Leer este tema sobre la dimensión profunda del sacerdocio es como asistir asombrado al desgarro de un decorado precioso que, al caer, deja al descubierto un paisaje real e inmensamente más bello.

La hermosura que se percibe en la labor externa del sacerdote, cuando se mira con ojos limpios y corazón sencillo, palidece al contemplar – a la luz de este tema – la realidad que esta esconde. “¿Sabes que (…) todos los días, por ti, Dios prolonga el gran misterio de la Encarnación en tu mismo altar, entre tus manos, pudiendo decir que, por tu medio, el Verbo hecho carne habita entre nosotros?”

Descúbrelo tú mismo en este texto. Agradece a Dios el gran regalo del sacerdocio. Ámalo, defiéndelo y ¡aprovéchalo!, pues el Señor lo instituyó para su gloria y para ti.

 

Concelebración de la Santa Misa presidida por el Obispo Donald Lippert de Papua Nueva Guinea, en la casa natal de la Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia, en Dos Hermanas (Sevilla)

 

Sacerdote de Cristo, vive tu sacerdocio; estate “entre el vestíbulo y el altar”, siendo mediador entre el cielo y la tierra; llena tu misión de ser padre de todas las almas, sabiendo que el Señor te llamó, ante todo, “para estar con Él”.

“Entre el vestíbulo y el altar” oren los sacerdotes, no sea que, habiendo sido escogidos para dar gloria a Dios y vida a los hombres, por su pobre vida de oración sean infecundos, no llenen su vocación y vengan a convertirse en piedra de escándalo de esas mismas almas que les están encomendadas. […]

Sacerdote de Cristo, vive tu sacerdocio. […] Solamente mediante una vida de profunda e intensa oración podrás recibir el Cántico eterno del Verbo, que, a través de su humanidad, en silencio, Él quiere cantar a tu alma. […]

El ser sacerdote es algo que te exige mucho más que a los demás cristianos. A ti se te pide una gran santidad, que esté en consonancia con la predilección que el Amor Infinito tuvo sobre ti, al llamarte al sacerdocio. […]

Entra dentro de ti, sé sincero y procura ser fiel. En secreto, responde al Amor que te pide que tú, al menos, le conozcas, que sepas de su intimidad, que recibas su secreto. […]

Mira, sacerdote de Cristo: el Padre está en tu alma, […] y está derramando sobre ti su Palabra […], en Canción divina de silencio indecible. El Espíritu Santo está besando tu alma, […] y se está depositando en ti para hacerte conforme a Él.

Ungido del Señor, ¡atento!, que la Eterna Trinidad está recibiendo tu Sacrificio y se te está dando en retornación de amor, para que tú seas Dios por participación y le des a todas las almas. […]

Has de saber que si no vives tu sacerdocio, eres como el mayordomo del Evangelio, que, escondiendo su talento, fue infecundo. […]

¿Sabes que puedes mandar en el seno infinito de la Trinidad, de manera que, a tu palabra, se abra ese seno adorable, y el Verbo, puesto a tu disposición, obre el milagro de la transubstanciación…? Todos los días, por ti, Dios prolonga el gran misterio de la Encarnación en tu mismo altar, entre tus manos, pudiendo decir que, por tu medio, el Verbo hecho carne habita entre nosotros; y también cada día, por tu palabra, se realiza el misterio de la cruz y de la resurrección. ¡Qué dicha la tuya poder dar a Dios “todo honor y gloria…”! ¡Qué descanso para el alma enamorada es el Sacrificio del altar…! […]

Sacerdote, ¡ora…, ora…! Ora para que vivas tu sacerdocio, para que tengas experiencia de que Dios te oye, para que seas omnipotente ante el Infinito, para que te llenes de su vida y entres en el misterio profundo del alma de Cristo, en el océano virginal del alma de María y en la riqueza infinita de tu Iglesia santa; y así, des vida en abundancia, como Jesús de ti lo desea, y todo el que se te acerque, quede vivificado. […]

¡Ay sacerdote!, tú, al menos, vive tu vocación. […] ¡Qué hondura la de tu vocación…! Tú has sido llamado para cooperar con la Iglesia a dar su mensaje de vida divina. […]

Vive sólo y exclusivamente para Dios, aparta de ti todo lo que no sea Él, entrégate a vivir tu Misa. […]

Pesa sobre ti una gran responsabilidad. No des a las almas ideas aprendidas en el estudio frío de la Teología. Ya sabes que “el que se apoye en el pecho de Cristo será predicador de lo divino”. […]

¡Silencio! Haz silencio, sacerdote de Cristo, y escucha, que el Eterno Sacerdote te habla, te está diciendo su divina Palabra. […]

Por eso, lo que hoy quiero comunicarte, al pedirte que vivas tu sacerdocio “entre el vestíbulo y el altar”, no es precisamente que vayas al Sagrario con un libro de meditación, sino que te pongas sobre el pecho de Cristo a beber tu sacerdocio, y, ahondándote en ese divino costado, leas en el Libro abierto que el Verbo quiere deletrearte. […]

Apóyate en el costado divino del Maestro y serás teólogo, aprendiendo la ciencia divina del Amor. […]

Estate mirando al Sagrario con amor; dile un sí silencioso y prolongado; mírale, que Él te mira; ámale, que te ama; espérale, que te espera…

Todo esto, y muchas más cosas que yo aquí no te diré, es oración y gran oración. […]

Hijo de mi alma-Iglesia, pregonero del Amor Infinito, mensajero de la Paz, cantor del infinito Amor, ungido para descubrir las riquezas del ser de Dios… […] Aprende la Palabra de la Sabiduría eterna para que sepas lo que has de decir, y di a los hombres lo que, en la intimidad con el Amor, aprendiste. […]

Sacerdote de Cristo, entra dentro de tu interior, sé alma de oración, y escucha, que te habla Dios. Aprende a escuchar para que sepas responder al Sumo y Eterno Sacerdote, que te escogió principalmente “para estar con Él”, y así, llenándote de su vida y comunicándote su secreto, “mandarte a predicar”. […]

Perdóname si te insisto: sé que la fecundidad de tu vida depende del grado de intimidad que tengas con el Señor, porque he aprendido, apoyada en el pecho de Cristo, que la sabiduría amorosa no está en los libros. Por eso me siento llamada a decirte incansablemente que hagas oración. […]

Cristiano, cualquiera que seas, ¡vive tu sacerdocio! para que pueda decir Jesús: “Padre santo, Yo te he conocido, y éstos han conocido que Yo salí de ti. Yo les di a conocer tu Nombre y se lo daré a conocer aún más…”

¡Orad…! ¡“Orad, para que” seáis fieles, deis vida a las almas y “no caigáis en tentación”!

 
Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia
 
“ENTRE EL VESTÍBULO Y EL ALTAR” 
(Extracto del libro “La Iglesia y su misterio”)

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