La Navidad es un misterio de inédita ternura capaz de conmover y transformar los corazones más duros.

Que todos los cristianos podamos regalarnos en este tiempo litúrgico la gran donación de Dios que se hace hombre para vivir, sufrir y llorar con nosotros. Pero para hacernos este recíproco regalo tenemos antes que poseerlo. A eso nos ayuda este escrito.

“Navidad: ¡Responde…!, ¡adora…!, ¡ama…!,
¡¡que Dios llora..!!”

Navidad…! Misterio de inédita ternura…; sorprendente donación del Amor Infinito para con el hombre…; explicación poderosa del Eterno Poder, que se nos da en deletreo divino y humano de un modo tan sencillo como corresponde al señorío simplicísimo de la realeza del Ser. […]

El Verbo Infinito, por el trascendental misterio de la Encarnación, cumpliendo la voluntad del Padre, rompe en Palabra desde el seno de Éste al seno de María por el arrullo acariciador y amoroso del Espíritu Santo. Y encuentra que el seno de la Señora le sabe a Hogar infinito, porque es todo él participación acogedora del corazón del Padre con ternura y cariño de Virgen-Madre… […]

María, ¡Virgen-Madre…!: Madre en fruto de su excelente virginidad…, y Virgen porque su misma Maternidad divina, por el fruto de su fecundidad, la hizo aún más virgen, al ser este Fruto la Virginidad infinita Encarnada en Palabra explicativa a los hombres, de infinita santidad virginal. Por lo que María, mientras más Virgen, más Madre, y mientras más Madre, más Virgen; ya que Ella es un grito en todo su ser de: ¡Sólo Dios!, envuelta, saturada, penetrada y poseída sólo, ¡exclusivamente sólo! por el Ser Infinito, en posesión total y absoluta.

¡Secreto trascendente el que vivió María durante los nueve meses de su Adviento en intimidad sabrosísima con el Hijo de Dios que, entrañado en su seno, le hacía sentir el palpitar de su corazón en cariño de filiación…! La voluntad infinita del Padre la estremecía, por el amor del Espíritu Santo, en necesidad nostálgica y vehemente de dar a luz al Hijo de Dios a través del parto virginal y luminoso de su Maternidad divina… […]

¡Nueve meses de ternura…, de donación…, de entrega…, de respuesta y de esperanzadora expectación, en la espera cariñosa de su maternidad que ansía escuchar de la boca del Verbo Infinito, como en infinitud de eternas melodías, la palabra: ¡Madre!, en la realidad palpable y palpitante, sonora y deleitosa del Hijo de Dios hecho Niño entre sus brazos…! […]

Los nueve meses que la Virgen vivió con Jesús en su seno, fueron contemplados por los Ángeles de Dios, en la intimidad sagrada de ricos coloquios de amores…, en ternuras sublimes e inefables, silenciosas y secretas, misteriosas y sagradas, divinas y divinizantes de adorante silencio… […]

¡Navidad…! Misterio de donación del Infinito a los hombres a través de la Maternidad de María…

[…] Hijo de la Santa Madre Iglesia, sólo la vida de fe, repleta de esperanza, iluminada con los dones del Espíritu Santo e impulsada por el amor, es capaz de adentrarse en este misterio de la Navidad: En el silencio de la noche y de la ingratitud, se dijo el Amor ante la expectación secretísima de la Virgen Blanca. […]

¡Qué recreos de amor y ternuras entre la Madre y el pequeño Emmanuel…! ¡Qué secretos de entrega y respuesta…! ¡Qué abrazos de cariño de la Virginidad Infinita a su Virgen-Madre, y qué ternura la de la Virgen-Madre para la virginidad infinita del Verbo Encarnado entre sus brazos…! […]

¡María es un grito de ¡sólo Dios!, en su ser, en su vida y en su obrar…! […]

Y cuando, como Madre universal, en manifestación de su amor, va a dar a Dios a todos los hombres, que también son fruto del beso del Espíritu Santo en su alma de Virgen-Madre, recibe, en la delicadeza incomprensible de su amor maternal, la espada de un dolor tan agudo, que su corazón queda herido, sin poderse cicatrizar, ante el desamor del «no» de todos sus hijos a la donación infinita del Amor Eterno que, por medio de la Maternidad de la Señora, se nos entrega hecho Niño en la noche misteriosa y sacrosanta de la Navidad… ¡Y cómo comprendió María, en una comprensión de dolorosa penetración, que «la Luz vino a las tinieblas y éstas no la recibieron»…!

