La humanidad de Cristo es la esposa del Verbo, la complacencia y recreo de las tres divinas Personas; creación nueva, en la cual y por la cual, el mismo Dios altísimo, haciéndose Hombre y perdonando la culpa que el hombre había cometido contra la Infinita Santidad, puede manifestarnos los misterios recónditos de su adorable ser, en canción de amor.

¡Cristo mío!, qué matices casi infinitos has puesto en tu humanidad, haciéndote la maravilla que cantas, por tu voz humana, las infinitas perfecciones e incomparables arcanos del misterioso ser de Dios.

cascada-del-molino-de-san-pedroAlma de Cristo, en la que el mismo Dios, mirando a su Verbo, plasmó, como nueva creación, por encima de todo lo creado y a lo finito, todas las infinitas perfecciones y matices que, en su simplicísimo ser, Él se es… ¡Qué participación y transformación la tuya en cada una de las perfecciones infinitas que, en infinitud de matices, rompen, por infinitud de perfecciones, en una sola y simple perfección…! […]

¡Oh creación de la naturaleza humana de mi Cristo…! Toda la Trinidad, en su serse inmutable, está como en un delirio de amor infinito, presurosa y alegre, enjoyando y engalanando, hermoseando y enriqueciendo aquella criatura que, saliendo de sus manos, tenía que ser la lira finísima por la cual el mismo Verbo de la Vida daría su sonido de divinidad a todos los ángeles y a todos los hombres. […]

¡Oh maravilla de luz indecible…! Es la Luz increada la que, embistiendo amorosamente por el Espíritu Santo en la humanidad de Cristo, la engalanó y la hizo tan hermosa, ¡tan hermosa!, que el mismo Verbo infinito, no pudiendo contenerse más, ante el impetuoso fuego del Espíritu Santo que le empujaba y del Padre Amor que le enviaba, se une hipostáticamente a aquella criatura que, cual arpa finísima, al unirse al Verbo de la Vida, repercutiendo en ella esta unión íntima y profunda entre Dios y su criatura, tan íntimamente se fundieron, que, en la pulsación infinitamente amorosa de ese encuentro divino, estremeciéndola en el Espíritu Santo, el Verbo del Padre la hizo dar su misma Voz de divinidad por todos los ámbitos del Cielo y hasta los últimos confines de la tierra. […]

¡Qué matrimonio espiritual con el mismo Dios santísimo…! Matrimonio perfecto, en el cual los mutuos bienes se tornan y se retornan como regalo infinito de eternas bodas. […]

¡Con qué alegría, en el mismo instante de ser creada, oirías del Verbo aquellas palabras que, grabándose en ti, obraban lo que decían en un decirse eterno, como donación de Esposo en regalo de boda, palabras que te sabían a vida eterna: “Todos mis bienes son tuyos, y los tuyos, que Yo te he dado, son míos…”! […]

¡Día de la Encarnación…! Día de regalos, de fiestas, de bodas eternas entre el Creador y la criatura… […]

¡Qué abrazo el de la humanidad de Cristo con el Verbo de la Vida…! ¡Qué coloquios de amor en desposorio eterno, abrasada en las impetuosas llamas del Espíritu Santo que la envolvían, la saturaban y unían al Verbo, su Esposo…! […]

¡Cristo mío…! ¡Puente único por donde los hombres van a Dios y por donde Dios se da a los hombres…! […]

¡Ya tiene Dios, sí, ya tiene Dios un Hombre que, siendo Hombre, es Dios…!

¡Ya tiene Dios un Hombre que, siendo Dios, es Hombre…!

¡Ya tiene el Cielo un Hombre que es el Verbo de la Vida…!

¡Ya tiene la tierra, en un Hombre, al Verbo del Padre…! […]

¡Oh, el momento de la Encarnación…! ¡Veo al Hombre siendo Dios y a Dios siendo Hombre…! ¡Y no lo puedo explicar…!

