El tema presente mueve al alma para salir de los conceptos humanos e introducirse en el habla silenciosa y vital de Dios, donde la sabiduría amorosa se derrama sin límites, y donde no se ve nada con los ojos del cuerpo, y se entiende todo con los sentidos del alma.

Para el alma-Iglesia la necesidad de Dios es tan fuerte como vital, es el silencio a todo lo de acá. El silencio de Dios vivido hace que generaciones enteras de cristianos sencillos, de monjes, de anacoretas deseosos de soledad encuentren en estos escritos la explicación de sus vivencias en un renovado empuje para descubrir nuevos y amplios horizontes.

“El Silencio es vida,
es la Eternidad vivida en destierro”

Cuando, silenciada, el alma apercibe la voz del Eterno, rompe, en sus clamores, en brisa callada y en llamas de fuego, el silencio.

El silencio habla como en melodías de tenues conciertos… El silencio habla en su reteñir sonoro y secreto, en misterio. […]

Tres clases de silencio se aperciben, en saboreo sagrado de eterno misterio, allí en lo profundo del espíritu, en el contacto interior, sacrosanto y silenciado del alma con Dios, y en los ratos de sagrario, ahondada en el misterio del Señor del Sacramento que se oculta, silenciado tras las noches del misterio, esperando por si alguno viene a verle.

Uno –silencio de bienestar, de saboreo, de dulzura, de paz, de enajenación–, el que experimenta el alma que, saboreando de alguna manera la cercanía del Eterno, busca, llevada por el deseo suave y silencioso que apercibe en su interior, la soledad;
en la cual descansa amorosa, reposando en la cercanía del que ama; como reclinada en el pecho de Jesús que la espera incansable para que, tras la búsqueda del que se lanza a su encuentro, aperciba su presencia deleitable, sabrosa y silenciosa, que de alguna manera le habla, en el misterio de la cercanía de Jesús, tan silenciosa y sobrenaturalmente que, sin saber cómo es, es separación de las cosas de acá y unión sapientalmente amorosa y comunicativa del espíritu con el Dios del Sacramento. […]

Tras este silencio, vivido en la intimidad con Jesús en la Eucaristía o por la presencia de Dios en lo recóndito e íntimo de nuestro corazón, donde el alma-Iglesia por la gracia, mediante su vida de fe, participa del misterio de Dios en su Trinidad de Personas morando en ella y comunicándosele en participación de vida amorosa, bajo el arrullo silencioso y sacrosanto del Espíritu Santo;
perseverante en la búsqueda del Dios de su corazón, queda y paulatinamente, va siendo introducida, y como trascendida, en otro silencio que no es de acá; que, más que silencio, es un rumor silencioso…, profundo… que es trasunto de tenues conciertos que llenan al alma de recogimiento, sintiéndose cerca del Amor Eterno, mas sin poseerle del modo certero que lo necesita el amor en vuelo, en la cámara nupcial del Infinito Ser, ahondada y penetrada en su silencio sagrado.

El silencio de las cosas de acá pone al alma en contacto con Dios; y este silencio interior la llena de vida y la hace capaz de escuchar al Verbo, de recibirle, de captarle, de apercibir su conversación, de gustar su misterio, de alimentarse en su gozo, en su vida, en su perfección y en su secreto… […]

Y hay un tercer silencio que es distinto y distante de todo lo de acá, porque es cercanía del que Es en posesión del misterio del Eterno, y que sumerge al espíritu y lo silencia en el Misterio infinito de su profundidad. Y allí, dentro de aquella hondura, le hace escuchar conversaciones en voces eternas del Ser.

Conversaciones que no son palabras, sino que es sabiduría sabrosa de silencio secreto. Pero una sabiduría tan subida y silenciosa y un silencio tan sabroso, que el alma sabe saboreable y deleitablemente –sin saber– cómo no es precisamente que esté saboreando la dulzura del silencio de acá, aunque sea espiritual, sino que está sumergida y embriagada en la posesión del Silencio que es Dios; que, en claustrales requiebros, son voces de fuego que comunican al espíritu algo tan misterioso, tan inédito, tan hondo y tan secreto, que sólo el Infinito Silencio sabe decir en la conversación sabrosa de sus voces… […]

Una cosa es sentir el silencio de la creación que, con su voz inanimada, nos habla del Inmenso o la dulzura del silencio espiritual, con su paz, su gozo, su trascendencia en nuestros ratos de oración o en el silencio del espíritu; y otra sentirse introducida en Dios, que es el eterno, consustancial, subsistente y divino Silencio. Es como un salto de lo creado al Increado, de la criatura al Creador, de lo humano a lo divino. […]

Cuando el alma, en su silencio, se pone en contacto directo con Dios, de espíritu a espíritu, todos los ruidos de la tierra parece que aumentan al sentir el toque del Eterno Silencio que la va introduciendo lentamente, levantándola de todo lo de acá con la brisa de su paso y el roce de su vuelo, sabroso y deleitable, en ese saboreo delgado que la pone en unión directa con el mismo Dios. […]

Hoy he comprendido en un modo nuevo las profundidades de mis tres silencios: Uno que es descanso en paz de consuelo; otro cercanía del Dios de los Cielos; mas otro es claustrales voces del Eterno.

Los tres son sabrosos, los tres son muy buenos; unos son de acá, otro de los Cielos.

Uno lleva al otro. Uno se consigue a fuerza de esfuerzos; otro, que es toque de Dios, beso de cauterio, cercanía dulce, que remonta en vuelo al alma que busca en su reclamar, con su regustar, las lumbres del Cielo.

¡Mas el otro es Dios que habla en secreto, dentro, en la sustancia, de su gran misterio!; ¡es explicación en voces de fuego, comunicaciones en su mismo seno de los atributos que, en descubrimiento, Dios nos da de balde en dulces encuentros!; sin que el hombre sea capaz de tenerlo por las propias fuerzas de su valimiento y gustar el don del Silencio eterno. […]

 
Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia
 
Fragmento del escrito: “LAS VOCES DEL SILENCIO QUE EN EL SILENCIO HABLA ” 
(Colección “Luz en la noche. El misterio de la fe dado en sabiduría amorosa”  Opús. nº 16)

 Nota.- Para descargar el tema completo  pulsar aquí.

Fragmento del vídeo de la Madre Trinidad titulado “Las voces del silencio”, que fue grabado el 15 de julio de 1992 (pulse la tecla PLAY):

El silencio es, para el alma atribulada, bálsamo que suaviza sus heridas y cicatriza sus llagas. (18-8-73)
¡Qué silencio el de Dios en su seno…! ¡Qué silencio el del Verbo en la Eucaristía…! ¡Qué silencio el del Amor en el alma!, ¡y en qué silencio ésta ha de escucharle…! (1-2-64)
Al Amor le gusta habitar Él solo en el alma. Por eso, cuando se hizo el silencio, se dijo el Amor; y cuando el Amor se dice al alma, se hace el silencio. (1-2-64)