El amor y la defensa del sacerdocio que Cristo ha dado a su Iglesia es la garantía y la certeza de recibir la vida divina respetando tan gran don.

La exaltación del sacerdocio y la comprensión misericordiosa para con quienes reciben esta vocación es sentir con y como Cristo.

 

“Todos los sacerdotes
tienen su sacerdocio recibido de Cristo”

 

Jesús, Sacerdote Eterno, Sacrificio cruento que se ofrece al Padre para remisión de los pecados y donación del mismo Dios a los hombres… “Tú eres Sacerdote Eterno según el orden de Melquisedec”.

Jesús, único Sacerdote, que por la unión de sus dos naturalezas, divina y humana, puede ser puente entre Dios y el hombre, por el cual las gracias se derraman a los hombres, y por el cual el hombre queda hecho hijo de Dios y heredero de su gloria… […]

Todos los sacerdotes tienen su sacerdocio recibido de Cristo, siendo la misión de éstos la misma del Verbo Encarnado.

Sacerdote de Cristo, porción escogida, pueblo separado, ungido, predestinado, consagrado para el servicio de Dios y santificación de los hombres… […]

Estás consagrado para hacerte una cosa con lo Sagrado y darnos lo Sagrado. Has sido ungido por el mismo Espíritu Santo para que tu divina unción, como ungüento precioso, se derrame por tus vestiduras y, empapando todo tu ser, te penetre de la Divinidad para que, brotando por ti a borbotones, como fuente de aguas vivas, se derrame sobre todos los hombres, y éstos corran presurosos al olor de sus perfumes.

Ésta es la misión del sacerdote: traernos la vida divina que él, por su ministerio y conforme vaya viviendo del vivir de Cristo y participando de los sentimientos más íntimos de su alma nos los irá comunicando. […]

“¡No toquéis a mis ungidos, no hagáis daño a los profetas…!” (Sal.105,15) Ya en el Antiguo Testamento, para aquel sacerdocio que era imagen y figura del sacerdocio de Cristo, Dios pedía ese respeto y veneración que se debe al sacerdote. […]

¡Qué sería de la humanidad, si no existiera el sacerdocio, sin Misa, sin este santo Sacrificio por el cual se tributa incesantemente a la Trinidad Una todo honor y gloria, sin sacramentos, sin Jesús Eucaristía en nuestros sagrarios…!

“Id y enseñad a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo…” “Este es mi Cuerpo”. “Esta es mi Sangre”. “Haced esto en memoria mía…” “Recibid al Espíritu Santo, a quienes perdonareis los pecados les serán perdonados…” Potestades sublimes que solamente le están reservadas al Sacerdote Eterno, Cristo Jesús, y que Él, derramándose amorosamente por el Espíritu Santo, las deposita en su Iglesia. […]

¿Qué sería de nuestras almas sin sacerdotes y, por lo tanto, sin sacramentos?

Miremos en el sacerdote su dignidad divina y no su fragilidad humana, ya que ésta queda cubierta por las vestiduras de su real sacerdocio y por la unión de éste con el Verbo. […]

El sacerdote de Cristo es “el otro Cristo” en la tierra, y cuando le veamos a él, hemos de ver siempre al ungido del Señor, al mismo Cristo; porque, si lo hacemos así, veremos también al Padre y “seremos consumados en la unidad”. […]

Si supiéramos lo que son los sacerdotes para el corazón de Cristo, ¡con cuánto amor y veneración hablaríamos de ellos y los respetaríamos…! […]

Iluminado por el mismo Espíritu de Dios decía un rey santo que, si él en su vida se encontrara un sacerdote que, por fragilidad humana estuviese pecando, se quitaría su manto de rey y lo echaría sobre el sacerdote, para que todos cuantos le vieran creyeran que era el rey quien pecaba, quedando así intacta la fama del sacerdote.

