“El bramido del mar, la inmensidad del firmamento, la grandeza de los bosques, el orden de la creación, el rugido del viento…”, son un espectáculo majestuoso que Dios quiso regalar al hombre para que este lo disfrutara y le respondiera por él. Nos habla continuamente de algo mucho más grande para lo que Dios nos creó: la participación en su vida Divina.

De la mano de la Madre Trinidad, contemplando la grandeza que se intuye tras estos pensamientos, perdamos “pie por la riqueza y perfección del ser, del obrar y del comunicarse Dios en perfección eterna e infinita.”

 

 

          El bramido del mar, la inmensidad del firmamento, la grandeza de los bosques, el orden de la creación, el rugido del viento, el cántico del pájaro, la sencillez de la flor, el susurro de la brisa, el silencio de la noche, la belleza de la luz… ¡todo eso va expresando, en su modo de ser, la terribilidad del Eterno, su majestad simplicísima, su concierto de amor! (23-1-60)

          El Padre se nos quiere dar, el Verbo nos lo manifiesta, y el Espíritu Santo consuma la obra. (9-1-65)

          Dios me creó, no para que le contemplara como un espectáculo esplendoroso y aplastante, sino para que, adhiriéndome en un sí incondicional a su plan eterno, entrara en su gozo y viviera por participación de la misma vida que Él vive. (23-1-60)

          ¡Oh Dador de todo bien! Tú eres la vida infinita; con tu poder creas, siendo la razón de ser de toda vida que por ti y en ti es. (25-1-59)

          En Dios, su querer se identifica con su poder; por lo que, todo cuanto quiere, es capaz de hacerlo; y como los medios que tiene para realizarlo son infinitos, todas las cosas creadas son reflejo e imagen de su infinita perfección; por eso, todo cuanto Dios hace es perfecto. (27-10-75)

 

          Por exigencia de la naturaleza divina, cuando Dios obra hacia fuera, lo hace según su misma perfección, que se nos manifiesta en diversidad exuberante de matices a través de la creación y, sobre todo, en su donación de amor hacia nosotros; la cual traslimita tan plenamente la mente del hombre, que éste pierde pie por la riqueza y perfección del ser, del obrar y del comunicarse Dios en perfección eterna e infinita. (4-7-69)

          Dios está en todas las cosas, porque todas son en Él contenidas en su ciencia eterna, y son creadas y mantenidas por su misma voluntad, que es penetración divina. (11-2-67)

          En los seres irracionales, Dios vive su vida en esencia, presencia y potencia; y, en los racionales, la quiere vivir además haciéndonos participar de Él en compañía de familia, aunque con la distancia que existe entre el Creador y su criatura. (13-2-67)

          Lo más grande de la creación, más que el tiempo, el espacio y el universo entero, es el hombre, creado para ser Dios por participación.
(7-1-65)

          Dios es la suma perfección, y el hombre es creado a imagen de esa misma perfección, manifestándose en éste, al ser libre, la perfección infinita. (9-1-65)

 

 
Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia