¿Qué idea tenemos de Cristo Rey? ¿Cuál es la vivencia que tenemos de su realeza? Ojalá el mismo Jesús nos pudiera mostar y transmitir sus sentimientos en esta gran celebración, culmen del año litúrgico, liberándonos así de nuestros sentimentalismos y percepciones, que a menudo no coinciden con la realidad de los hechos.

En estos fragmentos, la Madre Trinidad nos traslada aquellos sentimientos que Cristo grabó en su alma para que ella los pusiera en la nuestra. Una ráfaga de preguntas, en este mismo escrito, nos ayuda a comprobar si lo que vivimos es según Cristo o según nuestras experiencias limitadas y limitantes.

 

 

«Jesús en la falda del monte»

Fragmentos

 

Conforme me iba metiendo dentro del alma de Cristo, mi dolor se iba acentuando al contacto de la tristeza inexpresable de mi Esposo…

Ese del cual mañana todos los cristianos gritarán: ¡Cristo reina, Cristo impera…!

Estaba de rodillas, con las manos juntas, un poco alzadas, el cuerpo apoyado en el monte, los ojos arrasados en lágrimas que se deslizaban suavemente por su divino rostro…

Cristo mío, postrada rostro en tierra, llorosa junto a la falda del monte, unida a tu alma, participando de tu dolor, también contigo desgarrada e incomprendida, mirando contigo al Seno del Padre, digo: «¡Padre, y el mundo no te ha conocido!». «¡Ni te conocen a Ti ni a Jesucristo, tu enviado!».

¡Este es Cristo Rey…! Este Jesús que nace en Belén y muere en una cruz para mostrarnos al Padre y hacernos vivir del vivir divino, para darnos la vida, para ser nuestro camino; este Cristo Rey, después de veinte siglos, sigue siendo para la mayoría de los hombres el Cristo no recibido.

¿Hemos entrado los miembros de la Iglesia en el misterio dolorosísimo del alma de Cristo…? ¿Hemos recibido el mensaje de Cristo Rey…? ¿Hemos comprendido que Cristo reinará y triunfará cuando se cumpla la misión para la que se encarnó…? ¿No puede decir Jesús con toda verdad después de veinte siglos al Padre: «Y el mundo no te ha conocido»? […]

¡Alma de Cristo, Rey mío, Verdad infinita, Majestad soberana, Esplendor eterno de la mirada del Padre, Expresión máxima de la vida divina! ¿Cuándo llegará ese día en que Tú reines y que en verdad se pueda cantar: «Cristo reina, Cristo impera»…?

¡Con qué dolor el alma de Cristo, desgarrada, como aniquilada, destrozada, abatida, dice en sus largos ratos de oración con el Padre y entre sollozos: «Vine a los míos y los míos no me han recibido…»! «Padre, ¡y el mundo no te ha conocido…! ¡Ni te conocen a Ti ni me conocen a mí…!».

 

Fragmento tomado del libro inédito titulado “La Familia Divina”, de la Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia.