Como dice este escrito: «Todo Dios es un misterio tan dulce, suave y acogedor, tan deseable y apetecible, tan amoroso y trascendente, que si las almas vislumbraran algo de “lo que Dios tiene reservado para los que le aman”, estarían en un continuo lamento, suspirando por la contemplación gloriosa y dichosísima del Dios vivo».

A la sed insaciable del alma se corresponden la bondad y los deseos del Dios vivo de comunicarse dándonos a vivir su misterio.

 

“Yo sé que Dios se Es, y lo sé en su saber”

 

¡Oh pletórica y desbordante sorpresa la de la criatura, acostumbrada a vislumbrar sólo las cosas creadas, que, levantada por el único y subsistente Ser en trascendente ascensión, e introducida en la sapiental sabiduría del que se Es; penetra, barruntando, saturada de amor y sobrepasada de gozo, algo de lo que es en sí, por sí y para sí, el único Dios verdadero; que se nos da y manifiesta, en expresión candente e infinita de coeternas canciones, por su Unigénito Hijo, Jesucristo, bajo el impulso amoroso y la fuerza coeterna del Espíritu Santo…! […]

Y en ese mismo instante de serse Dios y estarse siendo todo lo que es, cuanto puede ser y como se lo es y estándoselo siendo; al contemplar sus atributos y perfecciones, y todo lo que Él se es en su Persona y en su ser; en esa Mirada de infinita, profunda, penetrante y consustancial sabiduría divina, rompe en una explicativa Expresión cantora de infinitas y consustanciales melodías, como en miríadas y miríadas de conciertos de ser en sus tecleares de canciones eternas de subsistente Divinidad, que es su Verbo.

Y el Padre ama a su Verbo con un amor tan infinito, que se le sale, sin salírsele, brota, sin brotar –ya que Dios es hacia dentro, ¡hacia dentro…!, ¡dentro!, ¡dentro de sí!– todo su serse en amor.

Y, en ese mismo instante, se le está saliendo también al Verbo –sin salir– todo su ser recibido del Padre, amando al Padre.

Y, en ese amarse el Padre y el Verbo, en ese intercomunicarse en amor paterno-filial todo su ser al amarse, surge radiante, triunfante y glorioso, del Padre y del Verbo, la Persona-Amor: el Espíritu Santo, en beso interretornativo de filiación y paternidad divina y amorosa. […]

Pues, a pesar de que lo que le hace al Padre engendrar es la contemplación sapientalmente infinita de su ser; por ser la vida de Dios un presente eterno, sin partes, sin principio y sin fin, sin ahora ni después;
el Padre está contemplando en su seno, eterna e infinitamente, no solamente su serse esencial de suficiencia y subsistencia infinita, sino que está contemplando a su Verbo, su persona y su ser;
y está contemplando el momento eterno de su eterno engendrar a su Verbo;
y está contemplando el momento eterno de ser engendrado su Hijo, ese Hijo que es engendrado y está siendo engendrado como fruto de su contemplación.

Y, en ese mismo instante eterno, el Padre está contemplando en su seno a la persona del Espíritu Santo, y la procedencia amorosa del Espíritu Santo de su Hijo y de Él; de ese Espíritu Santo que es el fruto amoroso de su paternidad divina y de su Hijo engendrado. […]

Así que el Padre, en su sola Mirada, abarca toda su perfección infinita;
y está contemplando a su Hijo y el instante eterno de ser engendrado su Hijo;
el instante eterno de engendrar Él y de surgir su Hijo engendrado;
y el instante eterno de amarse los Dos con el Espíritu Santo y en el Espíritu Santo;
y el instante de ser espirado el Espíritu Santo de entrambos;
y el instante-instante de amar Él y su Verbo con el Espíritu Santo a su ser y a sus personas;
y el retornarse el Espíritu Santo en beso de amor al Padre y al Hijo. […]

En una palabra: el Verbo expresa todo aquello que el Padre contempla, a pesar de que el Verbo es el fruto de la Mirada, en contemplación, del Padre.

