DSC_0081_aclarado_IRS¡Qué riqueza encierra en sí la realidad trascendente de Cristo…! Él es el Sumo y Eterno Sacerdote por tener en sí toda la realidad infinita y toda la realidad creada. Él es la unión de Dios con el hombre, porque, en Él, Dios se nos da en la comunicación infinita de su intimidad familiar; y porque, en Él, todos los hombres entramos a tomar parte en la misma vida de Dios. […]

Jesús es en sí la perfección infinita y creada, en la unión hipostática de su naturaleza divina con su naturaleza humana, y por eso sufre y goza como nadie en su caminar por la tierra.

Su misión es darnos a conocer el gozo eterno que está en la vida del Padre, del Espíritu Santo y de Él mismo. […]

Y sufre y se queja porque no solamente no conocen al Padre, sino también porque ni siquiera le conocen a Él, que se hizo hombre para que mejor le conociéramos; y con el alma desgarrada por el dolor y la incomprensión de los hombres, dice: ¡Ni te conocen a Ti, Padre, ni a Jesucristo, tu enviado! […]

Entremos ahora en el primer instante de ser concebido Cristo.

En ese mismo instante el alma de Jesús contempla cara a cara la Divinidad. […]

¡Toda su alma gozando, abrasada en el ímpetu de la corriente divina, contemplando con el Padre su ser eterno, cantando con su misma Persona, con el Verbo, y abrasándose con el mismo fuego del Espíritu Santo; participando de la Divinidad en una transformación como ninguna criatura; participando de la Trinidad de Personas y de la Unidad de Ser, en cada uno de sus matices y perfecciones, en un grado casi infinito…! […]

En ese mismo momento, y precisamente por la luz de la visión de Dios, comprende y penetra hasta lo más profundo la malicia terrible, espantosa y espeluznante del pecado. Y ve que ese mismo Dios Santo es ofendido por sus criaturas, que se han rebelado contra El que se Es y se manifiesta como voluntad de santidad contra el pecado. […]

Y al caer sobre Él la carga innumerable de todos los pecados de todos los tiempos, se vuelve al Padre y, en función de su Sacerdocio, responde en nombre de toda la humanidad ante la santidad infinita de Dios. […]

En el momento de la Encarnación, Cristo, cargando con todos los pecados de todos los hombres, se vuelve al Padre y se ofrece en victimación de respuesta amorosa por todos nosotros. Quedando en postura sacerdotal y en función del ejercicio de su Sacerdocio, que le hace ser el que recibe la vida divina; el que responde al Amor Infinito; el que, en la llenura de su plenitud, se vuelve para saturarnos a todos de Divinidad; y el que, al no ser recibido, se retorna al Padre, en respuesta de retornación y sacrificio, para expiar en sí, y así purificar al hombre del «no» escalofriante que nuevamente ha repetido a la santidad infinita de Dios. […]

Cristo_coronado¡Qué dolor para el alma de Cristo, que vivió en cada momento de su vida siendo el Receptor del Amor infinito y viviendo la tragedia de toda la humanidad durante todos los tiempos…! Ya que Cristo vivió hondamente cada uno de los momentos de todos los hombres, pasados en amor o en dolor, en entrega o en olvido; siendo para Él su vivir, no sólo su propia vida, sino también la vida de todos nosotros en cada uno de nuestros momentos. […]

Jesús vivía su momento presente en tal intensidad, que, en cada momento de su vida, estaba padeciendo en su alma, pasando y sufriendo todo lo que, durante treinta y tres años, pasó por su ser de hombre. […]

Quitemos la criatura del tiempo y el espacio: Cristo vive con nosotros, y nosotros quedamos misteriosamente unidos con Él sin distancias de tiempo y lugar; viviendo con Él en su tiempo –como Él vivió entonces el nuestro– el misterio trascendente de su vida, muerte y resurrección. […]

Todos los momentos de su vida, desde el pesebre hasta el consummátum est, fueron vividos por Él en un solo momento presente.

Pero no queda ahí, sino que, en ese mismo momento presente, Jesús sufrió: toda la tragedia terrible de su Iglesia, con todas las herejías, cismas, con todo el desgarro de ésta; el martirio y persecución de cada uno de sus mártires; los abandonos, sequedades y desamparos de todas las almas; la muerte de todos los santos; las ofensas de todos los pecadores; las traiciones de todos sus amigos e hijos… ¡Y esto, no de un tiempo, sino de todos los tiempos, desde Adán y Eva, hasta el fin del mundo! […]

Y si se le hubiera preguntado:

— Jesús, ¿qué estás viviendo en este momento presente de tu vida mortal?

Él hubiera contestado:

— Mi momento presente es toda la tragedia espantosa de toda mi vida y de todos los tiempos. Yo estoy sufriendo en mi alma, en este momento presente: la ingratitud de todos los tiempos y de todos los hombres para con Dios; y estoy viviendo también en mi alma todos los amores y las entregas de amor puro de las almas fieles; y estoy sufriendo todas esas infidelidades y gozando con todos esos amores. Y no como una cosa en bloque, no; sino que cada latido de cada alma, y cada momento suyo vivido en amor o en desamor, en entrega o en olvido, es para mí mi momento presente.[…]

En el alma de Jesús fueron vividos todos mis sufrimientos y alegrías, amores y defecciones, siendo yo siempre para Él descanso y dolor. Y esto, no a ratos, ni que lo pasó una vez en su vida por cada uno; sino que Jesús vivió, en cada momento, todo lo de todas las almas, en toda su vida y en cada momento presente de ella. […]

¡Qué riqueza encierra en sí Jesús…! Parece que la mente se rompe ante la perfección de su naturaleza creada, que fue capaz de vivir, en una intensidad tan trascendente y en un mismo instante, todo el gozo que le proporcionaba la comunicación familiar que vivía con las divinas Personas, y por otra parte, el dolor del desamor de los hombres que Él representaba ante Dios. […]

Y por eso la Eucaristía, la crucifixión y la muerte de Cristo con su resurrección gloriosa son la expresión deletreada del amor de Dios al hombre, que, llegando en su necesidad incontenible hasta el extremo, ardiendo en deseos, como Palabra Infinita, de expresarnos y comunicarnos su misión, todo su ser de hombre reventó en sangre por todos sus poros en Getsemaní; explicándonos por todo su ser hasta dónde y cómo ama Dios cuando ama, y hasta dónde y cómo es capaz de expresarse el Amor Infinito cuando habla.

Así se te ha dado Dios en su amor infinito, a través de Cristo, en romance de amor.

¿Qué hará tu amor ante la Donación infinita que se hizo palabra para que tú le recibieras, le escucharas y fueras capaz de amarle y vivirle?

 

29-10-1959

 
Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia
 
Fragmento del escrito “Jesús”. 
Colección “Luz en la noche. El misterio de la fe dado en sabiduría amorosa”  Opusc. 3

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