Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto. Allí nos está esperando. La Cuaresma es el desierto del silencio, de la soledad de todo, aún en medio de una vida frenética, para encontrarnos con Él.

“La llevaré al desierto, y le hablaré al corazón” (Os. 2, 14) en silencio… Dios “habla” siempre al corazón. Todo lo creado es expresión de Él. Toda criatura, con su existencia, es manifestación del Creador. La Palabra infinita encarnada nos dijo: “Padre” y nos enseñó cómo hablar con Él. La lectura de este tema, apasionante y lapidario, guía a la certeza de que Dios se nos comunica y de que vivimos en comunicación con Él más de lo que pensamos.

«Manifestación del Increado»

12-8-1970

Dios es el Increado en su serse Creador, en su serse sempiterno rompiendo en Explicación.

¡El Increado…! El que se es el Ser… el Ser que, por serse a una distancia infinita de todo lo creado, se es… ¡Sólo de Dios puede decirse que se es! […]

¡Oh Amor…! ¡Amor increado, en infinitud de distancia de todo lo creado…! ¡El Increado…! ¡que no tiene palabras humanas para expresarse adecuadamente…! ¡Él se expresa en su expresivo ser, rompiendo en Explicación…! […]

En el Antiguo Testamento Dios hablaba a sus profetas. Cuando Dios habla con palabras humanas, se vale, para que nosotros le entendamos, de la criatura palabra.

Dios tiene distintos modos de comunicarse. Cuando se comunica con palabras, frases u otras formas, se vale de sus criaturas como medio para expresarse, para que éstas le entiendan. Pero tiene también otras maneras de comunicarse, aunque siempre que se comunica bajo una forma, figura o concepto, etc., lo hace valiéndose de lo creado. Y entonces no se puede decir que hable Dios al alma directamente, porque la comunicación directa de Dios es aquélla en la que el Ser increado, desnudo, en su sustancia, se deja sentir en la sustancia del alma, en voluntad de comunicación explicativa. Ese es el hablar de Dios a su modo.

 

Por eso las almas que, compenetradas con Dios, paladean y experi mentan, con el don de sabiduría, el modo del Ser increado en la sustancia de su pequeño ser, saben a qué sabe Dios y cuanto Él les quiere decir. Y en este decirse del que Es, ninguna palabra se oye, a pesar de que la Palabra infinita se está diciendo y escribiendo en lo profundo del espíritu. […]

Por eso la criatura, en esa familiaridad con el Increado, dice: “Dios” en el fondo de sí misma. Y lo dice en la silenciosa Palabra en la cual ella está transformada; y lo dice sin palabras creadas, porque incluso, si el alma quisiera valerse de palabras humanas para expresar lo que experimenta y lo que en ella se obra, adecuadamente no podría hacerlo. Y así Dios y el alma se comunican en el silencio indecible de la Palabra explicativa de silencio amoroso.

 

Cuando el Verbo de la Vida quiere decirse en la tierra a los hombres, se une a una palabra creada, para poder expresarse a lo humano y ser entendido por la criatura, Esa palabra humana, que es la humanidad del Verbo, dice, en sus conceptos limitados, lo más que puede del Increado. ¡Y tanto lo quiere decir y tanto lo quiere expresar! que, al ver que sus palabras humanas no saben ni pueden decir la Palabra infinita que Él, en cuanto Dios, es, rompe, como suprema explicación manifestativa del Increado, reventando en sangre por todos sus poros; y así manifiesta algo del amor increado que Él es como Persona. […]

¡Ay Misterio, Misterio de sabor indecible…!, que para comunicarte a los hombres, te uniste a una naturaleza humana, la cual, como creación suprema de tu ser increado, manifiesta algo a lo finito de tu infinito ser.

Todas las palabras que Jesús habló por su boca humana, refiriéndose al Increado, eran manifestación de la Trinidad de Personas en su Unidad; ya que si hablaba del Padre, expresaba la divinidad que se es el Padre engendrando amorosamente en el fuego del Espíritu Santo. […]

La unión de las divinas Personas es tan perfecta, que, si por un imposible viéramos a una de las divinas Personas sola, al verla, veríamos a la Trinidad en la Unidad y a la Unidad en la Trinidad, porque en cada una de las divinas Personas están y son las otras en sus personas y en su ser. […]

El Verbo, para manifestar a los hombres el secreto escondido desde todos los siglos, toma una naturaleza humana que, uniéndola hipostáticamente a su persona divina, adherida totalmente a todos sus movimientos y no pudiendo tener más que los que ella tiene, expresa a lo humano, lo más que puede, lo que Él es como Persona.[…]

¡Felipe…! ¿Tan poco me has penetrado, que no sabes, después de tanto expresarme Yo y de tanto explicaros la vida divina por mi naturaleza humana, que “el Padre y Yo somos una misma cosa” y que “quien me ve a mí ve al Padre…”? Pero, “el Espíritu Santo os enseñará toda la verdad y os recordará todas las cosas que Yo os he dicho”.

Si nosotros no entendemos a Dios, no es porque Dios sea complicado. Dios es tan sencillo, que es en un acto de ser. Y la Eternidad es el Acto de ser en actividad divina rompiendo en tres Personas. ¡Dios es tan sencillo, tan sencillo…!

¡Oh Amor…, Amor…! Dite Tú en el alma de todos los cristianos, y especialmente en las almas de tus sacerdotes y demás almas consagradas, para que, apercibiendo la divina Palabra en sus corazones, en el ímpetu del Espíritu Santo, conozcan al Padre y a Jesucristo su enviado. […]

Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia
Escrito: “MANIFESTACIÓN DEL INCREADO”.
(Del libro “La Iglesia y su misterio”)

Nota.- Para descargar el tema completo pulsar aquí.