¿Qué es la vida? Un caminar hacia la Eternidad, una carrera vertiginosa, con un único fin; ser introducido en el gozo eterno del Padre.

El tiempo de cada uno es un caminar hacia la felicidad plena, donde Dios nos adentrará en su gozo.

Cuando se acabe nuestro tiempo, viviremos en Dios para siempre en compañía de la Familia Divina, que saturará todas nuestras ansias y capacidades de felicidad.

Hubo un momento en el tiempo en que Dios se hizo hombre, y la humanidad quedó injertada en Cristo por el misterio de la Encarnación y, a través de Cristo, Dios recibe la respuesta que esperaba del hombre desde toda la Eternidad.

En el tiempo que Cristo vivió en la tierra, manifestó la manera de glorificar al Padre con su entrega, amor, sacrificio, y donación a los hombres; y para que esta donación llegara a todos se vale de la Iglesia y la liturgia.

La vida del hombre, vivida encajándose en la voluntad de Dios, es lo único que da la verdadera felicidad que el mundo desconoce.

En la vida de acá se nos da la oportunidad de demostrar al Señor que le amamos, de aumentar nuestro grado de amor a través de la vida de fe, sacramentos, oración y sacrificio. Con la muerte se acaba el tiempo para merecer. ¡Gracias, Señor, porque cada día es una ocasión nueva para darte gracias por la vida! ¡Señor, te amo!

¡Vivir…! Esa es la necesidad que todo ser racional, creado por el Infinito, siente. Vivir es ley que todos llevamos impresa en el alma. Por eso, cuando la muerte llega, para los que no tienen fe la vida se acaba, y ese grito que todo hombre tiene impreso en sí de vivir, se rebela. Y ante el misterio que el contraste de la muerte y la exigencia de vivir les presenta, los pobrecitos que no han profundizado en el misterio de la vida, se desconciertan, viendo en la muerte natural la destrucción total de todo aquello que en sí experimentan de amor, vida, felicidad, hermosura, eternidad.
(…)
¡Vivir…! Hemos sido creados para la Eternidad. Nosotros, los que vivimos de fe, esperanza y caridad, sabemos que esta palabra
vida, que llevamos grabada en el alma, es el término sabroso, el premio glorioso para el que hemos sido creados, mediante el cual, participando de Dios, seremos dichosos por toda la Eternidad.

(del tema “Vivir”, del libro La Iglesia y su misterio)

La vida es como un camino en el destierro por el cual todos los hombres vamos sin podernos detener hacia la meta, el encuentro con Dios. Todos vamos corriendo, aunque con diferentes formas de caminar: los que se enredan en las cosas mundanas sin detenerse a reflexionar y acabando en la amargura; los que se detienen ante el abismo, parándose en seco a reflexionar; y por último los que en su vida a través de la gracia, bajo el ímpetu del Espíritu Santo, son capaces de franquear el abismo que separa la tierra del cielo.

¡Qué corto es el camino…! ¡Qué velocidad la de sus caminantes…! ¡Qué insensatez la de la inmensa mayoría de los que por él caminan…!

¡Alma querida, abre tus alas y ensancha el espíritu, porque Dios está cerca…!

(del tema “El camino de la vida”, opúsculo 13 de la colección “Luz en la noche – El Misterio de la Fe dado en Sabiduría amorosa”)