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Ahondada y perdida en aquel serse del Ser, adentrándome en la hondura honda, ¡honda…! de su sabiduría eterna, sorprendo aquel instante sublime, instante de vida, de fecundidad, de plenitud, en el cual, sin ser instante, ni segundo, ni momento, en ese acto simplicísimo que se llama Eternidad, está siéndose Dios en sí mismo, para sí mismo y por sí mismo el Acto de ser fecundo en tres Personas.

Y en ese mismo Acto coeterno, el que Se Es, por una complacencia infinita y amorosa, rompiendo en voluntad creadora, quiere, en un querer que es obrar, crear; querer que, en ese mismo instante o acto de ser, obra la creación.

encajate2La creación, para nuestra mente acostumbrada al tiempo, se va desarrollando poco a poco; pero, en el presente eterno de la Divina Sabiduría, es un querer instantáneo en voluntad creadora que ejecuta el Creador. […]

Para Dios no hay antes ni después. En su Mirada fecunda, abrasado en las impetuosas llamas del Espíritu Santo, por el Verbo y en el Verbo, hace todas las cosas.

Y como suprema creación que sale, sin salir, de las manos del Artífice divino, ¡el alma maravillosa del mismo Verbo de la Vida!, en la cual está plasmada y recapitulada toda la creación, de tal forma que cada una de las criaturas animadas e inanimadas son un reflejo acabado del alma del Verbo Encarnado, ya que ella es la imagen más perfecta del mismo Creador.

Después del alma de Jesús, el alma de María, creación única que ha sido hecha por la Omnipotencia divina para ser Madre; tan Madre, que es la Madre del mismo Dios y, como corona de su Maternidad divina, Madre de todas las almas. […]

Descendiendo al hombre, vemos al Artífice divino creando el alma de cada uno como si fuera la única, y derramándose en ella en sobreabundancia de su ser amoroso.

En la luz de Dios y en la verdad de la Eterna Sabiduría, veremos cómo cada ser racional, cada alma, es una creación aparte de todas las demás; y que Dios, al crearlas, se derramó en cada una como una única creación, pudiendo decir como en el Cantar de los Cantares: “Eres mi única, mi paloma, mi escogida entre millares”, porque al crearte Yo, Alfarero divino, no te metí, como los alfareros humanos, en un molde para que salieran muchas iguales, no; te concebí en mi Mirada divina rompiendo en creación, cogiendo por modelo a mi Verbo, en el cual está dicha toda la verdad y la vida divina y humana, y lo hice en el amor del Espíritu Santo.

Al crearte a ti, cualquiera que seas, las tres divinas Personas, de conjunto, se derramaron, complaciéndose en una mirada de creación, para crearte a su imagen y semejanza. Por eso cada alma tiene su fisonomía especial, su belleza particular y su nombre único que le puso Dios el día que la creó, según correspondía a su fisonomía en la creación. Cada una tiene su nombre propio, y no habrá en el cielo ningún ser creado que se llame como ella, porque llevará aquel nombre que Dios, en su infinita sabiduría amorosa, ha plasmado sólo en ella al crearla; nombre que es todo su ser como expresión del Creador, y que reflejará aquel matiz o fisonomía que la Divina Sabiduría quiso poner en ella para llamarla eternamente. […]encajate1

Por eso no andemos mirando a los demás, queriendo imitar tal o cual camino, pareciéndonos mejor lo de los otros que lo nuestro, pues esto supone un desprecio a la creación de nuestra alma, que para Dios es su única entre todas. Conviene por lo tanto que nos encajemos y ajustemos en la voluntad creadora de Dios para con cada uno, que nos hizo de esta manera y no de otra. […]

A cada uno de nosotros, como única creación, la divina Palabra nos está enseñando, como a pequeñuelos, la manera de encajarnos en ese molde divino, con el cual su amorosa voluntad quiere vernos identificados totalmente; molde que se rompió y se desencajó con el pecado original, y que ahora nosotros, a fuerza de identificarnos con la voluntad creadora de la Sabiduría Eterna, iremos poquito a poco reformando hasta hacernos tan conformes a él, que el Creador, el Artífice divino, pueda volver a ver en nosotros aquella creación que, saliendo de su pecho, Él se hizo para su recreo accidental.

La santidad consiste en encajarnos en el plan amoroso que la Sabiduría Eterna tiene para cada uno. Porque ¿qué sería de la amapola si estuviera siempre procurando ser una rosa, por parecerle con su mirada, no con la de Dios, ser la rosa más hermosa que ella? Pues que se pasaría la vida inclinándose hacia la rosa, sin encajarse en aquel plan divino que, al crearla amapola, la hizo tan sencilla, tan simple, tan ingenua, reflejando de esta forma la sencillez de Dios. […]encajate3

– Alma creada por Dios, ¿crees que para el Amor de paternidad infinita es más una rosa que una amapola? ¿No ves que, en cada una de ellas, se derramó el Creador, haciéndola su única, su paloma, su escogida y su amada entre millares?

Sólo encajándose en ese plan divino, cada alma llenará su misión, pudiendo ser llamada cada una por su nombre, según corresponda a su creación; ya que, al derramarse Dios sobre ellas, se plasmó en todo su ser, y todas y cada una, llenando el plan divino, son un reflejo creado del Increado.

 

2-1-1961

 

 
Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia
 
Fragmento del escrito:   “ENCÁJATE EN LA CREACIÓN DE TU ALMA”   
(tomado del libro:  “La Iglesia y su misterio”).

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