Con gran gozo, los cristianos de todo el mundo, dirigimos nuestra mirada a María, especialmente en este mes de mayo, para ponerla como faro de nuestra vida.

Pero, ¿de dónde le viene a María su grandeza? De su Maternidad divina.

Creada por Dios para asociarla de manera única a su plan de Redención, es para nosotros el medio por donde nos llega la vida divina.

Y si Dios mismo ha querido derramarse sobre la humanidad a través de María, en la Encarnación, ¿qué gracia habrá que Dios no quiera darnos a través de ella? Acudamos a ella con confianza filial.

 

«María en los planes de Dios»

 

 

 
 

 

         La grandeza de María le viene de su Maternidad divina; y, al ser Madre de Cristo, que es la Cabeza del Cuerpo Místico, lo es también de todos y cada uno de sus miembros. (18-4-69)

         Nuestra Señora fue creada e introducida en el plan divino para ser Madre de Jesús y estar junto a Él; por eso Dios le concedió un conocimiento tan grande de su propio Hijo, que se adhirió a Él, en unión tan una, que su voluntad quedó robada por el Infinito. (9-1-65)

¿Hay algo en la tierra más grande que el amor, más resplandeciente que la virginidad, más hermoso que la maternidad…? En María se da todo a un mismo tiempo en el grado máximo de perfección; teniéndolo, manteniéndolo, y siendo la contención de esta triple realidad la que le hace ser la Virgen Esposa del Espíritu Santo que, por el beso de su Consorte infinito, rompe en Maternidad divina. (24-12-76)

      En la medida que Dios toma a María para sí, cada una de las divinas Personas lo realiza en su modo personal: el Padre la llama Hija mía; el Verbo, Madre mía, y el Espíritu Santo, Esposa mía muy amada… ¡Misterio entre Dios y la Señora toda Virgen, toda Madre, toda Reina, toda Blanca…! Madre mía, ¡cuánto te amo! (7-12-74)

        La Virgen es el medio por el cual el Padre dice su Palabra a la Iglesia, el Espíritu Santo se la entrega, y el Verbo puede morir crucificado por ella. (15-11-59)

        La medida de la maternidad está en la donación de la vida. Y María, que me da al mismo Infinito, ¿¡qué clase de Madre es…!? (24-12-63)

        Imaginemos a un lado a la Trinidad viviendo su vida; a otro lado a la humanidad; en medio a María. Una de las tres divinas Personas –el Verbo–, se viene al seno de la Virgen y se une a una Humanidad, trayendo consigo al Padre y al Espíritu Santo. Esta Humanidad injerta en sí, misteriosamente, a todos los hombres. Y, así, en la Madre de Dios, comienza la realización del gran misterio de la Iglesia. (12-1-67)

         Como el sacerdocio de Cristo, desde el momento de la Encarnación, fue recopilador de todos los tiempos, donador de vida para todos los hombres y perpetuado durante todos los siglos, así, la maternidad de María, desde el momento de la Encarnación, en la plenitud de este misterio, encierra, por la injerción de todos los hombres en Cristo, la posibilidad abarcadora de contener, bajo el influjo de su maternidad, a todos los tiempos con todos los hombres en cada uno de los momentos de sus vidas. (25-10-74)

         ¡Cuánto amor hemos de tener a la Virgen…! Por Ella tienen que romper en el seno de la Iglesia los soles del Espíritu Santo, para disipar las densas nieblas que envuelven a la Nueva Jerusalén. La Virgen es la que nos dio y nos da a Jesús, y, por Él y con Él, al Padre y al Espíritu Santo; el cual es luz de infinitos resplandores que, por la Señora, quiere irrumpir en el seno de la Iglesia con los fulgores de su infinita sabiduría amorosa.
(16-6-75)

         ¡Qué a gusto se descansa en la Virgen…! Ella es Madre de los desamparados, de los que sufren; pues, siendo la Madre del Amor Hermoso, es donadora de amor con ternura maternal. (16-6-75)

 
 

«Aparece la Señora»

 

Cuando acosan los problemas de la vida,
aparece refulgente, en mi mente, la Señora,
como luz en mi camino,
como antorcha en una noche aterradora.

Y mi ansia busca en Ella
las conquistas de las glorias del Inmenso,
pues es Madre acogedora,
que protege con la fuerza poderosa del Eterno.

Confianza son mis preces, y en sus celos
palpitantes de caricias maternales
voy dejando cuanto tengo,
y descanso descansada
con los frutos de su pecho.

Es Señora con inmenso poderío,
que, cual Madre corredentora, siendo Virgen,
arrebata los amores del Dios vivo.

Mi conquista está en los brazos de María,
porque Ella me cobija, cuando imploro
en petición de silencio clamoroso.

Hoy mi alma está afligida
por la herida palpitante de la Iglesia;
y he mirado a la Señora,
que me ha dicho con nobleza:

No te aflijan los proyectos que caducan
con los hombres de este suelo,
tu recurso está en la Altura;
con los pliegues de mi manto
yo lo envuelvo.

Soy la Madre que consigo
en virginal poderío
cuanto quiero del Dios vivo,
pues Señora Él me hizo de los Cielos,
en su infinito designio.

Confía, no titubees,
tus cosas yo las consigo.

 
Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia
 
 
Colección “Luz en la noche. El misterio de la fe dado en sabiduría amorosa”  Opusc. 5 “María es un portento de la gracia