Presentamos a continuación unos pensamientos para mantener vibrante la esperanza cristiana, que es certeza del encuentro con Dios.

Son dardos de amor profundo, cuya lectura reposada en la oración enciende el alma, transformándola en espera luminosa y haciéndola desear la cercanía del Amor Infinito. Esperar vigilantes el encuentro con Cristo es llenura de vida.


 

“Espérale, que llega…”

 

Todos los misterios de la vida de Cristo comenzaron en la Encarnación, se consumaron en la cruz y en la resurrección, y terminarán con su última venida. (3-12-64)


      ¡El día del Señor…! ¡Ese será su día y mi día…! ¡Qué día cuando todo se someta a Él ante el esplendor de su gloria…! (13-1-66)


    No desfallezcas porque no apercibas a Dios, que el Amor vendrá, y pronto; ¡no te canses!, que otros se cansaron y les amaneció, sin darse cuenta, en su torpeza… ¡No te canses, espérale, que llega! (25-4-67)


     Cuando Jesús venga, es necesario que estés con la lámpara encendida esperándole; para eso, has de procurar estar siempre preparado, y así te llevará a sus bodas, donde vivirás de Dios y con Dios para siempre. ¿Es posible? ¡Qué dicha…! ¡Para siempre con Dios! (21-4-67


      No sabemos el momento ni la hora, pero el Señor vendrá y… ¡pronto! Entonces, ¿qué significarán nuestras penas pasadas en la soledad, la incomprensión, y, aún más, en el desprecio de nuestros perseguidores…? (21-5-76)


    ¡Cuánto padecer en el destierro por no encontrar a Dios…! Alma querida, un día darás con sus venas para siempre y, entonces, ¿qué serán los padecimientos de ahora, sino aumento de gloria de Dios y de vida eterna para ti? (14-4-67)


     Cuando te hundas en los Manantiales eternos, ¿qué serán los sufrimientos que ahora padeces, sino gloria perpetua?
(12-4-67)


      Yo amo a Dios, y, porque le amo, he de entregarme sin medida, cueste lo que cueste. Te esperaré, Amor, en el destierro, tras velos, hasta el día definitivo de nuestro encuentro en tu luz; te esperaré hasta el día eterno de tu voluntad. (16-8-77)


    ¡Qué nostalgia apercibe el alma mía tan profunda! ¡Qué nostalgia, en mi duro caminar…! Siempre en vela yo te espero con mi lámpara encendida… ¡No te tardes, yo te aguardo sin cansarme! (6-8-70)


     Espero incansable al que llamo con clamores de ardorosa petición, en profundas nostalgias: ¡Ven a mí, Señor! (22-11-72)



Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia

 

Tomados del libro: “FRUTOS DE ORACIÓN”