¡Veo la diferencia total de las dos naturalezas…! ¡y la unión de las dos naturalezas en una sola Persona…! […]; a Dios siendo Dios, separado a una distancia infinita de la naturaleza humana de Cristo… Y que por su unión hipostática, íntima, Cristo es Dios… ¡Y no lo puedo explicar! […]

¡Oh humanidad de Cristo, que eres la humanidad del Verbo Encarnado…! ¡Cómo te veo metida en la vida de la Trinidad…! Eres el reflejo perfecto del mismo Dios altísimo, espejo inmaculado donde se miran y recrean las tres divinas Personas.

Cristo mío, te veo metido en la Familia Divina, porque, a pesar de verte a una distancia infinita de la Deidad en tu naturaleza humana, por tu Persona eres Dios. […]

Jesús, capacidad infinita en tu Persona divina y capacidad limitada en tu naturaleza humana, ¡cómo al verte participando, en tu naturaleza humana, de la vida de la Trinidad de esa manera tan eminente y tan regalada, tu capacidad finita de Hombre, amando, conociendo y expresando la misma vida de la Trinidad, rompería en un éxtasis ante el Dios increado, por exigencia de su misma contemplación gloriosa, en adoración profunda de tu naturaleza humana, ante tu naturaleza divina…! […]

Así que la vida de Cristo sobre la tierra fue un conocer, recibir, responder, expresar y amar a Dios, y un adorarlo en lo que lo conocía y en lo que le quedaba por conocer. […]

El Verbo, Palabra infinita del Padre, coge a su naturaleza humana como tornavoz para seguir cantando a Dios en el Hombre y cantar al hombre, como Dios, su vida eterna. Canción que Él dejó depositada en el seno de la Iglesia, por María, para prolongar su misión de decirnos su vida durante todos los siglos; canción que la Iglesia, unida a Cristo, en su liturgia, vuelta hacia el Padre, le canta durante todos los tiempos; siendo la Iglesia la que continúa el cántico de Cristo a Dios y a las almas.

Gracias, Señor, por haberme enseñado hoy el misterio de la Encarnación desde el seno de María, y así haber conocido las grandezas de Cristo y las grandezas de la maternidad de María ¡tan desconocidas!

¡Gracias, Madre, por haberme acurrucado en tu regazo y sostenido con tu maternidad para que no muriera al contemplar el gran misterio de la Encarnación!

17-1-1960

 
Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia
 
Fragmento del escrito:  “EL GRAN MISTERIO DE LA ENCARNACIÓN”.
(Colección “Luz en la noche. El misterio de la fe dado en sabiduría amorosa” Opús. nº 3)

 

Nota.- Para descargar el tema completo pulsar aquí: “El gran Misterio de la Encarnación”.pdf

 

 

 SantaMariaMadredeDios

El que vive del Espíritu Santo es llevado a María, y Ella le muestra en su seno el secreto de la Encarnación, donde el Padre dice al hombre su vida, por su Hijo, en la virginidad maternal de la Señora. (22-12-74)

El Verbo Encarnado abarca, en la realidad de sus dos naturalezas, la Eternidad y el tiempo, la divinidad y la humanidad, la criatura y el Creador, en una unión tan perfecta que, siendo Él en sí el Cielo y la tierra, no tiene más persona que la divina. (15-10-74)

Cristo es tan sumamente maravilloso, que Él mismo es la Unción y el Ungido; la Unción en cuanto Dios, y el Ungido en cuanto hombre, teniéndolo todo realizado en sí por la plenitud exuberante y trascendente de la Encarnación. (15-10-74)

En el misterio de la Encarnación están recopilados todos los misterios de la vida de Cristo, porque encierra en sí la donación de Dios al hombre y la injerción del hombre en Dios; siendo manifestada y consumada esa donación mediante la vida, muerte y resurrección de Cristo, según la voluntad del Padre, bajo el impulso y el amor del Espíritu Santo. (12-1-67)

La Encarnación es el acto amoroso de Dios, lleno de compasión y misericordia infinita, derramándose sobre el hombre en el seno de la Virgen con voluntad redentora. (27-3-62)

Gracias, Señor, porque te hiciste Hombre y, por ello, eres capaz de sufrir, morir, resucitar e, incluso, quedarte durante todos los tiempos en la Eucaristía, prolongando todo el misterio de la donación de tu amor en la Iglesia por medio del sacerdocio. (4-4-75)