Es lícito preguntarse cómo el alma-Iglesia recibe la sabiduría amorosa. La respuesta es obvia: en la vida de oración y de intimidad familiar con Dios. Por eso quien conoce el dogma en modo vital, es también un óptimo maestro de vida espiritual.

Comprender que la necesidad de orar y vivir en intimidad con Dios es un reflejo de los deseos que Dios tiene de estar con nosotros significa vivir de la sabiduría divina. Allí vivimos por ser Iglesia. Y ese es el sitio de todos.

 

“El habla de Dios en sí y para sí,
y en manifestación de sabiduría amorosa hacia fuera”

 

La vida de Dios es un misterio de conversación infinita pronunciada por el Padre, donde todo está dicho en la exuberancia pletórica de la Expresión del Verbo, tan sabrosa, deleitable y descansadamente, que toda la potencia sida y poseída del eterno Serse rompiendo en fecundidad de paternidad infinita y amorosa es deletreada y paladeada, sin palabras de acá, en la sustancial Palabra que al Padre, en resplandores de santidad, le brota de su seno en inagotable manantial de conversación.

Dios se es Palabra para poderse decir en su necesidad infinitamente perfecta, eterna y abarcada de expresarse. Pero Palabra que, por perfección de su infinita explicación, lo tiene dicho todo en el reventón de sabiduría que, fluyendo del seno del Padre, rompe en Dicho eterno y personal por el Verbo: Palabra cantora en deletreo consustancial de infinitud infinita de atributos y perfecciones. […]

Ya está todo dicho en el Seno-Amor por una Palabra, eterna e infinita, de tanta afluencia que, siendo Persona, es Habla de Dios… […]

¡Ay si yo dijera de alguna manera, con mi pobre acento y en mi ruda voz, lo que yo barrunto cuando, trascendida, Dios prorrumpe en voces en mi captación…! […]

Pues apercibo la actuación del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, en el conjunto perfecto de su actuar y en el modo personal y peculiar de cada una de las divinas Personas. […]

Y es tan maravillosa la actuación del Eterno en la médula del espíritu, como maravillosa también la captación que Él infunde en lo profundo y recóndito del alma para distinguir lo que las divinas Personas dicen u obran en el interior, cada una en su modo de ser, de obrar y de manifestarse. […]

Y lo sé porque Dios me lo manifiesta y me lo dice, sin palabras y sin conversaciones de acá, en un decir que es obrarse y realizarse en mí cuanto Él es, vive y me quiere comunicar. […]

El obrar de Dios en el alma es conversación que, penetrándonos con su sabiduría en la médula del espíritu, nos va enseñando su modo de ser y de obrar, capacitándonos para captarle. […]

Dios no dice nada al modo de acá, se hace sentir en paso de Eternidad. […]

¡Cuántas veces Dios quiere tener sus coloquios con el alma…! Y la besa al modo trascendente de su coeterna y virginal perfección, infinitamente distante y distinta de todo lo de acá…; la festeja…, la ama…, la penetra…, la hermosea, la engalana…; la enjoya…, la envuelve, la ennoblece y la satura…; la mece en su arrullo y la acaricia en su seno… […]

¡Misterios entre Dios y el alma, entre la criatura y el Creador, entre el Todo y la nada…! […]

Y estos «pasos» del Seyente en el misterio de su pasar, besar y posarse, que son diversísimos en sus modos, maneras y estilos; son siempre comunicación de espíritu a espíritu en sabiduría sabida amorosamente, que va enseñando a la esposa el decir, en obrar misterioso, de su divinal Consorte… […]

¡Y quiero, mi Señor, escuchar en mis ratos de Sagrario a tu Verbo Infinito, entre velos, en esta sublime y celestial manera en que Tú te has querido comunicar a los hombres…! […]

Porque es Dios quien le habla –pues en el sagrario está el Ser–, y ella bien lo apercibe…; ¡pero el mismo Dios hecho hombre y oculto en el misterio de la Eucaristía…! […]

Y el alma-Iglesia que vive de fe, llena de esperanza y encendida en las llamas candentes y deleitables del Espíritu Santo; en lo recóndito de su corazón, donde mora Dios en secreto de misterio, y en saboreo de amorosa comunicación en intimidad con el Dios del Sacramento, junto a los pies del sagrario; escucha conversaciones eternas ante la cercanía en paso del Infinito en divinos silencios…, que la lanza, llena de esperanza, en su búsqueda incansable hacia el encuentro del que ama. […]

Por eso, dame, Señor, tu pensamiento para conocerte, tu Palabra para expresarte y tu Amor para amarte; y así podré realizar, bajo la luz del Espíritu Santo y la fuerza que me invade, tu mandato inscrito en mi alma y grabado, lacrado y sellado como a fuego en lo más profundo de mi corazón:
«¡Vete y dilo…!»; «¡Esto es para todos…!».[…]

Yo sé el hablar de Cristo en el sagrario, tras el silencio dulce de la Eucaristía, y la conversación maternal de Nuestra Señora toda Blanca de la Encarnación cobijando mi alma en su regazo amoroso; como la canción de la Santa Madre Iglesia, Esposa inmaculada del Cordero, en su esplendor lleno de santidad y refulgente de hermosura, y el lamento desgarrador de su pena dolorida taladrando las entrañas de mi alma en la hondura de mi pecho.

Pero lo que no sé decir a los demás es cómo son estas «conversaciones» comunicativas entre Dios y mi alma, porque no cabe en la palabra humana la actuación infinita del Eterno Ser…

Por eso, el descanso de mi vida se remansa silenciosamente en mi postura sacerdotal, que, postrándome en adoración reverente, me hace recibir a Dios; y, respondiéndole, reparar su Santidad infinita ultrajada y ofendida y comunicarle a los demás en descanso de amor; retornándome, en mi misión universal, con los hombres de todos los tiempos que han sido, son y serán, ante el Infinito Ser como un himno de alabanza y de gloria que se goza en que Dios se sea en sí, por sí y para sí, todo cuanto puede ser, sido, disfrutado y poseído, en Conversación infinita en rompiente eterna de fluyente felicidad.
[…]

 
Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia
 
“EL HABLA DE DIOS EN SÍ Y PARA SÍ, Y EN MANIFESTACIÓN DE SABIDURÍA AMOROSA HACIA FUERA” 
(Colección “Luz en la noche. El misterio de la fe dado en sabiduría amorosa”  Opús. nº 16)

 Nota.- Para descargar el tema pulsar aquí.

Fragmento del vídeo de la Madre Trinidad titulado “Vivir en perfección”, que fue grabado el 10 de septiembre de 1988 (pulse la tecla PLAY):

Dios se es la perfección apretada en comunicación sapientalmente amorosa de Familia Divina; y, como es, se comunica y manifiesta hacia fuera; siendo entendido solamente por el que, penetrando con la luz del Espíritu Santo en su modo de ser y de obrar, le descubre y se hace capaz de manifestarle en su misterio. (15-9-76)
El hablar de Dios al alma, es la infusión de su divina sabiduría en lo recóndito de nuestro ser, iluminando el entendimiento en los porqués de su ser y de su actuar.
(19-4-77)
La Palabra infinita, en su decir, se va plasmando dentro del alma en el concierto de su melodía, sin nada pronunciarle al modo de acá, pero con el «sonido» y «arrullo» sabrosísimo de su conversación sagrada.
(18-8-73)