El riesgo de hacer las cosas porque hay que hacerlas, porque todos las hacen, porque es ahora el momento…, vaciándolas de contenido, está siempre al acecho. Somos capaces de hacer rutina de las realidades más grandes, hasta de la Santa Misa cotidiana, ¡hasta de la Navidad!

Que el Espíritu Santo nos mantenga siempre encendidos en su fuego y nos aumente el deseo de contemplar con su luz el Misterio de la Navidad. Y la dulce y divina maternidad de la Virgen nos introduzca en este “misterio de inédita ternura” de Dios con nosotros.

Con estos sentimientos nos deseamos entre todos:

 

¡Feliz Navidad!

 

 

          En el silencio del misterio infinito se descorrió el velo del Sancta Sanctórum; y, en pronunciación sapiental de amorosa Sabiduría, el Padre dijo su Palabra en el seno de Nuestra Señora, por el arrullo del Espíritu Santo; el cual la besó tan fecundamente, que la hizo romper en Maternidad divina. Y desde este instante la Virgen ya es Madre, y Madre de Dios; y Dios ya es Hijo de la Virgen Madre, para que ésta, en manifestación del querer divino, nos lo entregara en la noche sagrada de Belén, llena de amor y ternura. (Navidad de 1974)

         En la noche de Belén, la Virgen María puso a Jesús en el pesebre, porque Dios «vino a los suyos, y éstos no le recibieron…». ¡Misterio del amor infinito de Dios al hombre, y del desamor del hombre a Dios! (11-12-73)

    Jesús, quiero recibirte con toda la ternura y cariño de mi corazón, en respuesta amorosa, para que Tú descanses y sonrías en la noche cargada de misterio de Belén; con el único deseo de que encuentres en la tierra del desamor, consuelo a tu tierno pecho dolorido. (19-12-74)

 
Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia