La música, la melodía y el cantar son necesidades de la familia humana, especialmente del mundo juvenil, que es particularmente sensible y deseoso, a veces inconscientemente, del mundo espiritual.

“La más sublime y expresiva canción” es la cruz de Cristo, porque es fruto de su amor infinito. ¡Amor sublime, amor cantado, amor expresado! Y tristemente, por muy pocos conocido y saboreado.

 

 

«La más sublime y expresiva canción»

 

         Señor, yo sé que en la Eternidad mi pureza de amor estará en gozarme en que Tú seas la Felicidad infinita fluyendo en tres Personas, en ti, por ti y para ti; y que la pureza de mi amor en la tierra te la demostraré en la medida en que yo me abrace con Cristo, y Éste crucificado, encontrando en sufrir por darte gloria el gozo del gran secreto de la cruz. (1-2-64)

         La cruz es el triunfo del amor, y por esto nos acompañará siempre la paz sagrada que en ella se da. (6-1-75)

         Junto a tu cruz, ¡cuánto comprendo! ¡Palabra infinita en silencio…! Palabra eterna, ¿por qué callas…? ¡No callas; hablas muriendo en silencio! (19-1-76)

        ¡Qué canción de amor y dolor le canta Cristo al Padre…! ¡Qué Misa le canta en la cruz! Él es el Gran Sacerdote, el único Sacerdote eterno, víctima de amor y dolor. (27-3-59)

        En la cruz o en Getsemaní, la predicación de Jesús fue sudar sangre en terribles agonías y morir de amor y dolor por la gloria del Padre y la salvación de los hombres. (29-1-77)

        Las grandes donaciones exigen grandes renuncias y grandes respuestas. ¡Cuánto nos amó Jesús y cuánto le costamos! (16-8-77)

Imagen de Cristo crucificado. Capilla de la casa de “San Pedro Apóstol”, uno de los centros de apostolado de La Obra de la Iglesia en Roma.

        ¡Qué cruz más dura la tuya, Jesús!, y ¡qué fría y qué desnuda de consuelo! Pero en ella se obró la Redención… (11-3-77)

        El Señor nos amó tanto, que, extendiendo sus brazos, nos llamó a sí; y, al ver que no acudíamos, en un grito de amor infinito, nos dijo: hijo, ven a mí, y si no me quieres amar, clávame en la cruz, en la cual te expresaré el gran amor que por ti me abrasa, y así, con mi costado abierto, te daré la vida que fluye de mi corazón. (1-2-64)

        Tú te eres el Amor… Y ¡qué dulce es saber saboreablemente esta verdad! Pero Tú estás en la cruz, porque el amor es entrega. (13-4-76)

        El sufrimiento es el camino que Cristo nos marcó para encontrarnos con Él, que murió crucificado para decirnos hasta dónde nos amaba. (25-1-67)

 

Pensamientos de la Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia,

tomados del Libro “Frutos de oración”