El gran misterio de la Encarnación encierra una cantidad inmensa de aspectos. Basta pensar en la recopilación insondable de matices de la humanidad de Cristo, que es la esposa del Verbo.

Ahondarse en el alma de Cristo cuando se une a su Persona divina, gozar con lo que sería la vida de Cristo sobre la tierra, que fue un conocer, recibir, responder, expresar y amar a Dios, y un adorarlo en lo que conocía y en lo que le quedaba por conocer, es una delicia espiritual que invita a la adoración.

 

¡No hay velos para el alma de Cristo, Verbo Encarnado!

 

La humanidad de Cristo es la Esposa del Verbo, […] creación nueva, en la cual y por la cual, el mismo Dios altísimo haciéndose Hombre y perdonando la culpa que el hombre había cometido contra la Infinita Santidad, puede manifestarnos los misterios recónditos de su adorable ser, en canción de amor.

¡Cristo mío!, qué matices casi infinitos has puesto en tu humanidad, haciéndote la maravilla que cantas, por tu voz humana, las infinitas perfecciones e incomparables arcanos del misterioso ser de Dios.

Alma de Cristo, en la que el mismo Dios, mirando a su Verbo, plasmó, como nueva creación […] todas las infinitas perfecciones y matices que en su simplicísimo ser, Él se es… […]

¡Qué concierto de armonías es la humanidad de mi Cristo!, lira finísima donde el mismo Verbo de la Vida toca su armonía para manifestarse en palabra a los hombres. […]

¡Oh creación de la naturaleza humana de mi Cristo…! Toda la Trinidad, en su serse inmutable, está como en un delirio de amor infinito, […] hermoseando y enriqueciendo aquella criatura que, saliendo de sus manos, tenía que ser la lira finísima por la cual el mismo Verbo de la Vida daría su sonido de divinidad a todos los ángeles y a todos los hombres. […]

¡Qué concierto de perfecciones…! […] todas las perfecciones creadas, recopiladas en el Verbo Encarnado; y todas las infinitudes del ser de Dios increado, plasmadas participativamente en el alma del que tenía que ser el Verbo de la Vida…

¡Oh maravilla de luz indecible…! Es la luz increada la que embistiendo amorosamente por el Espíritu Santo en la humanidad de Cristo la engalanó y la hizo tan hermosa, ¡tan hermosa! que el mismo Verbo infinito, no pudiendo contenerse más, ante el impetuoso fuego del Espíritu Santo que le empujaba y del Padre Amor que le enviaba, se une hipostáticamente a aquella criatura, [… ] repercutiendo en ella esta unión íntima y profunda entre Dios y su criatura, tan íntimamente […] que el Verbo del Padre la hizo dar su misma Voz de divinidad por todos los ámbitos del Cielo y hasta los últimos confines de la Tierra. […]

¡Qué matrimonio espiritual con el mismo Dios santísimo…! Matrimonio perfecto, en el cual los mutuos bienes se tornan y se retornan como regalo infinito de eternas bodas.

¡Qué gozo para el alma de Cristo, que […], vibrando al unísono con las tres divinas Personas en la alegría infinita de su eterna felicidad, participa en una manera eminente de todos y cada uno de los atributos y perfecciones del infinito Ser…! […]

¡No hay velos para la humanidad de Cristo, por la cual y mediante su desposorio hipostático, se rasgaría el velo del seno del Padre para que todos los hombres, pasada la prueba, pudiéramos entrar en ese seno adorable que tú por tu unión hipostática nos abrirías! […]

El mismo Padre que no tiene ninguna complacencia fuera de su Verbo, te ha regalado en posesión eterna y en donación total […], su misma Mirada, con la cual tú, como cosa tuya, puedes contemplar sin velos su misma hermosura infinita.

También te ha dado su mismo serse eterno para que tú lo poseas; y en su mismo serse has recibido como regalo el mismo ser de Dios por participación.

