teniéndoselos siempre sidos, en su acto inmutable de vida trinitaria, en sí, por sí y para sí, en gozo esencial y consustancial de intercomunicación divina;

y que la misericordia, que es sida por Dios en sí y por sí, pero que no puede serla para sí en gozo de disfrute esencial de Eternidad por la perfección intrínseca de su naturaleza divina; ya que es y dice relación a la miseria de la criatura, que en Dios no cabe; era el derramamiento del poderío excelente de la excelencia de Dios, que, inclinándose en compasión redentora, mira a la humanidad caída, destruida y empecatada por su rebelión contra el Creador, para la restauración de esa misma humanidad, reconciliándola con Él y reencajándola en sus planes eternos. […]

Comprendiendo de una manera profunda y disfrutativa, penetrada por el conocimiento de la subsistente excelencia de Dios que inundaba mi espíritu, que, así como los atributos en Dios son sidos por Él en sí, por sí y para sí, en subsistencia infinita de Divinidad y en gloria esencial de sí mismo;

el atributo del amor de Dios, lleno de bondad, derramándose en compasión de misericordia sobre la debilidad de nuestra miseria, aunque es sido en Dios y por Dios, no es con relación al mismo Dios en gozo esencial, sino en inclinación compasiva de su amor desbordante de ternura hacia la debilidad, cargada de miseria, de la humanidad caída, como consecuencia del pecado de nuestros Primeros Padres;
y por lo tanto, es distinto de los demás, en cuanto a la glorificación infinita que le produce la infinitud de sus infinitos atributos, sidos intrínsecamente en sí, por sí y para sí.

Ya que, si el hombre no hubiera pecado, Dios no hubiera sacado de su potencia divina la posibilidad de hacerse hombre para podernos redimir; llegando, en la manifestación del esplendor de su gloria, como en un delirio de amor misericordioso hacia nuestra debilidad, a morir en crucifixión cruenta, derramándose en amor y misericordia, lleno de compasión y ternura, sobre la humanidad.

Por lo que, aunque la misericordia no sea un atributo intrínsecamente esencial en Dios, en glorificación consustancial e infinita de sí mismo; es el que hace posible el misterio trascendente, desbordante, majestuoso y esplendoroso de la Encarnación.

De forma que, para el pensamiento del hombre que no conoce bien la profundidad profunda del arcano divino e insondable del Infinito Ser, la misericordia es el atributo más grande de los atributos divinos; y el más consolador, más tierno y lleno de esperanza, porque, ¿qué hubiera sido de nosotros si Cristo, la Misericordia Encarnada, no nos hubiera redimido? […]

 
Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia
 
Fragmento del escrito:  “DIOS ES EL QUE SE ES, TENIENDO EN SÍ, POR SÍ Y PARA SÍ SU MISMA RAZÓN DE SER, EN UN ACTO INMUTABLE Y SIMPLICÍSIMO, EN GOZO ESENCIAL DE DIVINIDAD”. 
 
(Colección “Luz en la noche. El misterio de la fe dado en sabiduría amorosa”  Opús. nº 14)

Nota.- Para descargar el tema completo pulsar aquí.

Fragmento del vídeo de la Madre Trinidad titulado “Sublimación de la cruz”, que fue grabado el 14 de enero de 1989 (pulse la tecla PLAY):

Dios, que se es de por sí, crea criaturas tan perfectas, que son capaces de poseerle por haberles dado un ser a imagen suya. Y la criatura, al verse tan perfecta y que es, dice cuando peca: «No quiero someter mi yo a nada». Con ello pierde la razón de su yo dependiente del Yo divino y, quedándose sin razón de ser eternamente, no pudiendo ya vivir del Infinito, único capaz de hacerla feliz, se le convierte todo en tortura eterna. (15-9-66)
Por perfección de su naturaleza, Dios es y obra en perfección infinita, de forma que, si hiciera algo imperfecto, dejaría de ser Dios. ¡Con qué ligereza la mente torcida del hombre dice ante las obras o planes divinos que, por su limitado ser, no entiende: hubiera sido mejor de otra manera! Y, aun llega a decir: Dios hizo las cosas mal.
(8-6-70)
Es tan excelente la Santidad infinita de Dios, que, al ser ultrajada, no había posibilidad en la criatura para repararla dignamente; y Dios mismo, al encarnarse, se hace Respuesta infinita de reparación, que resarce y adora su santidad. (16-10-74)