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El Verbo se encuentra, al “descender de los collados eternos”, donde, en Familia Divina, Él es el Hijo cantor, con la rudeza e incomprensión desamparadora de los hombres, pudiéndosele llamar el Solo. […]

¡Oh, Jesús!, ante la vista de todos, pasaste por la tierra siendo el acompañado. Pero ante la mirada penetrante y purísima de tu Madre Inmaculada, que intuía en tu profundidad, eres vislumbrado en la soledad solitaria de tu alma santísima. […]

e-camino-calvario_115-marc3ada-encuentra-jesc3basEl Solo… Soledad que nosotros nunca podremos penetrar en tu capacidad como infinita…

¡Oh, Jesús!, reflejo de esta soledad terrible fueron los momentos sangrantes de tu pasión dolorosa, en los cuales toda tu humanidad manifestaba el desamparo de tu alma, no solamente en tu dolorosa tragedia interna, sino también en tu Viacrucis solitario de desamparo humano.

Y en aquellos momentos que Tú, mi divino Maestro, más necesitabas de la compañía de tus amigos, aunque fuera externamente, te encuentras completamente solo: “Pedro, ¿duermes?” “¿No habéis podido velar una hora conmigo?” “Velad y orad para que no caigáis en tentación”. […]

Jesús, yo quiero penetrar en tu alma solitaria y dolorida, para depositar en ella un beso que te sepa a hijo bueno, a hijo fiel, y acompañarte así, durante toda esta noche, besando con el Espíritu Santo todas aquellas heridas con que la ingratitud y el desamor de los tuyos taladraron tu alma de padre desgarrado. […]

¡Oh…! ¿Dónde están los amigos del divino Maestro? Los Apóstoles, los discípulos que le rodeaban, el pueblo que ha poco le proclamaba rey, ¿dónde están? ¡Que se está descargando todo el furor del Infierno en disciplina cruenta sobre la Santidad eterna Encarnada, sobre la Justicia infinita…!

María, unida al alma de su Hijo en todos y en cada uno de estos tormentos, hecha una cosa con Él, experimentaba en su alma de Madre de Dios toda la tragedia terrible del Verbo infinito Encarnado. […]

174d823abe2a403b1da93bd3a4b45a8a“Y le llevaron dentro del atrio… y convocaron a toda la cohorte, y le vistieron un manto de púrpura, le ciñeron una corona tejida de espinas y comenzaron a saludarle: ¡Salve, rey de los judíos! Y le herían la cabeza con una caña, y le escupían e, hincando la rodilla, le hacían reverencias”. […]

Y con su cruz a cuestas, camino del Gólgota, va el Solo entre el inmenso cortejo, solamente acompañado de los traidores. “Los hijos de las tinieblas son más sagaces que los hijos de la Luz…” […]

Y encontró al fin una mirada amiga. El Divino Caminante siente unos pasos presurosos que vienen hacia Él: unas cuantas mujeres llorando, que, valientes y decididas, llevadas por el amor que tienen al divino Maestro, acompañan a la Madre del condenado a muerte. Y Jesús busca la única mirada amiga que, en su caminar por la tierra, encontró siempre y le supo a cariño y calor de hogar. Y las dos miradas se abrazan en la unión mutua del Espíritu Santo. ¡Se han encontrado la Madre y el Hijo y se han fundido en un mismo dolor…!

¡Ya va Jesús acompañado! ¡Ya el Solo ha encontrado, como en Belén, Nazaret y durante toda su vida, su oasis en su duro caminar…! Pero el dolor de la Madre ante el dolor del Hijo, y el dolor del Hijo ante la mirada de la Madre, en una unión profundísima de compenetración, los ha lacerado y atravesado aún más profundamente con una misma espada y un mismo dolor.

Jesús, empujado y arrastrado, es llevado hasta el lugar del Monte Calvario, donde, presurosos los verdugos, comienzan a preparar el instrumento del suplicio; mientras Él, desplomado en tierra, espera el momento terrible en que, tendiéndole en el madero, empiecen a coser a la cruz su cuerpo destrozado. […]

¡Ya está cosido al madero el Verbo de la Vida…! ¡Ya está aprisionada la Libertad por esencia! ¡Desnuda, ante las miradas groseras de aquellos hombres, la Virginidad infinita encarnada…!