Y por si era poco, […] el mismo Dios altísimo, te ha dado que los hombres sean, en ti y por ti, “dioses e hijos todos del Altísimo”. […]

¡Cristo mío…! ¡Puente único por donde los hombres van a Dios y por donde Dios se da a los hombres…!  […]

¡Oh, el momento de la Encarnación…! ¡Veo al Hombre siendo Dios y a Dios siendo Hombre…! ¡Y no lo puedo explicar…!  […]

El Verbo está cantando en el Cielo su Canción infinita, que él, como Verbo, canta eternamente. ¡Ya el Verbo Encarnado, reventón expresivo del ser de Dios, está cantando la Canción infinita a los hombres…!  […]

Cristo mío, ¡qué terrible eres…! ¡Cómo te veo…! ¡Yo te adoro, porque eres el Increado por tu Persona divina, creado en tu naturaleza humana…! ¡Dios-Hombre…! ¡Hombre-Dios…! ¡Misterio de la Encarnación!  […]

¡Oh humanidad de Cristo, que eres la humanidad del Verbo Encarnado…! ¡Cómo te veo metida en la vida de la Trinidad…! Eres el reflejo perfecto del mismo Dios altísimo, espejo inmaculado donde se miran y recrean las tres divinas Personas.  […]

La adoración es el éxtasis del amor. Cuando el amor ha llenado su límite y ya no puede más, adora. Al ser Dios infinito y exceder la capacidad del amante, este, desfallecido de amor, […] cae adorante y adora lo que le queda trascendiendo.  […]

La vida de Cristo sobre la tierra fue un conocer, recibir, responder, expresar y amar a Dios, y un adorarlo en lo que le conocía y en lo que le quedaba por conocer.

Y como fruto de esta vida, puesto cara a cara frente a Dios y cara a cara frente a los hombres, expresaba en el cielo, como Hombre, a Dios; y como fruto de su contemplación en amor glorioso, como consecuencia inmediata de ese conocimiento, expresión y amor, vuelto hacia los hombres, rompía en expresión hacia ellos; retornándose con todos al Padre en respuesta de adoración gloriosa y reparadora, que en Él era infinita por ser su Persona la segunda de la adorable Trinidad.

Ya está Jesús, por la unión hipostática de las dos naturalezas, siéndose el Verbo de la Vida Encarnado, cantando a Dios, y, haciendo lo mismo que hace en el Cielo, cantando a los hombres; […] pues por no tener Jesús más persona que la del Verbo, que es el Cantor infinito en el Cielo y la Tierra, el mismo canto y la misma expresión que Él se es al Padre, repercutiendo en su humanidad, lo es a los hombres.  […]

Gracias, Señor, por haberme enseñado hoy el misterio de la Encarnación desde el seno de María, y así haber conocido las grandezas de Cristo y las grandezas de la maternidad de María ¡tan desconocidas!

¡Gracias, Madre, por haberme acurrucado en tu regazo y sostenido con tu maternidad para que no muriera al contemplar el gran misterio de la Encarnación!

 
Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia
 
Fragmento del escrito:  “EL GRAN MISTERIO DE LA ENCARNACIÓN”. 
 
(Colección “Luz en la noche. El misterio de la fe dado en sabiduría amorosa”  Opús. nº 3)

Nota.- Para descargar el tema completo pulsar aquí.

Fragmento del vídeo de la Madre Trinidad titulado “El Seno del Padre está abierto”, que fue grabado el 19 de julio de 1992 (pulse la tecla PLAY):

La Encarnación es el romance de amor de Dios al hombre que se escribió en las entrañas de María. (12-9-63)
Experimento con el misterio de Cristo como con el de la Eternidad, que, mientras más la conozco, menos la puedo expresar por la simplicidad perfectísima, subsistente y divina de su realidad. (24-10-74)
¡Día de la Encarnación…! Día eminentemente sacerdotal, de acción de gracias y de anonadación, porque Dios hizo lo incomprensible por amor a sí mismo y a los hombres. ¡Misterio de ternura indecible y de esplendor infinito, de sencillez escalofriante y de majestad soberana!, ante el cual, sólo cabe adorar temblando de amor y respeto. ¡Día de la Encarnación: Dios es Hombre y el Hombre es Dios! (4-4-75)