Cuando Dios nos creó, las tres divinas Personas, de conjunto, se derramaron complaciéndose en nosotros. Por eso cada alma tiene su fisonomía especial, su belleza particular y su nombre único que Dios le puso el día que la creo, según correspondía a su deseo creándola.

No miremos a los demás envidiando los dones que han recibido o queriendo imitarlos, miremos a Dios e imitémosle a Él, para llegar a ser nosotros mismos.

 

“El nombre de cada alma sólo Dios se lo sabe”

 

Allí, en el seno del Amor, […] el que Se Es, por una complacencia infinita y amorosa, rompiendo en voluntad creadora, quiere, en un querer que es obrar, crear; […] vemos al Artífice divino creando el alma de cada uno como si fuera la única, y derramándose en ella en sobreabundancia de su ser amoroso. […]

Al crearte a ti, cualquiera que seas, las tres divinas Personas, de conjunto, se derramaron, complaciéndose en una mirada de creación, para crearte a su imagen y semejanza. Por eso cada alma tiene su fisonomía especial, su belleza particular y su nombre único que le puso Dios el día que la creó, según correspondía a su fisonomía en la creación. Cada una tiene su nombre propio, y no habrá en el cielo ningún ser creado que se llame como ella, porque llevará aquel nombre que Dios, en su infinita sabiduría amorosa, ha plasmado sólo en ella al crearla; nombre que es todo su ser como expresión del Creador, y que reflejará aquel matiz o fisonomía que la Divina Sabiduría quiso poner en ella para llamarla eternamente. […]

Porque el Amor Infinito, cuando te creó, puso en ti, según la fisonomía que Él te dio, el camino, la forma, la medida que debías seguir; depositando en tu alma los talentos y capacidades que a ésta, como a única creación de su Amor, le encajaban para llenar ese plan divino, y para que Él te pudiera llamar por tu nombre, por el único que te reconocerá, ya que, con ese nombre y en orden a Él, te creó.

En el cielo tendremos cada uno nuestro nombre, el que Dios nos puso al crearnos; y que estará más o menos completo, repleto y glorificante para el mismo Dios, según nos hayamos encajado en el plan divino de nuestra creación. […]

A cada uno de nosotros, como única creación, la divina Palabra nos está enseñando, como a pequeñuelos, la manera de encajarnos en ese molde divino, con el cual su amorosa voluntad quiere vernos identificados totalmente; molde que se rompió y se desencajó con el pecado original, y que ahora nosotros, a fuerza de identificarnos con la voluntad creadora de la Sabiduría Eterna, iremos poquito a poco reformando hasta hacernos tan conformes a él, que el Creador, el Artífice divino, pueda volver a ver en nosotros aquella creación que, saliendo de su pecho, Él se hizo para su recreo accidental.

La santidad consiste en encajarnos en el plan amoroso que la Sabiduría Eterna tiene para cada uno. Porque ¿qué sería de la amapola si estuviera siempre procurando ser una rosa, por parecerle con su mirada, no con la de Dios, ser la rosa más hermosa que ella? Pues que se pasaría la vida inclinándose hacia la rosa, sin encajarse en aquel plan divino que, al crearla amapola, la hizo tan sencilla, tan simple, tan ingenua, reflejando de esta forma la sencillez de Dios.

Lo mismo la rosa que la amapola son expresión de la perfección divina, manifestando una más unos atributos y la otra más otros. Pero, al encajarse cada una en su molde y reflejar un atributo, refleja todo el Ser divino, ya que en cada atributo están todos los demás atributos o perfecciones, y, por lo tanto, la vida divina en Trinidad de Personas. Desencajada la amapola del plan divino, vendría a ser una amapola descontenta, que, fuera de su molde, estaría más triste, pobre y lánguida que las demás.

El nombre de cada alma sólo Dios se lo sabe, y sólo por ese nombre la reconocerá. Y las que, no encajándose en el plan divino, no estén conformes a su nombre, será a las que diga el Creador a la hora de las bodas:

– “En verdad os digo que no os conozco”. […]

– Alma creada por Dios, ¿crees que para el Amor de paternidad infinita es más una rosa que una amapola? ¿No ves que, en cada una de ellas, se derramó el Creador, haciéndola su única, su paloma, su escogida y su amada entre millares?

Sólo encajándose en ese plan divino, cada alma llenará su misión, pudiendo ser llamada cada una por su nombre, según corresponda a su creación; ya que, al derramarse Dios sobre ellas, se plasmó en todo su ser, y todas y cada una, llenando el plan divino, son un reflejo creado del Increado.

 
Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia
 
Fragmento del escrito:   “ENCÁJATE EN LA CREACIÓN DE TU ALMA”   
(tomado del libro:  “La Iglesia y su misterio”).

 Nota.- Para descargar el tema completo pulsar aquí.

Fragmento del vídeo de la Madre Trinidad titulado “Sublimación de la cruz ”, que fue grabado el 14 de enero de 1989 (pulse la tecla PLAY):

Dios se conoce y se ama; y ese conocerse y amarse es serse lo que es, conocido, mantenido y abarcado en infinitud. A nosotros nos conoce y nos ama; y ese conocernos y amarnos es, en voluntad creadora, crearnos y mantenernos, que es estar, por potencia de su sabiduría que se identifica con Él mismo, penetrándonos hasta la médula de nuestro ser… ¿Quién nos conoce como Dios? Pues, en Dios, el conocernos es estar en nosotros por potencia de ser. (12-2-67)
Dios nunca nos deja ni de día ni de noche; donde quiera que vayamos, siempre podemos ir en su compañía; y, como el que tiene a Dios lo tiene todo, en cualquier parte estamos bien, si estamos como y donde Él quiere. (21-2-67)
Las cosas expresan el pensamiento y la perfección de su Autor; pero, para comprenderlas bien, es necesario conocer el querer del que las realizó y el fin que en ellas se propuso conseguir al hacerlas. (24-7-70)