Y por fin levantan la cruz, metiéndola en el agujero que en la cima del monte habían hecho para que el “Cordero de Dios” quedara colgado, como Sumo Sacerdote, entre el cielo y la tierra para celebrar la primera Misa. […]

Y por fin, va sintiendo Jesús que se le van las fuerzas. Experimenta, el Autor de la vida, que a su humanidad se le escapa la vida, que la muerte se apodera de Él. […]

semana-40-1En ese momento, el Solo vuelve su mirada al cielo para buscar la mirada complacida del Padre. Y ve que la Santidad Infinita, por representar Él el pecado, manifestándose como Justicia, se le vuelve en contra. […]

¡Oh soledad terrible del alma de Cristo! ¿No es posible que haya para ti un consuelo, una mano amiga…?

Y anhelante, con la respiración entrecortada por la muerte próxima, expresa la sequedad de su alma sedienta: “¡Tengo sed!” Sí, Padre, sed de que te conozcan, y para que te conozcan, “Yo por ellos me santifico”.

Y con la voz entrecortada, en el último hálito de vida que le queda, haciendo un supremo esfuerzo, descansa el Verbo Encarnado ante la voluntad del Padre cumplida sobre Él: “¡Todo está consumado!”

Y volviéndose al Padre, con su mirada cargada de amor infinito y nublada por la tenebrosa oscuridad de la muerte, exhala su último suspiro: “¡Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu!”

En aquel momento, tiembla la tierra, los sepulcros se abren, los muertos resucitan, y toda la creación protesta con voz de llanto desgarrador y doloroso ante la muerte injusta de su Creador.

La Virgen, San Juan, las santas mujeres, contemplan sobrecogidos aquel espectáculo en que la creación entera está en un grito de dolor, quedándose en la oscuridad más tenebrosa, como protesta de la injusticia que los hombres hacen con su Dios. El sol se oculta para no ser testigo de aquel crimen terrible que se está obrando con la Santidad por esencia. […]

Yo quiero poner hoy en esta palabra, que, hecha vida, con la misma espada taladró el alma de Cristo y después la de la Virgen: el Solo, un consuelo amparador de hija, de amigo, de esposa y de virgen que está dispuesta a pasar por esa misma soledad, para que todas las almas conozcan a Dios y sean consuelo de Cristo, de la Virgen Dolorosa y de la Iglesia desgarrada en la noche cerrada de su Getsemaní.

 

Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia

 
Fragmento del escrito: “El SOLO” (tomado del libro: “La Iglesia y su misterio”).

 

Nota.- Para descargar el tema completo pulsar aquí: “El Solo”.pdf

 

 

  Cristo_coronado

Jesús, ¡qué dolor hay en tu alma! Cada uno de nosotros es una herida en la dimensión de la capacidad de tu amor. ¡Cómo he comprendido hoy lo que supuso cada uno de los momentos de tu vida! ¡Qué grandeza!, ¡qué nostalgia de los que amabas!, ¡qué soledad de todos ellos! (19-9-74)

¿Qué tienes, mi Dios…? –¡Dolor de amor al verme despreciado por los míos! (11-11-59)

¡Qué triste está Jesús el Jueves y Viernes Santo, porque no hemos entrado en la hondura profunda de su soledad amarga! (26-3-64)

Hoy todos hablan de los marginados… Pero ¿quién se acuerda del Amor Eterno, marginado, desconocido, olvidado y hasta despreciado y ultrajado? ¡No hay lugar para pensar en Él! El hombre insensato olvidó al Amor y lo marginó. (25-5-78)

Porque pido amor puro de inmolación y olvido de sí, me vi solo, y «busqué quien me consolara y no lo hallé». (28-11-59)

¡Qué duro es ver a Cristo tan solo y desconocido, tan amor y tan desamado…! Jesús, no queremos que estés tan herido por el desamor, y, por eso, con el Espíritu Santo y con Nuestra Señora, te amamos. (21-1-75)