¿Por qué quieres ir al cielo? Porque serás feliz, evidentemente. Pero, ¿has pensado alguna vez en qué consistirá exactamente nuestra felicidad allí? Cuando contemplemos a Dios en su luz, en su grandeza, en la maravilla de su ser, nuestro mayor gozo será precisamente esa grandeza. Tanto, que romperemos con los ángeles y los santos en un himno de alabanza a Dios, y nos uniremos a Él en un abrazo de adoración jubilosa. Es decir, nos gozaremos en que Dios sea lo que es.

Y si pudieras tener ya, aquí en la tierra, esa felicidad… ¿no correrías tras ella?

En este artículo, la Madre Trinidad nos enseña la “fórmula de la felicidad” en la tierra y en el cielo: el amor puro. ¡Qué fino, qué profundo y qué verdadero es amar a Dios así!

 

  

03-09-1969

«Gocémonos en que Dios sea lo que es»

 

La Eternidad es el acto de amor puro, vivido por Dios en la intercomunicación eterna de las tres divinas Personas.

Dios tiene su gozo infinito en la posesión perfecta de serse Él en sí lo que se es en un acto dichosísimo y trinitario. […]

La Eternidad tiene el centro de su gozo y la plenitud de su bienaventuranza en que Dios sea lo que es y como lo es. Porque así como Dios, por perfección de su naturaleza, no puede esencialmente gozarse en ninguna cosa fuera de Él, así el alma, al encontrarse en la participación del mismo Infinito, queda adherida a Él en su modo de ver, en su modo de sentir, en su modo de gozar. Dios le da su Mirada para que le mire, su Expresión para que le cante, y su Amor para que le ame. […]

Y como Dios esencialmente no puede gozarse más que en lo que Él es por la perfección infinita que encierra en sí, a pesar de tener capacidad infinita también de gozarse infinitamente, el hombre, puesto frente a Dios, […], queda repletado y saturado en la embriagación infinita que la contemplación de la perfección eterna le proporciona.

Y ¡oh sorpresa!, llega a obrarse un gran milagro: la criatura, con su mente pequeñita y acostumbrada a gozarse en las cosas creadas, ante la contemplación del Sumo Bien, en posesión de saturación total, queda, en el mismo instante en que entra en la Eternidad, convertida en un acto de amor puro que tiene la plenitud y la felicidad de su gozo en que Dios sea lo que es de por sí. […]

Dios es tan grande y tan infinito como bueno, como amor, como comunicación. Y mientras más grande le veamos, más grande será nuestro gozo, el gozo que nos proporcionará la contemplación de que Dios sea lo que es de por sí.

Un segundo gozo tendremos en la Eternidad, que será gozarnos en que Dios esté en nuestra alma poseído y poseyéndola.

Pero hasta ese mismo gozo tiene dos partes. La primera pertenece al gozo esencial, y consiste en gozarnos en que Dios esté siéndose lo que es en el alma, no porque esté en el alma, sino porque Él se lo sea poseyéndonos según su voluntad.

Y la segunda parte… ¿Es que hay segunda parte en el gozo de los bienaventurados? ¿Es que puede el hombre, contemplando a Dios, volverse para gozarse en algo propio? ¿Es que es tan pobre Dios que no puede llenarnos totalmente? ¡No! Es que es tan pequeñita nuestra mente, que si yo aquí en la tierra, al hablar de la posesión del Infinito, no pongo un gozo en el cual el hombre sea el primer actor, su pensamiento egoísta y acostumbrado a vivir para sí y de los sentidos corporales, entendiéndolo todo a lo humano, parece que se queda en el vacío; no comprendiendo con su mirada raquítica que haya algo más grande que él y que pueda gozarse con tal perfección en el gozo ajeno, que llegue a olvidarse totalmente de sí. […]

Dios es Mirada infinita, Contemplación eterna, en una fecundidad tan rica, tan plena, que rompe engendrando en un reventón de Sabiduría tan expresivo, que la Explicación infinita de esta eterna Sabiduría es persona. Y esta Persona, Palabra eterna, es tan infinita, es tanta Explicación, que es toda la infinita perfección en deletreo eterno. Y esta perfección de Sabiduría infinita rompiendo en Explicación, entre el Padre y el Hijo, es de una adhesión tan perfecta y de una intercomunicación tan infinita, que hace surgir, en gozo perfecto de sabiduría eterna, el amor infinito en Persona Amor, el Espíritu Santo.

Y Dios, que se es así y tiene su gozo en su modo de ser trinitario y personal, por la unidad de su ser, nos da todo cuanto es, no para que lo seamos, porque eso es lo que le hace a Dios serse lo que es y es intrínsecamente suyo, sino para que lo poseamos y, haciéndonos una cosa con Él, le gocemos. […]

Hoy mi alma quiere ser un himno de alabanza a la gloria de Dios, por la atracción que en mí noto a gozarme siempre en que Él sea feliz, a buscar siempre y sólo el que Él esté contento, a procurar que todos cuantos me rodean sean descanso para Dios. […]

Cuando procuramos que los hombres se gocen en que Dios sea lo que es, estamos dándoles la máxima felicidad, haciéndoles llenar su fin, […]

Gracias, Señor, porque este sentir –Tú bien lo sabes– es la respiración de mi ser […]. ¡Gracias, Señor; gracias, Señor; gracias, Señor…! ¡Gracias por tu modo de ser y actuar, eterno, perfecto y feliz!

 
Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia
 
Escrito:  “Gocémonos en que Dios sea lo que es”. 
 
(Del libro “La Iglesia y su misterio”)

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