Y por eso, traspasada de dolor, cumpliendo la voluntad del Padre y bajo el impulso del Espíritu Santo, cogió la Palabra Infinita del Padre hecha Niño y, en un desgarro de su maternidad, desprendiéndoselo de sus brazos, «lo colocó en las pajas de un pesebre», como manifestación patente, palpable y desgarradora de que no había quien lo recibiera… […]

¡Misterio de Navidad…! ¡Secreto de infinita ternura…!: En el silencio de la noche y de la incomprensión, bajo las notas vibrantes del Espíritu Santo, y en el desgarro de la maternidad de María, ¡¡en un pesebre se nos dijo el Amor…!!

[…] Ángeles del Cielo, ¿dónde estáis…? Buscad a los sencillos de la tierra y comunicadles la gran noticia de que en un pesebre, acurrucado por la ternura de una Virgen-Madre ¡¡Dios llora…!! ¡Buscad a los sencillos, a los pequeños…, porque ellos descubrirán los misterios de Dios…; porque a ellos les son comunicados los secretos del Padre…; «porque de ellos es el Reino de los Cielos» y porque con ellos el Amor Infinito, reclinado entre pajas y temblando de frío, descansa…! […]

Coge presuroso de los brazos de María al Niñito de Belén; al Emmanuel, Dios con nosotros, que nace en un pesebre, morirá en una cruz y se quedará en la blanca Hostia durante todos los tiempos mediante el Sacrificio del Altar, para dársete como Pan de vida, y en espera amorosa en el Sacramento de la Eucaristía, manifestación esplendorosa de su amor infinito que necesita estar con los que ama mientras duren los siglos. […]

¡No dejes, alma querida, que Nuestra Señora de Belén, en esta noche de Navidad, cargada de misterio, ponga nuevamente a Jesús en el pesebre porque no había quien lo recibiera…!

[…] Y unidos en el Espíritu Santo, cumpliendo la voluntad del Padre, vamos a abrir nuestro corazón y nuestra alma para coger en nuestros brazos a Jesús, pequeñín de Belén, y besarlo con un beso de recepción…, con un abrazo de respuesta…, con una entrega de donación… ¡para que ya nunca se pueda decir que «la Luz vino a las tinieblas, y las tinieblas no la recibieron»…!

 
Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia
 
Fragmento del escrito “Misterio de inédita ternura”. 
Colección “Luz en la noche. El misterio de la fe dado en sabiduría amorosa”  Opusc. 9

 

Nota.- Para descargar el tema completo pulsar aquí: “Misterio de inédita ternura”.

Fragmento del vídeo de la Madre Trinidad titulado “Junto al portal de Belén en Rocca di Papa en un rato de intimidad y comunicación amorosa entre mi alma y los hijos de la gran promesa.”, que fue grabado el 29 de diciembre de 1999 (pulse la tecla PLAY):


Imagen del Niño Jesús que la Madre Trinidad tuvo desde joven

En el silencio del misterio infinito se descorrió el velo del Sancta Sanctórum; y, en pronunciación sapiental de amorosa Sabiduría, el Padre dijo su Palabra en el seno de Nuestra Señora, por el arrullo del Espíritu Santo; el cual la besó tan fecundamente, que la hizo romper en Maternidad divina. Y desde este instante la Virgen ya es Madre, y Madre de Dios; y Dios ya es Hijo de la Virgen Madre, para que ésta, en manifestación del querer divino, nos lo entregara en la noche sagrada de Belén, llena de amor y ternura. (Navidad de 1974))
En la noche de Belén, la Virgen María puso a Jesús en el pesebre, porque Dios «vino a los suyos, y éstos no le recibieron…». ¡Misterio del amor infinito de Dios al hombre, y del desamor del hombre a Dios! (11-12-73)
Jesús, quiero recibirte con toda la ternura y cariño de mi corazón, en respuesta amorosa, para que Tú descanses y sonrías en la noche cargada de misterio de Belén; con el único deseo de que encuentres en la tierra del desamor, consuelo a tu tierno pecho dolorido. (19-12-74)