El Verbo es tan infinito expresando, como infinito es el Padre contemplando; ya que el Padre se lo da todo, al engendrarle, para que Él se lo exprese en retornación de filiación cantora, infinita, eterna y amorosa.

El Verbo está cantando en deletreo amoroso, en explicación infinita de ser, como Palabra expresiva del Padre, el instante eterno de serse el Padre, y el instante eterno de ser Él.

Y el Verbo está cantando el instante eterno de surgir el Espíritu Santo, como Amor paternal y filial, de su seno y del seno del Padre; ya que una sola vida, un solo ser y un solo seno son y tienen los Tres, cada uno en su modo personal;
está cantando la procedencia del Espíritu Santo y el ser del Espíritu Santo;
y está cantando cómo Él es por el Padre y cómo el Espíritu Santo es por el Padre y por Él.

El Verbo está expresando, en su sola Palabra, las personas con sus relaciones y sus procedencias;
y está cantando todo el ser con toda la infinitud de atributos y perfecciones;
y está expresando, en su Cántico infinito de ser, cómo Él mismo es el fruto, en filiación, de la contemplación de toda la Mirada abarcadora del Padre;
y también cómo el Espíritu Santo es espirado de entrambos.

Y el Espíritu Santo está amando la eterna y abarcadora Mirada del Padre, de la cual es fruto el Verbo, y Él, del amor paterno-filial.

Y está amando el instante eterno de engendrar el Padre y de ser engendrado el Verbo, de los cuales Él es el fruto amoroso, en Persona-Amor.

Y está amando el mismo instante eterno de serse Él el amor del Padre y del Verbo; y el instante eterno de su procedencia del Padre y del Verbo en beso de amor retornativo, al engendrar el Padre y al expresar el Verbo.

Y está amando el instante eterno de ser Él el amor del Padre a su ser y el amor del Verbo a su ser; y el instante eterno de ser Él mismo el amor personal a las personas y al ser.

Y está amando el instante eterno de ser Él la Persona-Amor en Dios por el Padre y por el Verbo, por todo lo que el Verbo ha recibido del Padre, como Palabra expresiva rompiendo en infinitos tecleares de consustanciales melodías;
y el instante eterno de su serse recibido del Padre y del Hijo, por el que Él es el amor personal en Dios. […]

¡Qué alegría, qué felicidad, qué descanso, qué gozo, que Dios se sea, sido en sí, por sí y para sí, en intercomunicación trinitaria de vida familiar, un misterio de unidad tan consustancial e intrínsecamente una, que es tres divinas Personas que son y tienen un solo ser y una sola vida…!

 
Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia
 
“EL GRAN MISTERIO DE DIOS” 
(Colección “Luz en la noche. El misterio de la fe dado en sabiduría amorosa”  Opús. nº 15)

 Nota.- Para descargar el tema pulsar aquí.

Fragmento del vídeo de la Madre Trinidad titulado “Dios es perfecto y todo lo hace bien, pero la criatura rompe los planes del Creador”, que fue grabado el 13 de noviembre de 1994 (pulse la tecla PLAY):

El Padre rompe en Amor por sí mismo, y rompe en Amor por sí mismo en su Verbo, puesto que el ser que tiene el Verbo lo ha recibido del Padre y es el mismo del Padre, sólo que el Padre lo contempla y así engendra, y el Verbo es engendrado y expresa. (21-6-59)
Padre, hace falta que todos tus hijos escuchen la Palabra que sale de tu seno… Y para eso, es necesario dársela abrasada en el amor del Espíritu Santo. (21-3-59)
El Padre ama al Verbo, el Verbo ama al Padre, y se aman con todo su ser; y ese Amor de los dos es tan perfecto, que es otra persona: el Espíritu Santo. (19-2-62)