Ya desde el año 1959, en vista del Concilio y para todos los tiempos, el Señor preparó a la Madre Trinidad con una capacidad especial de cara a una misión singular y personalísima que Él le daba en relación al Vicario de Cristo y a los Obispos. La misión de amarles, sostenerles, consolarles, ofrecerse por ellos y ayudarles a presentar el verdadero rostro de la Iglesia, con toda la comunicación de Dios a su alma.

Además de haberle comunicado las profundidades luminosas de los planes divinos, Dios le ha dado también abundante luz sobre el modo de llevar a cabo su voluntad de Iglesia. En la primera parte de este escrito nos explica cómo el Señor le hizo ver su pensamiento sobre el Concilio Vaticano II, la misión de cada uno en la Iglesia, la necesidad de reforma y el modo de llevarla a cabo.

 

“El pensamiento de Dios sobre la Iglesia”

 

Así como Dios es un consustancial misterio de unidad en intercomunicación familiar de vida trinitaria, la Iglesia es misterio de unidad. Porque es la contención, en manifestación y perpetuación, del misterio de Dios en sí, por sí y para sí y vivido con los hombres y entre los hombres; que se nos da por Cristo, bajo la Maternidad divina de María, Madre de la Iglesia universal, encomendada por Cristo a sus Apóstoles. […]

La Santa Madre Iglesia fue fundada por Cristo y encomendada por Él a sus Apóstoles, para que todos los hombres, sin excepción de clases, razas, ni condición, vivieran la vida divina, dando su verdadero sentido y orientación a todos los problemas espirituales, temporales, humanos y materiales; y para que esta vida divina la vivieran en comunión de bienes, unidos y participando en intimidad hogareña en el gozo del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo; aquí en fe en la noche de la vida y, pasado este peregrinar, en luz gloriosa, luminosa y resplandeciente de Eternidad. […]

Dios nos creó para vivir con Él en intimidad de familia, y para que, al vivir en familia con Él, viviéramos entre nosotros en familia también, en una reunión de caridad, de justicia, de amor, de paz y de gozo, que nos proporciona el encajamiento perfecto de nuestro ser y de nuestro obrar. […]

Por lo que la Iglesia, que es la prolongación en perpetuación perfecta y acabada de Cristo como Cabeza de su Cuerpo Místico, viviente entre los hombres por el misterio de su Encarnación, vida, muerte y resurrección gloriosa; es la que nos tiene que orientar, dirigir y formar, bajo la luz candente y llena de infinita sabiduría amorosa del Espíritu Santo, en nuestra verdadera personalidad;
repletándonos a todos de la felicidad de la vida infinita que ella posee y encierra en su seno, para comunicárnosla, en su misión redentora, por medio de los Sacramentos y todos los dones, frutos y carismas que Dios, desde el día de Pentecostés, derramó sobre ella para que pudiera repletar a la humanidad, como Madre universal de todos los hombres. […]

El hombre no tiene más que un sentido y una razón esencial de ser: poseer a Dios. Pues fue creado por Él, para entrar a vivir de su gozo y dominar toda la creación, ya que rey de ella el mismo Dios le constituyó desde el principio.

Y como la Iglesia es la que ha recibido por Cristo el don de la verdadera interpretación divina y humana, es la que tiene que dar a cada cosa su sentido, y al hombre el verdadero criterio sobre cada una de ellas.

Al hacernos Dios poseedores de su vida divina y dominadores de la creación, por el don de sabiduría llenamos nuestras capacidades de posesión con relación al mismo Dios; y por el don de ciencia vamos poseyendo la creación, la vamos integrando en nosotros y adquiriendo la felicidad. […]

La Iglesia es la congregación y reunión de los hombres de todos los tiempos con Dios y entre sí, eternamente.

La Iglesia es la congregación y reunión de los hombres de todos los tiempos con Dios y entre sí, eternamente. Unión que, a imagen del subsistente, infinito y coeterno Ser en su intercomunicación familiar de vida trinitaria, empieza en la mente divina, en los planes eternos de Dios para nosotros, por el impulso del Espíritu Santo; unión que se realiza en el tiempo por la voluntad del Padre, ya que, por y en el amor del Espíritu Santo, el Verbo se hizo Hombre y habitó entre nosotros; unión que se continúa, en nuestra peregrinación, por medio del Espíritu Santo; y que se perpetúa en el Cielo eternamente por medio del mismo Espíritu Santo. […]

La Iglesia es una en la unión del Espíritu Santo, y por eso tiene que ser una en vida, una en criterio, una en doctrina, una en vivencia, una en misión y una en comunicación de bienes y en posesión de ellos.

Y para que sea una en la unidad de Dios, el Espíritu Santo se quedó con el Papa y con los Obispos que, unidos al Papa según el pensamiento divino manifestado por el Unigénito del Padre, tienen su mismo sentir y proclaman la unidad de la Iglesia en su verdad con toda su verdad, en su vida, misión y tragedia. […]

¡Qué rica es la Iglesia, que es la depositaria del misterio divino y la encargada de comunicarlo a los hombres de todos los tiempos con corazón de Padre, expresión de Verbo, bajo el amor, la brisa y el impulso del Espíritu Santo…!

¡Qué rica es la Iglesia, que tiene en su seno al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo viviendo su vida de intercomunicación familiar para sí y, a través de la Iglesia, viviéndola y realizándola para nosotros! «Como el Padre, que vive, me ha enviado, y Yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come, vivirá por mí».

¡Qué rica es la Iglesia, que en ella, por ella y a través de ella, el Padre dice su Palabra a los hombres, el Verbo, en un romance de amor, les deletrea su vida en canción en un decir que es obrar, y el Espíritu Santo los congrega para que vivan en intimidad hogareña entre sí y con la Familia Divina…!

Es el Espíritu Santo el que, en la perfección infinita de su ser, tiene unidos en su caridad eterna al Padre y al Hijo en unidad de vida amorosa e infinita; y, como consecuencia, el que, al querer ponerse Dios en contacto con los hombres, por medio de la Iglesia nos congrega, nos reúne y nos asocia en una unidad de felicidad con el mismo Dios; haciendo que, lo que Dios mismo tiene por naturaleza, nosotros lo vivamos aquí por gracia y en el mañana de la Eternidad en el júbilo de su gozo infinito y eterno en la luz gloriosa de los Bienaventurados… […]

 
Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia
 
Fragmento del escrito:  “LA IGLESIA, MISTERIO DE UNIDAD”. 
 
(Colección “Luz en la noche. El misterio de la fe dado en sabiduría amorosa”  Opús. nº 15)

Nota.- Para descargar el tema completo pulsar aquí.

Fragmento del vídeo de la Madre Trinidad titulado “Nuevamente la Iglesia se me está mostrando pidiéndome ayuda a través de dolorosas y agonizantes peticiones, para que la ayude con mi descendencia, como el eco de su vida, misión y tragedia, prolongadora del misterio de Cristo y de su misión”, que fue grabado el 8 de enero de 2000 (pulse la tecla PLAY):

El Espíritu Santo se quedó con el Papa y con los obispos que, unidos al Papa, tienen su mismo sentir y su única unidad, para que la Iglesia sea una en la unidad de Dios. (22-11-68)
La Iglesia es la congregación de la Familia Divina con todos los hombres, por Jesucristo, en el seno de María.
(19-9-66)
Es necesario presentar a la Iglesia con toda su belleza, perfección y grandeza, ante la mirada de todos sus hijos, para que la reconozcan como Madre, como el habla de Dios a los hombres, como el corazón de la Trinidad en la tierra, como expresión del Infinito. (15-9-63)