Sabemos que a Dios se le encuentra en el silencio, sabemos que para hablar con Dios necesitamos del silencio.

Entrar en el silencio, saborearlo, es realmente dejar todo lo de acá para entrar en Dios.

“El silencio de las cosas de acá pone al alma en contacto con Dios; y este silencio interior la llena de vida y la hace capaz de escuchar al Verbo, de recibirle, de captarle, de apercibir su conversación, de gustar su misterio, de alimentarse en su gozo, en su vida, en su perfección y en su secreto…” (Colección “Luz en la noche – el misterio de la fe dado en sabiduría amorosa”, opúsculo 16, tema: Las Voces del Silencio que en el silencio habla)

¡Cuánta dificultad encontramos, a veces, para hacer silencio en nuestra alma! La Madre Trinidad nos ayuda a conseguirlo y nos habla de tres silencios.

“Uno -silencio de bienestar, de saboreo, de dulzura, de paz, de enajenación-, el que experimenta el alma que, saboreando de alguna manera la cercanía del Eterno, busca, llevada por el deseo suave y silencioso que apercibe en su interior, la soledad.” (…)

“Tras este silencio, vivido en la intimidad con Jesús en la Eucaristía o por la presencia de Dios en lo recóndito e íntimo de nuestro corazón, donde el alma-iglesia por la gracia, mediante su vida de fe, participa del misterio de Dios en su Trinidad de Personas morando en ella y comunicándosele en participación de vida amorosa, bajo el arrullo silencioso y sacrosanto del Espíritu Santo; perseverante en la búsqueda del Dios de su corazón, queda y paulatinamente, va siendo introducida, y como trascendida, en otro silencio que no es de acá; que, más que silencio, es un rumor silencioso…, profundo… que es trasunto de tenues conciertos que llenan al alma de recogimiento.” (…)

Exposición del Santísimo en La Parroquia de La Presentación de Nuestra Señora, encomendada a La Obra de La Iglesia

“Y hay un tercer silencio que es distinto y distante de todo lo de acá, porque es cercanía del que Es en posesión del misterio del Eterno, y que sumerge al espíritu y lo silencia en el Misterio infinito de su profundidad. Y allí, dentro de aquella hondura, le hace escuchar conversaciones en voces eternas del Ser. (…) (Colección “Luz en la noche – el misterio de la fe dado en sabiduría amorosa”, opúsculo 16, tema: Las Voces del Silencio que en el silencio habla)

Encontrarse con Dios es encontrarse con su Silencio, apercibir esta paz que invade al alma, darse cuenta ante el Sagrario de que no hay nada en la Tierra que pueda contener mayor felicidad que estar con Dios. La Madre Trinidad tiene una expresión que nos puede ayudar a tomar conciencia de ello cuando estamos ante el Sagrario: ¡Qué bien se está con Dios!

Cuando el silencio sobrenatural acaricia al alma, todo aquello que no es Dios nos estorba. Es como si Dios lo invadiera todo, y al mismo tiempo nos sentimos pequeños. Es cuando realmente nos encontramos con la verdadera felicidad, con la Felicidad de Dios.

“Cuando, silenciada, el alma apercibe la voz del Eterno, rompe, en sus clamores, en brisa callada y en llamas de fuego, el silencio.

El silencio habla como en melodías de tenues conciertos… El silencio habla en su reteñir sonoro y secreto, en misterio.” (…) (Colección “Luz en la noche – el misterio de la fe dado en sabiduría amorosa”, opúsculo 16, tema: Las Voces del Silencio que en el silencio habla)

Tengo la dicha de vivir entre montañas. Por detrás de la casa hay bosque y por delante diviso el Pirineo. No puedo en verano irme a dormir sin mirar las estrellas, y en invierno ver mis montañas nevadas, y en la primavera todo es color. ¡¡Cuánta maravilla!!

Tengo la dicha de tener una iglesia cerca, y puedo entrar siempre que lo deseo.

Tengo la dicha de ser hija de la Madre Trinidad y con ella estoy ante el Sagrario.

Digo esto porque encontrar el silencio de Dios en la creación es maravilloso, encontrarlo en el Sagrario es aún mayor dicha y sentir que te apoyas en su pecho y escuchar su silencio ¡es una felicidad que no se puede describir!

DIOS SE ES SILENCIO

Es tu silencio, mi Dios,
lo que mi alma reclama;
no es el campo, no, Señor,
con su soledad creada.

¡Eres tú sólo el Silencio
que ansío ardiente en mis ansias,
por el que mi ser suspira
y el único que le llama!

¡Es el silencio de Dios,
en armonía sagrada…!
Me está cantando mi Verbo
en el centro de mi alma.

¿Qué es el Verbo para mí,
sino el Silencio en Palabra,
que dice, en su Explicación,
su realidad increada?

¡Qué silencio tan sonoro
el que penetra mi alma…!

Mayo 1964

(Vivencias del Alma. Poesía nº 1)

Sentir el silencio de Dios es penetrar en su secreto. Cuando el alma apercibe este segundo silencio del que habla la Madre Trinidad, el corazón se engrandece. Ella misma, en otra poesía, nos describe muy bien este sentimiento que apercibe el alma.

LAS NOTAS DEL SILENCIO

Son las notas del silencio
como voces del Eterno,
como brisas de amor vivo,
como legiones en celo.

Son las notas del silencio
las que bullen en mi pecho,
cuando escucho el teclear
de su infinito misterio.

Son las notas del silencio
las que me hablan de Dios,
cuando se acerca el Amor
con la brisa de su vuelo.

4-4-1972

(Vivencias del Alma. Poesía nº 92)