La lectura serena y meditada de estos pensamientos nos introduce en la atmósfera divina de la necesidad de hacer silencio, de salir corriendo a los pies del Sagrario, y de entrar en oración para “ver, escuchar y dejarse penetrar” por la presencia de Cristo.

La melodía divina que se apercibe en el silencio, ante la Eucaristía, envuelve al alma y la nutre en las fuentes de las Aguas donde “un Torrente llama a otro Torrente al Fragor de sus cascadas”.

 

 

         Ante el misterio de la Eucaristía, robada por el silencio de su secreto, sobrepasada de amor, adorante, respondo como puedo, a la donación infinita de tu amor. (17-10-72)

         El silencio de la cruz es cántico de amor eterno a los hombres. Cristo dio la vida muriendo y se da como alimento en el silencio escalofriante de la Eucaristía. ¡Misterios que sólo sabe penetrar el hombre de fe en saboreos de Espíritu Santo! (6-1-75)

         ¡Cuánto silencio el de la Eucaristía, y qué concierto de amor infinito encierra! (1-2-64)

        La soledad silenciosa del sagrario es la explicación más expresiva del Amor Infinito desconocido y no recibido.
(29-4-73)

        El concierto infinito del Eterno Silente se escucha tras las puertas del sagrario, cuando sólo se busca dar descanso al Amor ultrajado por el desamor. (3-2-76)

        Cuando me quedo en silencio, empiezo a perder todo lo de acá, y me siento introducir «allí» en una suavidad sagrada; y, poco a poco, comienzo a apercibir un silencioso concierto, que son voces del Eterno, en amor infinito de comunicación amorosa. (3-2-76)

Sagrario de la Capilla de la Casa natal de la Madre Trinidad en Dos Hermanas (Sevilla)

         El alma amante sabe escuchar, sin ruido de acá, la expresiva e infinita Palabra, en el silencio de la blanca Hostia. (12-11-74)

         Necesito el misterio sagrado del silencio del sagrario, más que el ciervo sediento las aguas del cristalino arroyo, ya que sólo allí se apagará mi torturante sed. (9-3-77)

         Vayamos al silencio de nuestros sagrarios, al de nuestros corazones, al silencio del seno de María y al silencio del pecho de Dios… Y «allí» sabremos el recóndito secreto del misterio de Cristo, en el cual se encierra Dios y el hombre, todo lo divino y creado, pues Cristo es la plenitud infinita y creada. (22-12-75)

         ¡Qué misterio el del silencio del sagrario! Y ¡qué silencio tan profundo encierra el misterio de la Eucaristía…! (1-5-77)

Pensamientos de la Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia,

tomados del Libro “Frutos de oración”