La India. Un país inmenso, enorme. Donde hay más de mil doscientos millones de almas de las que sólo un “pequeño rebaño” –apenas rozando el dos por ciento– vive en el seno de la Iglesia de Cristo, de nuestra Iglesia Madre: «Madre de todos los hombres, porque ser madre es dar la vida, y Dios, que es la vida infinita, se quedó en ella para que nos la distribuyera con corazón de Madre y amor de Espíritu Santo», en palabras de la Madre Trinidad.

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Y así, con ese mismo palpitar de la Iglesia Madre, como su “Eco en repetición”, la propia Madre Trinidad, a través de sus hijos espirituales, ha querido llegar también a ese inmenso país asiático para llevar la luz y el tesoro que Dios ha puesto en su alma; y que no es más –ni menos– que toda esa Vida infinita, con mayúsculas, el tesoro de Vida divina que la Iglesia tiene que dar a todos, manifestado en sabiduría y amor.

rrmmHaciendo honor a la verdad, no es lo más exacto decir que la Madre Trinidad, o su Obra de la Iglesia, hayan ido a la India para llevar su mensaje. Lo más preciso sería decir que la propia Iglesia en la India, a través de algunos de sus Pastores, los Obispos, han llevado a la Madre Trinidad a aquellas tierras. Es algo muy hermoso: aquella Iglesia joven, llena de esperanza y fuerza misionera, que crece al doble de velocidad que la propia población del país, llama y acoge cariñosamente a La Obra de la Iglesia. Y de este modo, también allí, el “Eco de la Iglesia” podrá cantar su canción, para dar vida a aquellos hijos de la Iglesia que están llamados a ser misioneros y misioneras en medio de una multitud inmensa de almas que buscan la verdad y no la tienen, y a quienes la Iglesia Madre ama y quiere en su seno.

Así pues, por cuarta vez en el arco de dos años, el pasado mes de octubre, La Obra de la Iglesia volvió a la India en misión apostólica para consolar, para ayudar, para amar a la Iglesia que peregrina en aquellas tierras, a menudo entre grandes dificultades. Cuatro miembros de las Ramas masculinas y otros cuatro de la Rama femenina volaron a Jalandhar, la diócesis de Mons. Franco Mulakkal, en el estado de Punjab, para tener varios retiros y encuentros. Tanto Mons. Franco como Mons. Ivan Pereira, obispo de la vecina diócesis de Jammu-Srinagar, recibieron con alegría y afecto paternal a La Obra de la Iglesia.

Las consagradas de la Rama femenina tuvieron la oportunidad de dirigir dos retiros para religiosas en el seminario mayor de Jalandhar y en Amritsar, como ya hicieran año y medio antes. En un ambiente de gran alegría y honda vivencia espiritual pudieron comunicar una vez más el mensaje maravilloso que, de parte de Dios, trae la Madre Trinidad para todos sin excepción, pero en primer lugar, cómo no, para las almas consagradas.rf

Los consagrados y sacerdotes de las Ramas masculinas, por su parte, dirigieron un retiro espiritual para los jóvenes del Centro de Cáritas de la diócesis, ayudándoles a penetrar mejor en el misterio del verdadero amor; pues la verdadera caridad es el fruto del amor a Dios, que crece en nosotros sobre todo en la oración, donde Jesús nos espera siempre en el sagrario. Acompañaron también algunos días a los cuatro seminaristas y un joven más que se preparan allí para ponerse también un día, si Dios lo quiere, al lado de la Madre Trinidad para ayudarla a ayudar a la Iglesia.

Las actividades centrales de esta cuarta misión de La Obra de la Iglesia en aquella Iglesia joven se dirigieron precisamente a la juventud. Buena parte de la juventud católica en la India mantiene todavía un profundo espíritu de oración y busca a Dios. En ese campo abierto de sus almas jóvenes, la belleza y profundidad del modo en que la fundadora de La Obra de la Iglesia presenta los misterios de la fe, les tocó profundamente, haciéndoles penetrar más en la grandeza de su ser de Iglesia. La alegría de todos estos chicos y chicas se desbordaba en sus miradas y en sus palabras de agradecimiento, a la vez que en algunos de ellos y ellas empezaba a brillar la llama de una posible vocación de entrega total al Señor y a su Iglesia.

Tras la Diócesis de Jalandhar, la misión de La Obra de la Iglesia se desplazó más de mil trecientos kilómetros hacia el sur del país, a la diócesis de Ahmedabad. Allí, el mismo arzobispo, Mons. Thomas Macwan, acogió a los misioneros en su propia casa. Acudieron también otros dos obispos: Mons. Oswald 004Lewis, que voló desde Jaipur, y Mons. Lourdes Daniel, que viajó desde Nashik tras doce horas en coche. Hicieron tal esfuerzo para encontrarse con los hijos espirituales de la Madre Trinidad, lo que demuestra su sincero aprecio y amor a ella, y el fuerte deseo que tienen de que esta luz  llegue e ilumine también a los miembros de sus respectivas diócesis. Se tuvieron, de este modo, nuevos encuentros con jóvenes, con familias, con sacerdotes… algunos de ellos muy comprometidos ya en la difusión del mensaje de la Madre Trinidad.

En resumen, una hermosa siembra de luz y vida eclesial, que está suponiendo también para no pocas almas una025 toma de conciencia más profunda de su ser de la Iglesia, cada cual con su vocación y en su misión. Semillas de renovación sembradas en un campo humilde y pequeño aún, pero fértil y prometedor. Semillas plantadas por La Obra de la Iglesia, al lado de los Pastores, que ha hecho posible que un grupo nutrido ya de sacerdotes, religiosas, jóvenes, seglares… hijos de la Iglesia en India, reciban, aprovechen y transmitan a otros el tesoro divino que la Iglesia tiene en su seno. Y que ahora, en nuestro tiempo, ha querido el Señor que desde el alma sencilla de la Madre Trinidad, por su palabra y su vida, llegue a toda la Iglesia para su gloria y la salvación de las almas. A toda la Iglesia. Y a todas las almas. También las de la India, aunque estén lejos.  Dios sea glorificado en todo ello.

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