Dar forma a lo que no la tiene, concretar lo que no tiene contornos, definir lo inenarrable es un esfuerzo titánico que sólo es posible hacer saliendo de nosotros mismos.

Por eso, hacer hablar al silencio, aprender a escuchar sus conversaciones y conocer sus voces es la finalidad de este tema. Cuando descubramos que existen varias clases de silencios y que gradualmente nos llevan a Dios, la sorpresa va a ser total.

El silencio fortalece al alma, es medicina para curar los traumas del espíritu y llena de vida nuestra existencia porque nos habla de Dios. Dios mismo es Silencio y en silencio se nos comunica en diálogos inéditos que hacen vibrar al alma.

 

Las voces del Silencio que en el silencio habla

Es algo profundo lo que escucha el alma, que a decir no acierto, cuando, trascendida, oye en la oración las voces del Verbo en silencio.

Nada explica tanto el habla de Dios, como este misterio de nada decir que, en sus tecleares, contiene el silencio en concierto.

Es conversaciones…, melodías dulces en brisas de fuego…, eternos romances…, palabras inéditas…, voces de cauterio, en secreto;

algo que se escapa…, algo que es tan grande envuelto entre velos, que es decir de Dios, silente y sagrado, que es el mismo Inmenso en sus fuegos. […]

El que busca a Dios tras las puertas del sagrario o en el recóndito de su corazón, perseverante, le encuentra en un descanso de paz y un saboreo secreto y deleitable que le hace descansar, sin nada saber, sin nada querer, sin nada buscar y sin nada escuchar, bajo la sapiencia suave y sabrosa de algo sobrenatural que hace reposar el espíritu en un regustito de silencio silenciado que por ninguna cosa de este mundo quisiera perder.

Por lo que, quietecita, descansa en un saboreo que es vida, cercanía del Amado; quedándose como trascendida en aquello que sólo apercibe y lo sabrá expresar el que, junto a los pies del Sagrario o en lo recóndito y profundo de su interior, sabe algo, en paladeo amoroso, de la cercanía del Bien buscado y hallado, en el secreto misterioso del arcano recóndito del espíritu: «Llevaré al alma a la soledad y allí hablaré a su corazón».

A la soledad de las cosas de acá, y a la búsqueda del encuentro con Dios que nos espera incansable, bajo las especies sacramentales, hecho Pan por amor, siglo tras siglo, sin cansarse, tras las puertas del sagrario, por si alguno viene a verle para estar con Él en coloquios de amor, en dulce e íntima compañía amorosa.

Por lo que hay que buscar ratos para estar en el Sagrario en silencio. Y junto a Jesús, en espera amorosa, pacífica, silenciosa y paulatinamente se va experimentando de una manera secreta, pero profunda y silenciada, la cercanía del Dios vivo, viviente y palpitante, que dice a nuestro corazón: «Y sabed que Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo».

A Jesús le gusta ser buscado por los que ama, para manifestarles su secreto de amor tras las notas silenciadas de la brisa callada del silencio. […]

Es verdad que, ante la cercanía de Dios, el alma, de una u otra manera, es introducida en el silencio más o menos sobrenatural, o más o menos trascendente; llevada por Él a la separación de las cosas de acá y sumergida en la embriaguez del gozo sapiental de su cercanía.

Pero ¡¿qué tiene que ver con lo que se experimenta cuando Dios se hace vivir en el atributo del silencio, el cual, rompiendo en voces de comunicación, deletrea en silbo delgado la sabiduría sabrosa de sus infinitos atributos y perfecciones…?!

[…]

Tres clases de silencio conoce mi ser, los dos primeros son preludio del tercero y preparación para él, pero como infinitamente distintos y distantes.

Para ser introducida en el Silencio del Ser es necesario que el alma haya sido anteriormente poseída y robada totalmente, en enajenación y pérdida de todo lo de acá, por el silencio sabroso que la cercanía del paso de Dios infunde en el espíritu.

Tras este silencio, el Amor Infinito coge a la esposa del Espíritu Santo y, adentrándola en su seno, le hace pasar del silencio espiritual al abismo insondable de su serse Silencio. Y allí, en la hondura honda de su misterio, en vida de Eternidad, le dice, en la conversación de su infinita Sabiduría, su serse, en melodías eternas de infinitos y coeternos conciertos.

Y cuando, abismada y poseída por el silencio en la cercanía de la posesión del Subsistente Ser, infinito y eterno, empieza a experimentar que éste no es el silencio que necesita, a pesar de serle tan profundamente saboreable; entonces es cuando está siendo preparada por Dios para ser introducida en la cámara nupcial, recóndita y sellada, de su Silencio sagrado.

Y apercibe como si se abrieran unos portones que separan a todo lo de acá del Infinito; y que, sin saber cómo, en un instante de silencio indescriptible y en un vuelo de misteriosa trascendencia, es introducida e internada en el Silencio del Ser, dejando como infinitamente distantes los silencios que, para ella, fueron camino certero y seguro que la llevó hasta la puerta suntuosa del eterno e infinito Silencio que es Dios.

Y una vez introducida en aquella hondura profunda, experimenta que, tras ella, se le cerró la puerta, y que existe un abismo de separación entre el silencio creado y el increado, como podría existir entre la vida y la muerte, entre la tierra y el Cielo, entre el Todo y la nada, entre la criatura y el Creador; pasando a vivir, por el silencio de acá, al Silencio infinito que es Dios en su ser, en la conversación eterna de su subsistente y consustancial silencio, que son voces inéditas de divinales conciertos. […]

Hoy he comprendido en un modo nuevo las profundidades de mis tres silencios: Uno que es descanso en paz de consuelo; otro cercanía del Dios de los Cielos; mas otro es claustrales voces del Eterno. […]

Hoy he comprendido la gran diferencia que enseña el misterio. Hoy he comprendido, en un modo dulce y en un modo nuevo, que el Silencio es vida, ¡tanto!, que es eterno: es la Eternidad vivida en destierro.

 

Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia
Colección “Luz en la noche. El misterio de la fe dado en sabiduría amorosa” Opusc. 16 “Las voces del Silencio que en el silencio habla