Seguramente nos habremos preguntado alguna vez: ¿Qué hace Jesús en el sagrario?

En un momento central de la santa Misa el sacerdote, elevando en sus manos el cáliz y la patena dice: “Por Cristo, con Él y en Él, a ti, Dios Padre omnipotente en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos. Amén”.

En estas palabras sintetiza la Iglesia la postura de Cristo en el altar. En esta postura permanece Cristo victimado en el sagrario. Es fundamentalmente la postura sacerdotal de Cristo.

Con esta postura se identifica la Madre Trinidad en la poesía “Mis ratos de sagrario” La postura sacerdotal es la que marca el alma de Cristo: Su riqueza, misión y tragedia.

9-5-1972

                                            «Mis ratos de Sagrario»

 

     Son mis ratos de Sagrario
los presuntos del Eterno,
mis alegrías de Gloria,
mis apetencias de Cielo…

     Son mis ratos de Sagrario
donde, en penares de duelo,
lloro con mi Dios penante,
recojo sus desconsuelos,
apercibo sus martirios
y me consumo en sus fuegos…

     Son mis ratos de Sagrario
donde mi espíritu abierto
recibe la omnipotencia
de los Poderes inmensos;
donde me siento fecunda,
donde abarco el universo,
donde llego a todas partes,
para llenar la misión
de mi espíritu sediento…
dándole almas a Dios
por mi misión como Eco
en la Santa Madre Iglesia,
sumergida en su misterio.

     En mis ratos de Sagrario,
penetrada del Inmenso,
irradio por todo el mundo
las canciones de mi Verbo.

     Son mis ratos de Sagrario
añoranzas en tormento,
por no encontrar al que ansío
tras la luz de su misterio.

     Son mis ratos de Sagrario,
en claridades de cielo,
o en oscuridades tristes,
los que llenan las cavernas
torturantes de mi pecho.

     Busco a Dios del modo extraño
que se nos da en el destierro:
en alegrías de gloria
o en soledades de invierno…

     ¡Pero no importa al que ama
con nostalgias del Eterno
esperar día tras día,
cuando sabe que un sagrario
es la puerta de los Cielos!

     Por eso busco en mi vida,
en mis noches y en mis duelos,
en mis torturas de muerte,
en mi martirio incruento,
en mi espera prolongada
y en la noche del invierno,
cuando me cubre la helada,
cuando me ataca el infierno,
¡tras las puertas del sagrario
la abertura de los Cielos…!

     ¡¿Qué me importa que no sienta
ante mi sagrario abierto,
si la antorcha de la fe,
como luciente lucero,
me dice que ese Pan
es la gloria del Eterno…?!

     Por eso, busca, hijo mío,
con incansables desvelos,
con agonías de muerte
y aun con torturas de infierno,
largos ratos de Sagrario,
aunque tan sólo apercibas,
en tu penar lastimero
dentro de la oscuridad,
la tragedia del Dios muerto…

     ¡Busca ratos de Sagrario,
sin buscar más que al Eterno,
sin esperar más que a Él;
sabiendo por la esperanza
que, al fin, se abrirán los Cielos…!

     ¡No te canses, que el amor
no conoce el desaliento!
     Por eso, ora incansable
ante tu sagrario abierto,
donde el Señor se ha quedado
en un pequeño Sustento,
para que tú le buscaras
con esperanzas en fuego…

     ¡Ora incansable, hijo mío,
que mi corazón, herido
por las voces del Eterno,
hoy te lo pide amoroso
con mis clamores en celo…!

     ¡Ora incansable, hijo mío,
para que gustes el Cielo!
Y ora incansable, hijo mío,
dándole a Jesús consuelo.

Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia