El himno antiquísimo que cantamos durante la liturgia eucarística de “Gloria a Dios en el Cielo” es un tesoro que encierra un contenido sublime y es de una enorme eficacia.

Cuando damos gloria a Dios, somos de su complacencia, pues nos situamos en la verdad de nuestro ser: criaturas ante su Creador; y alcanzamos la plenitud de nuestra identidad.

¡Qué sublime es adorar a Dios prescindiendo de nosotros mismos!

 

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Pensamientos de la Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia, tomados del Libro “Frutos de oración”:

         La gloria de Dios es tan infinitamente perfecta, que es el gozo infinito del infinito Ser, en necesidad infinita de gozarse infinitamente. (14-10-74)

        ¡Gloria a Dios!, cantan los ángeles. ¡Gloria a Dios!, es el grito de los santos y de los bienaventurados. ¡Gloria a Dios!, dice mi alma llena de gozo al ver lo feliz que es Él en su júbilo infinito de alegría eterna. (4-10-62)

    Cuando nos ofuscamos, manifestamos a los demás, no los misterios sobrenaturales de nuestra Iglesia santa, sino la confusión que, de todos ellos, nuestra mente oscurecida es capaz de captar y vivir. (17-12-76)

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         ¡Yo quiero, yo necesito glorificar a Dios! Sólo para eso mi vida tiene sentido y razón de ser. Porque yo no tengo más contento que ver a mi Dios contento; no por ser yo quien le vea, no, sino porque Él se sea contento en Él, por Él, para Él y sin mí. Pues, si su gozo dependiera de mí, ya Él no sería infinitamente feliz, y entonces no sería Dios. Y, si Él no fuera como es, yo no sería feliz al no verle a Él infinitamente dichoso. ¡Gracias, Señor, de que te seas como eres y por lo que lo eres! En eso sólo está mi gozo esencial. (8-1-75)

         ¡Sólo Dios en lo que es…! Todo lo que no es Él, no es. Las cosas sólo tienen un sentido, un principio y un fin: ¡la gloria de Dios! (18-1-77)

    Señor, te damos gracias por tu inmensa gloria; queremos ser una glorificación sobre la tierra, de tu eterno Seerte en el esplendor de tu infinita majestad. (8-1-75)

         En el cielo sólo reina la gloria de Dios; en el monte Calvario, sólo la gloria de Dios; y en la comunicación íntima del alma con Dios, sólo su gloria. (30-12-59)

        Yahvé, mi gloria es tu gloria; a ti sea dada toda gloria en el cielo y en la tierra. (12-12-61)

    Sólo busco tu gloria, y ésta la encuentro en la medida que procuro poner en el corazón de los hombres y en el mío este único deseo. (18-8-74)

         Quiero vivir y morir sólo para glorificar a Dios porque ninguna otra apetencia tengo en mi corazón; y, en la medida que le glorifico buscando el modo más perfecto de realizarlo, descanso. (18-9-74)

         Difundamos la Palabra del Padre, y así se extenderá la Iglesia y vendrán todas las almas al seno de esta Santa Madre a embriagarse con la alegría que en ella se encierra. (21-3-59)