Tras este paréntesis del verano –un periodo de merecido reposo para todos- llega el inicio de curso y reanudamos el encuentro para las familias los terceros domingos de cada mes.

Esta convivencia, que se tiene en algunas de las Casas de Apostolado de La Obra de la Iglesia, es una experiencia gozosa de unión y alegría cristiana para todos los miembros de la familia.

En España, tiene lugar, para la zona centro, en la casa de El Pinar de la Rozas (Madrid) y para la zona de Andalucía, en la Casa natal de la Madre Trinidad (Dos Hermanas, Sevilla). En Italia el encuentro tiene lugar en la casa de San Pablo (Rocca di Papa, Roma).

Dicho encuentro es, precisamente, una reunión en un ambiente distendido donde se hace palpable la presencia del Señor: “cuando dos o más se reúnen en mi nombre, Yo estoy en medio de ellos”. Es por ello que comenzamos el Día del Señor celebrando por la mañana la Santa Misa, como momento principal del día. A continuación, la comida, – al aire libre si el tiempo lo permite, o en el comedor – es una ocasión inmejorable para vivir la alegría de sentirse dentro de la gran familia de los hijos de Dios, compartiendo de forma sencilla y espontánea, tanto postres, platos caseros… como inquietudes, gozos, experiencias y anhelos de las familias. Vienen inevitablemente a la mente, las imágenes de la Iglesia naciente de los primeros capítulos de los Hechos de los Apóstoles: “la perseverancia en la oración unánime” y la “alegría y sencillez de corazón” que tanto cautivaban a los que los veían.

Por la tarde, mientras los niños y niñas se divierten con los juegos y actividades que para ellos se organizan y tienen también su ratito de formación y la visita a Jesús en el Sagrario, los mayores disfrutan de uno de los platos espirituales fuertes de la jornada: una charla o un vídeo de la Madre Trinidad seguida de un enriquecedor coloquio. Quienes seguís más o menos habitualmente este blog estáis gustando ya una pequeña parte de la inmensa luz con la que Dios está inundando su Iglesia a través de la Madre Trinidad. ¡Cuánto bien hace a nosotros y a nuestras familias recibir esta luz también en este ambiente de convivencia y expansión con otras familias cristianas, para hacer nuestra fe más viva y que sea ella la que oriente y mueva nuestra vida!

Todo esto en un ambiente de amistad y verdadera unión en el Señor, lo que hace de este “Domingo de las Familias”, un día festivo, tanto para el que acude por primera vez como para los ya asiduos. Un verdadero descanso y una renovación humana y espiritual.