Esto es sentir con Jesús, vivir de lo espiritual, latir con Cristo. ¿Hacemos los Cristianos de hoy como los santos de ayer y como los de ahora, sabiendo que lo que hagamos con sus ministros, con Jesús lo hacemos…? ¡No seamos de esas personas que, haciendo juego al demonio, propagan o descubren todos los defectos que, por fragilidad humana, éstos cometen!

Dice la Sagrada Escritura que “el justo cae siete veces”. Y si “el justo cae siete veces” y toda criatura mortal está expuesta a la caída, ¿quiénes somos nosotros para juzgar a nadie, y mucho menos a aquel que es el representante directo del mismo Dios altísimo?

“No juzguéis y no seréis juzgados”. Todo lo que hablemos del sacerdote de Cristo o los defectos que le saquemos, va en menosprecio y menoscabo de nuestra misma religión y de nuestro ser de Iglesia, pues el tesoro de la Iglesia está encerrado en los sacramentos que tiene que administrar el sacerdote de Cristo. ¡Y cuántas veces en tu vida, en vez de ayudarle con tu oración y sacrificio, le haces daño por dejarte llevar de juicios humanos…!

El mayor triunfo del demonio es cuando un sacerdote, por su fragilidad, cae en faltas y a veces en pecado. Cuida de la fama de ellos y de sus almas participando del corazón de Dios. Venera o respeta al sacerdote de Cristo, al de tu parroquia, al de tu pueblo, al que dirige tu alma. ¿Sabes que la prudencia es la virtud que regula todas las demás y que sin ésta todas están descabaladas? […]

El sacerdote de Cristo es el otro Cristo en la tierra, el buen pastor y el buen padre que tiene que estar dispuesto a dar la vida por sus ovejas. Y esto lo conseguirá él más fácilmente si tú y yo le ayudamos por nuestra vida de oración. […]

Dios nos dice cómo tenemos que obrar con éste: “¡No toquéis a mis ungidos, no hagáis daño a mis profetas!”

Si conociéramos la dignidad del sacerdocio del Nuevo Testamento por el cual se nos da en comunión el mismo Verbo de la Vida…

El sacerdote es padre de almas, y solamente como a tal se le debe mirar. […]

Porque si por ti algún sacerdote fuera dañado, se te pediría una cuenta tan estrecha el día del juicio, que difícilmente podrías salvarte de las manos del Sacerdote Eterno que los eligió para que fueran sus prolongadores, y a quienes ama más que a la niña de sus ojos.

Sacerdote de Cristo, ¡yo te venero!, porque veo en ti volcada toda la complacencia de Dios que te ha escogido para ser prolongación de su mismo Verbo Encarnado, pregonero de su vida divina, mensajero de su Amor Infinito. […]

 
Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia
 
“¡NO TOQUÉIS MIS UNGIDOS, NO HAGÁIS DAÑO A MIS PROFETAS!” 
(Extracto del libro “La Iglesia y su misterio”)

 Nota.- Para descargar el tema pulsar aquí.

Fragmento del vídeo de la Madre Trinidad titulado “Luchar con Dios y vencer”, que fue grabado el 8 de diciembre de 1981 (pulse la tecla PLAY):



No puedes perder tiempo, ya que toda la humanidad te grita: ¡a ver qué haces para que vivamos la vida de Dios que por medio de su Iglesia, a través tuya, Él quiso comunicarnos! (4-9-61)
¡Qué grande es el sacerdote del Nuevo Testamento, que, por la imposición de las manos, desde el día de su ordenación, puede decir: «Esto es mi Cuerpo», «Esta es mi Sangre»; y actualizar nuevamente el misterio de la Encarnación, vida, muerte y resurrección de Cristo, frente a Dios y entre los hombres! (25-10-74)
¡Los Pastores de la Santa Madre Iglesia son los poseedores de la plenitud del sacerdocio, continuadores de los Apóstoles y portadores de la plenitud de su pastoreo…! (25-10-74)