Un año que termina nos trae a la mente la incógnita del tiempo que pasa veloz y de la Eternidad que se acerca igualmente presurosa. El tiempo y la Eternidad son un binomio inseparable, que se iluminan recíprocamente, tanto, que si sabemos valorar el tiempo estamos “comprando” la Eternidad.


 

El tiempo, precio de Eternidad

 

         ¡Qué bueno es Dios, que nos da el tiempo para que le podamos demostrar nuestro amor, y nos da la Eternidad para demostrárnoslo Él…! ¡También en el tiempo nos lo demostró sufriendo, para que no le faltara ninguna manera de amarnos! (20-4-64)

        En la Eternidad, Dios, glorificado, descansará en su amor para conmigo, haciéndome feliz para siempre. En el destierro, es mi alma la que ha de aprovechar todo sufrir, haciendo así descansar al que amo, demostrándole mi amor sufriendo.
(20-4-64)

    El tiempo es precio de Eternidad, llenura de posesión del Inmenso y dimensión gloriosa de nuestra alma-Iglesia. (10-8-75)

         Dios me ha dado un tiempo, mediante el cual me pide aquel grado de amor que Él necesita para su gloria y no otro; si lo pierdo o lo desaprovecho, el plan de Dios sobre mí no se llenará, y entonces, ¿qué haré? (12-9-63)

        Una sola vida tengo con un número de días para santificarme; si los desaprovecho, ¿dónde iré por más vida? (12-9-63)

    ¿Has pensado hondamente en la verdad de la Eternidad, donde tú oirás, un día no lejano, la Voz que ha de fijar tu estancia eternamente: «Estás aquí para siempre…, se acabó el tiempo…, llegó el fin»? (27-11-61)

         Si ahora te sorprendiera la muerte, el «para siempre» penetrante de la Eternidad, ¿sería para ti vida eterna gozosa en la luz infinita, o serías presa del enemigo infernal en la tiniebla desesperante de la condenación eterna…? Procura vivir como desearías morir. (27-11-61)

        Un día aquí, en el pasar del tiempo, es un día menos para llegar «allí», al gozo de la Eternidad; por lo que un día más es un día menos. (10-8-75)

    En la medida que las cosas pasadas van quedando oscurecidas por el olvido, se va esclareciendo, con la luz de la esperanza, el porvenir cercano del día del Amor. (10-8-75)

         Señor, pon mi alma en tu centro, que es el mío, para que mi vida sea fruto de Eternidad para mí y para las almas que me has encomendado. (12-9-63)


Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia

 

Tomados del libro: “FRUTOS DE ORACIÓN”