En la vida de la Madre Trinidad hay un antes y un después, perfectamente delimitados. Describiendo la acción de Dios en ella del 7 de diciembre de 1946, dice: «El Amor Infinito se me puso delante, y como si me dijera: “¿Tienes necesidad de amar y ser amada? ¡Yo soy el Amor Infinito…!”». «Y desde aquel día mi alma vive en la llenura de todas sus apetencias, infinitamente desbordada en sus ansias de ser y de poseer».

Entre sus numerosísimas poesías, en muchas de ellas, como en la que hoy nos ocupa, aparecerá la capacidad de arrastre que tiene en ella el Amor Infinito, la radicalidad de su entrega a Dios sin posibles competidores, la nostalgia de nuevas y más profundas vivencias…

Su alma sigue al Amor sin pestañear, con «nostalgias del Infinito»; «con añoranza de claustrales encuentros»; de los toques de Dios que, «como clamores de fuego», ante ella se presenta como «Jayán de Amores» y «Vencedor de trofeos…». El Amor ha conquistado su vida para siempre.

 

 

 

15-9-1974

 

«Él se es Jayán de amores»

 

Tengo en mi pecho una hondura
de tan sublime misterio,
que en nostalgias de Infinito
mi espíritu está muriendo.

Yo le añoro en las vivencias
de mis claustrales encuentros,
y suspiro por las voces
infinitas del Eterno.

Él se me muestra celoso
por la fuerza de su imperio,
y me invita a introducirme
en la hondura de su seno.

Yo siento el toque de Dios
como clamores en fuego,
como saetas candentes
que me traspasan el pecho.

Nada hay tan hondo y seguro
como el toque del Inmenso
en paso de poderío
con el triunfo de su vuelo.

Él se es Jayán de amores,
tal como yo le deseo,
conquistador de ilusiones
y vencedor de trofeos.

Por eso, mi vida es suya,
conquista de sus torneos.

 

Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia


¡Oh mi Dios infinitamente espiritual!, déjame beber hasta saciarme, en saturación, de la Virginidad eterna que Tú, mi Trinidad santa, te eres en tu vida íntima de comunicación trinitaria por tu ser subsistente de perfección suma. (28-4-61)
¡Sólo Dios!, sin más, es el grito palpitante de mi corazón enamorado. (15-10-74)
Soy feliz porque, al no tener en el corazón más que a Dios y su voluntad, sobreabundo de gozo en medio de mis incalculables tribulaciones, las cuales me hacen semejante a Cristo y, con Él, soy cobijada en el regazo del Padre por el amor del Espíritu Santo. (5-11-75)
Alma sacerdotal, todo lo que no es Dios no es; vive de tal forma, que sólo Él y su gloria busques, en un olvido y desprendimiento de ti completos. Estate presta, porque el Señor vendrá a llevarte donde Él para siempre, ¡para siempre!; y vendrá pronto…, y eso será mañana…, ¡ya! (6-1-64)
¿Quiénes son los que van más seguros por el camino del Reino de los Cielos? Los que no buscan más que a Dios y, al llegar a su término, todo cuanto tenían lo han dejado para encontrarse con Él. Por eso, el que nada tiene anda más ágil y, en su término, nada tiene que dejar, sólo poseer. (14-9-74)
Si tengo a Dios, lo tengo todo en el todo de su posesión, en la llenura de su vida, en la plenitud de su felicidad, en la riqueza de cuanto es. Y, cuando a Él le pierdo, me encuentro con mis apetencias resecas, en el vacío de cuanto contienen las criaturas para mí. (14-9-74)
Fuera de Dios, no tengo ningún deseo; y esto no es por vacío de mi ser, que en Dios lo encuentra todo, sino por la llenura de la voluntad divina que me repleta y me hace tener todo en ella, no necesitando nada, por la repletura de mis apetencias que sólo buscan el saboreo de la voluntad de Dios cumplida. (4-7-69)
Cuando no quise nada de aquí abajo y busqué la riqueza infinita de lo alto, me encontré con todo en el todo de Dios; y, en su posesión, sacié mis apetencias torturantes de felicidad, de riqueza, de amor y de llenura que el Infinito Ser había plasmado en mí, solamente para poseerle. (14-9-74)
 

Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia