En la luz plena de Dios, María es testigo excepcional y completo del misterio de la Encarnación que en Ella se obra. Nadie como ella tiene la capacidad y la misión de introducirnos en la donación de Dios haciéndose hombre.

Si la Iglesia es “madre y maestra” es porque la Virgen le da su Maternidad y su enseñanza divinas en fulgores de luminosidad para que todos los hombres puedan conocer las fuentes de la vida.

 

 

“Toda la grandeza de María
le viene por su maternidad divina”

Toda la grandeza de María le viene por su Maternidad divina; grandeza incomprensible para nuestra mente humana ofuscada y entenebrecida por el pecado. […]

No hay criatura capaz de contener en su seno el misterio de Dios, si el mismo Dios con la soberanía de su infinito poder, al penetrarla con su sabiduría, no la sostiene con su fortaleza. ¡Y Dios creó a María para que tomara parte activa en el misterio de la Encarnación…! […]

¡Cómo te hizo Dios, María, al hacerte capaz de contener lo incontenible en tu seno, de sostener lo insostenible!

¡Ay María! ¡Si veo que estás contemplando el misterio que en tu seno se obra…! ¡Ay María! ¡Si nadie puede conocerlo ni vislumbrarlo si Tú no se lo enseñas…! ¡Ay María!, manifestación esplendorosa de la voluntad de Dios, que te hizo contensora del misterio incontenible por criatura alguna en la tierra: del misterio trascendente de la donación de Dios al hombre, mediante la unión hipostática de la naturaleza divina y la naturaleza humana en la persona del Verbo, realizada en tus entrañas virginales, por el arrullo del Espíritu Santo, bajo la sombra y amparo del mismo Omnipotente, que te hizo romper en Maternidad divina; de tal forma que, en Ti y por Ti, Dios se hizo Hombre sin dejar de ser Dios, y al Hombre lo hizo Dios sin dejar de ser hombre. […]

¡Terrible misterio de la Encarnación…! ¡Hondo, profundo, secreto, insondable e incomprensible para la mente humana…! […]

¡Qué sublime, qué profundo y qué excelso es el misterio de la Encarnación y, por ello, qué grandiosa la Maternidad de María…! […]

La Encarnación es la unión de Dios con el Hombre… El Padre nos da a su Hijo y María da a Dios la humanidad que Dios necesitaba para que su Hijo fuera Hombre…

¡Inefable misterio el de la Encarnación, en el cual actúa el Padre dándonos a su Hijo, el Hijo encarnándose en María, el Espíritu Santo obrando el misterio en la Señora, y la Virgen dándole su carne al Verbo de la Vida para que se haga Hombre…! Y así, la Encarnación, como todos los misterios de la donación de Dios al hombre desde ese momento, ha sido realizada entre el Padre, el Hijo, el Espíritu Santo y con la colaboración de María. Y la parte que María toma en el misterio de la Encarnación es tan importante, que pasa a ser la Madre de Dios y Madre universal de la humanidad.

La Encarnación es el romance de amor entre Dios y el hombre en las entrañas de María. […]

Por este misterio he comprendido que no hay gracia en la tierra que no le haya sido concedida en plenitud; porque cualquier gracia, por grande que sea, será siempre casi infinitamente más pequeña que su Maternidad divina, la cual le hace intervenir activamente en el gran misterio de la Encarnación. […]

En esa misma luz el alma descubre el gran misterio de la Encarnación, incomprensible para la mente humana e incontenible por ninguna criatura, y por él y desde la Maternidad divina de la Señora, los demás misterios. En él sorprende que Dios se hace Hombre y el Hombre pasa a ser Dios. ¡Misterio que parece que contradice la misma realidad infinita, por la excelsitud y sublimidad trascendente que en sí encierra! […]

¡La mente parece que se rompe ante la plenitud del misterio que contempla, ante la grandeza de la Señora en la Encarnación, ante su colaboración en los planes eternos, ante la participación activa de su Maternidad en toda la donación de Dios al hombre por y en el misterio de la Encarnación…! […]

Hoy he aprendido que todo cuanto se me da en el seno de la Iglesia, que todo cuanto se me ha dado, que todo cuanto se me dará, ha sido por medio de María, lo cual yo, tal vez inconscientemente, no le he sabido agradecer ni corresponder. Pero hoy, en la luz y amor de su cercanía, he visto que no hay nada ni en el Cielo ni en la tierra que se nos trasmita fuera de la Maternidad divina de la Virgen, Madre, Reina y Señora toda Blanca de la Encarnación. La misma Iglesia es el regalo que Cristo nos dio por María y en su seno; y así como la Iglesia es la prolongación y perpetuación del misterio de Cristo en su Encarnación, vida, muerte y resurrección, es también la perpetuación y prolongación del misterio de la Maternidad de María. […]

 
Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia
 
Fragmento del escrito “La Señora de la Encarnación”. 
Colección “Luz en la noche. El misterio de la fe dado en sabiduría amorosa”  Opusc. 9

 

Nota.- Para descargar el tema completo pulsar aquí: “La Señora de la Encarnación”.

Fragmento del vídeo de la Madre Trinidad titulado “Las Divinas Personas son tan infinitamente distintas entre sí, como iguales en su Ser”, que fue grabado el 4 de septiembre de 1988 (pulse la tecla PLAY):

Imagen de la Inmaculada, ante la cual la Madre Trinidad se consagró a Dios, el día 8 de diciembre de1946, en Dos Hermanas (Sevilla)

Cuando se hizo el encuentro de Jesús y María en la Encarnación, la Señora, al sentirse Madre de Dios, anonadada bajo el peso del Amor Infinito que tan maravillosamente obraba y moraba en Ella, sólo pudo exclamar en adoración: ¡Dios mío…! ¡Hijo mío…! (19-11-62)
Nuestra Señora fue creada e introducida en el plan divino para ser Madre de Jesús y estar junto a Él; por eso Dios le concedió un conocimiento tan grande de su propio Hijo, que se adhirió a Él, en unión tan una, que su voluntad quedó robada por el Infinito. (9-1-65)
¡Cuánto gozó María por el derramamiento de Dios sobre Ella, que hizo posible que lo fuera todo sin nada perder! Siendo poseída, besada y fecundizada sólo por el Amor Infinito que, haciéndola romper en Maternidad divina, le da derecho de llamar al Hijo de Dios, Hijo de sus entrañas virginales.
(24-12-76)