Es condición de la Madre Iglesia sufrir persecuciones dentro y fuera de su seno. Y aunque sabemos que las puertas del infierno no podrán contra ella, la tristeza de la Iglesia aumenta todavía más cuando se queda huérfana, sin Papa, en medio de las tormentas del mundo.

La Sede vacante constituye un momento delicado, particularmente sensible, durante el cual todos tenemos que correr a las plantas de nuestra Santa Madre Iglesia para consolarla, comprenderla, ayudarla y preguntarle, como hacía en el 1959 la Madre Trinidad: “¿Qué te pasa, que tienes Iglesia mia?, ¿Por qué sufres tanto?”. Sólo una mayor identificación y entrega nuestra le dará el descanso y la alegría que espera de nosotros.

“Aunque te haya visto triste”

(13 – 11 – 1970)

Aunque te haya visto triste,
morena y desencajada,
ocultándote en tu luto
y en tierra abofeteada;
tras tu tristeza y tu angustia,
tras tu entraña desgarrada,
apercibo en tus pupilas,
en tu profunda mirada,
una luz tan infinita
que me deja subyugada.

Es la mirada del Verbo
que, en centelleantes llamas,
revienta por tus pupilas
en sapientales palabras;
expresando en un concierto
de melodías sagradas,
las perfecciones eternas
del que en tu seno remansa.

Aunque en mi oración, a veces,
te vea tan ultrajada,
siempre trasunto en tu vida
la riqueza que te embarga,
las Aguas en que te anegas,
al mirarte en tu mirada.

Iglesia, ¡cómo te veo…!:
¡tan divina como humana!,
siendo el Verbo el que se expresa
cuando tu canción proclamas;
mientras que yo te contemplo
toda en tu ser impregnada
de eterna sabiduría
por tu divina Palabra;
llena de infinitos dones
y en caridad repletada
cuando te miro en tu hondura,
aunque me ocultes tu cara.

Y aunque te quieras mostrar
a mi ser tan ultrajada,
tirada en tierra y llorosa,
jadeante y encorvada,
tú sabes que te conozco;
y que, por muy humillada
que ante mí tú te presentes,
veo en tu pena callada
al Esposo que, en tu seno,
descansado, se remansa.
Pues aunque sé que estás triste
y en tus miembros desterrada,
también sé que eres gloriosa
en la Fiesta del que amas.

Iglesia, ¡qué hermosa eres…!
cual Esposa engalanada,
rodeada de los hijos
que, llegando en la mañana
al día eterno de Dios,
en su festín te regalan.
Y «allí», sin velo de luto,
sin tu faz desencajada,
sin tu mirada entre llanto,
con tus sienes coronadas,
te veo fluyendo en Luz
de rompientes cataratas,
abrasada y reposando
en el pecho del que amas.

Son tus mejillas luceros
por donde el Sol se derrama,
como volcán encendido
en refrigerantes llamas.

Te veo llena de hijos,
como virgen desposada,
palpitante y rebosando,
cual Esposa enamorada,
del manantial infinito
de la dicha que en ti mana.

Iglesia, ¡eres la misma…!,
aunque te vea tirada,
aunque me pidas ayuda…
Y aunque me ocultes tu cara,
envolviéndote en tu manto
cual mujer abandonada,
yo sé mirar en tu angustia
la hermosura que te embarga,
la belleza del Dios vivo
que, tras tus noches, me habla.

Por eso, cuando te miro
en esta tierra manchada,
y te quieren destronar,
aunque nunca lo lograran,
mi alma revienta en llanto
por tu dolor anegada,
ante el amor que te tengo
y la unión que a ti me abraza,
en medio de la tiniebla
de densas noches cerradas
y repletas de dolor
en que te mira mi alma…

Iglesia, ¡ponte de pie!
¡y descúbrete tu cara!
¡Tira tu velo de luto!,
¡preséntate repletada!,
¡y aplasta con tu poder,
con la luz de tu mirada,
la soberbia que te escupe
en tus mejillas sagradas…!

¡Levántate, Iglesia!, ¡pronto!,
¡que la confusión avanza
y se asustan los pequeños
con la doctrina que engaña!
¡Descúbrete pronto, Iglesia!,
¡y con tu fuerza arrebata
los corazones sencillos;
al mismo tiempo que aplastas
la soberbia de los grandes
con tu divina Palabra…!

¡Levántate, Iglesia!, ¡no tardes!,
¡hoy te lo implora mi alma!,
que si me pides ayuda,
todo mi ser está en guardia,
esperando que Dios hable
diciéndome su palabra.

Yo iré donde Él me mande,
yo correré sin tardanza,
¡pero no te quiero ver
con tu faz desencajada,
tirada en tierra y llorosa,
jadeante y encorvada…!

¡Tira tu velo de luto!,
¡anda, Iglesia, Madre amada!,
y muéstrame nuevamente
por tu infinita Palabra
las riquezas del Excelso,
la belleza que te embarga,
como Esposa del Dios vivo
que tras tus noches me habla…

Anda, Iglesia, ¡no te tardes!,
que mi alma está encelada
por la gloria del Coeterno
y de su Esposa ultrajada;
y si le pides ayuda,
¡con su milicia está en guardia!

Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia
 
Poesía  “Aunque te haya visto triste”. 
Colección “Luz en la noche. El misterio de la fe dado en sabiduría amorosa”  Opusc. 1
 
 

Fragmento del vídeo de la Madre Trinidad titulado “SAN PEDRO Y EL PAPA TIENEN LA MISMA REALEZA”, que fue grabado el 2 de septiembre de 1988 (pulse la tecla PLAY):

 

Mi alma siente gran necesidad de que conozcan a mi Madre Iglesia tal cual es: en su vida, en su hermosura, en su tragedia y en la riqueza que en su seno se encierra, que es Cristo, trayéndonos, por María, el mensaje eterno de la Trinidad, como riqueza infinita, para que, al mirarla, vean el rostro de Dios en ella. (21-3-59)
La Iglesia hoy, como Jesús a los Apóstoles, nos dice: «Velad y orad para que no caigáis en tentación». (17-12-76)
Yo necesito estar llorando mientras llore la Iglesia! ¡Y me gozo de estar con ella y como ella, para consolarla con el amor sincero de mi pobre retornación, pues muero de amor y dolor por mi Iglesia! (13-11-74)