Un recorrido profundo, abundante de contenidos y fuertemente sugestivo, a lo largo de la riqueza del dogma, sumerge al alma en profundidades y cumbres de ensueño.

El misterio trascendente y luminoso de la fe, descubierto en su profundidad, es el único alimento para el alma-Iglesia, que encuentra en él la plena satisfacción para sus hambres casi infinitas.

 

“Dios mismo, en comunicación de Familia Divina,
es el vivir palpitante de la Iglesia”

 

Ahondada penetrativamente en el pensamiento divino, abismada en su profundidad y adentrada en su trascendente, infinito y eterno misterio; necesito, del modo que le sea posible a la pequeñez de mi nada y la pobreza de mi ruindad, expresar algo de lo que mi alma, trascendida a la excelencia del Infinito Ser, bebiendo en los raudales de su eterna sabiduría, descubre de las donaciones de Dios a su Iglesia; las cuales se nos comunican a través de su dogma riquísimo por el misterio de la fe, sublimada por la esperanza y encendida en el amor; bajo el impulso de Dios que me lanza a expresar del modo que pueda lo que pone en mi alma, y voy recibiendo con corazón sencillo y espíritu abierto en la sapiencia de su coeterna e infinita voluntad durante mis largos ratos de oración, especialmente cerca del sagrario junto al Dios del sublime Sacramento. […]

Experimentando el néctar riquísimo de su misma Divinidad, que me hace adherirme por mi vida de fe, llena de esperanza y repleta de caridad, al mandato del Padre, cuando «en la montaña sagrada desde la magnífica gloria se hizo oír aquella voz que decía: “Éste es mi Hijo muy amado en quien tengo mis complacencias; escuchadle”» (2 Pe 1, 17-18; Mt 17, 5). […]

Dios quiso comunicársenos, y para eso Cristo vivió en la tierra treinta y tres años. Pero eso era poco a su amor infinito. Por lo que deletreándosenos como Palabra del Padre en sabiduría amorosa de infinitos cantares, amándonos y entregándosenos hasta el fin, nos amó hasta el extremo y se quedó con nosotros hasta la consumación de los tiempos en el seno de la Iglesia, Nuevo Pueblo de Dios. […]

La fe es la que nos pone en contacto con Dios, porque es la que nos deletrea los misterios riquísimos de nuestro cristianismo; «es seguridad de lo que se espera y prueba de lo que no se ve» (Heb 11, 1).

La fe no es creer fríamente lo que no se entiende; «también los demonios creen y tiemblan» (St 2, 19). Es recibir en sabiduría amorosa, bajo la luz, la fuerza y penetración del Espíritu Santo, todo lo que el Verbo, a través de María, nos comunica en el seno de la Iglesia manifestándolo en obras y frutos de santidad.

Vivir de fe es vivir de Dios, de Cristo, de María; es engolfarse en la vida de las tres divinas Personas; es recibir el mensaje del Verbo Encarnado; es cobijarse en la Maternidad de María; es escuchar, recibir y adherirse a todo lo que nos dice la Iglesia, recibido de Cristo, en su comunicación de amorosa y sapiental sabiduría de los misterios divinos. […]

¡Qué alegría tan grande siente mi alma de ser cristiana…! ¡Qué dogma tan maravilloso el de mi Iglesia Santa…! ¡Qué felicidad vivir de fe, esperanza y caridad, y qué gozo saber que, para el cristiano que vive su cristianismo, no hay fronteras ni de tiempo, ni de lugar, ni distancias, ni siglos…!

Hijo de la Santa Madre Iglesia, como en Dios no hay tiempo y para el alma-Iglesia no hay riberas, todo lo que fue hace veinte siglos, tú lo puedes vivir realmente ahora por medio de la fe, la esperanza y la caridad y a través de la Liturgia.

¡No tengo que envidiar a nadie!, pues he escuchado que el Señor dijo a Tomás: «Has creído porque has visto; bienaventurados los que sin ver creerán» (Jn 20, 29). […]

Ante la fuerza de la oración, no hay nadie que quede sin recibir el influjo del alma-Iglesia que vive profundamente su cristianismo; siendo su irradiación según la participación que por su vida de fe, esperanza y caridad tenga de Dios; participación que le da, según su medida, más o menos fuerza para ejercer su sacerdocio peculiar en favor de los demás. […]

¡Qué feliz es Dios…! Y ¡qué dichoso el que viviendo de la fe, que es más clara y cierta que la luz del mediodía, de esperanza y de caridad, experimenta en sí una llenura de vida, de felicidad, de posesión y de amor tal que pueda decir por su injerción en Cristo como miembro vivo y vivificante de su Cuerpo Místico: «El que tenga sed, que venga a mí y beba» (Jn 7, 37) y el que tenga hambre, que venga a mí y coma; porque llenándome de vida divina mediante mi sacerdocio peculiar, se ha hecho en mí una fuente que salta hasta la vida eterna! inflamada en mis ansias de: ¡Gloria para Dios!, ¡almas para su seno! […]

Y no olvides que la fe no es una enseñanza oscura y fría, sino que es la misma luz de Dios que ilumina los corazones, encendida en las llamas del Espíritu Santo, que te quiere comunicar su vida, obrándola en ti, mediante las enseñanzas sencillas, pero profundas y luminosas, que, en la Santa Madre Iglesia por medio de nuestra fe, llena de esperanza e inflamada en la caridad, se nos dan y se nos comunican con corazón de padre, canción de Verbo y en el amor del Espíritu Santo.
«El que me sigue no camina en las tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida». «Os llamó a salir de la tiniebla y a entrar en su luz maravillosa» (Jn 8, 12; 1 Pe 2, 9). […]

Hijo de la Santa Madre Iglesia, sabe que, si quieres vivir de la lumbrera de la fe luminosa, de centelleante sabiduría, has de ser sencillo y pequeño; pues sólo a los pequeños, como decía el Divino Maestro, les son manifestados los secretos del Padre: «Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a la gente sencilla» (Mt 11, 25).

Y lo conseguirás por tu vida de fe en tu contacto con Dios que mora en ti –ya que por la gracia eres templo vivo de Dios y morada del Altísimo– y escuchando al Señor en grandes ratos de intimidad a los pies del Sagrario. […]

 
Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia
 
Fragmento del escrito:
“GRANDEZA INSONDABLE Y TRASCENDENTE DEL MISTERIO DE LA FE” 
(Colección “Luz en la noche. El misterio de la fe dado en sabiduría amorosa”  Opús. nº 11)

 Nota.- Para descargar el tema completo  pulsar aquí.

Fragmento del vídeo de la Madre Trinidad titulado “En el día de mi cumpleaños, ¡bajo la Sede de Pedro, con mis hijos en la Basílica de San Pedro en peregrinación de acción de gracias por mi encuentro con el Santo Padre…!”, que fue grabado el 10 de febrero de 1996 (pulse la tecla PLAY):

La vida de fe es adhesión al infinito Ser en su eterna Verdad; pero adhesión que rompe en luz de sabiduría, con la penetración gozosa de su saboreable fruto, por la participación del mismo Infinito. (14-10-74)
Por nuestra vida de fe, recibimos todo lo que el Verbo dijo en su Iglesia; por la caridad, nos adherimos a ello en el amor del Espíritu Santo; y por la esperanza, confiamos en que todos esos bienes son para que los vivamos aquí en noche y en la Eternidad en luz. (5-9-66)
Mi vida de fe está llena a los pies del sagrario, donde el Misterio de Dios se me da en la intimidad sabrosa y pacífica del silencio. (14-9-74)