Esta serie de pensamientos nos lleva al descubrimiento sabroso del misterio del sacerdocio de Cristo. Como dice el título, el sacerdocio de Cristo es Sumo porque Él es el mismo Dios encarnado, y mayor unión de Dios con el hombre no podía darse. Y es Eterno porque es para siempre, sin límites de tiempo y de lugar. Así tenía que ser el sacerdocio del Hijo de Dios, que se entiende en toda su riqueza cuando se conocen y se viven las cuatro posturas sacerdotales que Él vivió.

Sacerdocio, reparación y adoración son inseparables.

         Como el sacerdocio es unión de Dios con el hombre, Cristo, que es en sí mismo esa Unión, contiene la plenitud del sacerdocio. (25-10-74)

         Jesús es, por intrínseca propiedad, el Sumo y Eterno Sacerdote, porque es en sí Dios y hombre, con la posibilidad infinita que Dios se es y se tiene, y con la posibilidad máxima que el hombre es y puede ser. (25-10-74)

¡Qué alegría que, aunque todos los hombres le dijéramos a Dios que «no», Él se hizo su Hombre, y éste fue tan rico, que su «sí» superó infinitamente los «no» de toda la humanidad! (19-1-67)

En el instante de la Encarnación, el alma de Cristo, por la grandeza de su perfección, fue capaz de vivir, contener y abarcar en la experiencia saboreable o dolorosa de su ser, toda su postura sacerdotal de recepción del Infinito y de respuesta, en retornación, al mismo Infinito; de receptor de la donación de Dios para todos los hombres y de recopilador de todos ellos en sí, siendo la respuesta de todo lo creado ante la infinita Santidad. (15-9-74)

La plenitud del Sacerdocio del Hombre-Dios, le hace ser la Adoración perfecta, la Respuesta que, en victimación sangrienta, satisface adecuadamente a la santidad de Dios ofendida, y el derramamiento de la infinita misericordia; la Unción y el Ungido; la Divinidad y la Humanidad; la Santidad infinita y el Recopilador de los pecados de todos los hombres. (25-10-74)

La primera postura sacerdotal de Cristo se manifestó principalmente recibiendo a Dios en la Encarnación; la segunda, respondiéndole en su vida privada; la tercera, dándonos a todos la vida en su inmolación; y la cuarta, en su resurrección, llevándonos con Él a la vida nueva; aunque en todos y en cada uno de los momentos de su vida, Cristo vive las cuatro posturas de su Sacerdocio. (12-1-67)

Mons. Rabban al-Qas, obispo caldeo de Amadiyah (norte de Irak), celebrando la Santa Misa con un grupo de sacerdotes de La Obra de la Iglesia

 

El Verbo Encarnado, durante su vida mortal, era el Cristo penante que vivía de Eternidad; y ahora es el Cristo glorioso y eterno que contiene también en su alma la tragedia de todos los tiempos. Y, por eso, en la plenitud de su Sacerdocio, es el Cristo Grande que encierra en sí el Cielo y la tierra, la Eternidad y el tiempo, la Divinidad y la humanidad; siéndose Él en sí mismo el Glorificado y el Glorificador, el Adorado y la Adoración, la Reparación y el Reparado. (4-4-75)

Jesús, por su Sacerdocio, es la Adoración del Padre, que se prolonga y se prolongará por toda la Eternidad. Cuantos de alguna manera participamos de su Sacerdocio, deberíamos ser partícipes de esa actitud de adoración suya… ¡Mas de qué manera tan terriblemente inconscientes lo somos! Pero… ¡qué gozo que el Sumo y Eterno Sacerdote es más grande que todos los hombres juntos, y responde infinitamente a Dios, en adoración de respuesta amorosa, por Él y por todos nosotros! (15-10-74)

En el Sacrificio del Altar, se nos da todo el compendio apretado del misterio del Hombre-Dios en su vida, muerte y resurrección; se nos hace vivir a nosotros también ese Sacrificio junto a Jesús, por Él y en Él para la gloria del Padre y bien de todos los hombres, perpetuándosenos en la Eucaristía la presencia real de Cristo con todo cuanto es, vive y manifiesta. (15-9-74)

Sólo en la luz del Espíritu Santo, es descubierto el verdadero misterio del Dios-Hombre en la trascendente plenitud de su Sacerdocio; por eso, quien pierde el contacto con Dios, en las tinieblas de su sabiduría humana, sólo descubre en Cristo su humanidad y, relacionándolo consigo mismo, lo desfigura.
(18-4-69)

Pensamientos de la Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia, 

tomados del Libro “Frutos de oración”