Todos deseamos tener la Luz de Dios, porque con sus “Ojos” se ve todo en su justa realidad. Si esto sucede con todas las cosas, ¿qué será contemplar a la Iglesia con la Mirada y el Corazón del mismo Dios?

Sorprendente poesía es ésta en la cual la Madre Trinidad expresa, con certeza y profundo conocimiento, lo que el mismo Dios vive ante la belleza divina de la Iglesia y la situación en que la ponemos sus hijos. Contraste desgarrador que arrastra al alma que se siente Iglesia a vivir de su gloria y de su tragedia. ¿No será posible consolar a la Iglesia?

“Nueva Jerusalén”

(28 – 04 – 1969)

 

¡Oh Nueva Jerusalén!,
si siempre te contemplara
como el día en que te vi
como una reina enjoyada…

Si siempre te viera hermosa,
triunfante y engalanada,
como Esposa del Dios vivo
y por todos aclamada…

¡Oh Nueva Jerusalén!,
mi alma está desgarrada
al verte triste y llorosa,
jadeante y encorvada.

Te vi vestida de luto,
en tu entraña traspasada
por la ida de tus hijos
que hacia otras tierras marcharan;

te vi encubriendo tus joyas,
morena y desconsolada,
¡pero yo nunca te vi
tan triste y tan ultrajada!

Hoy no sé cómo expresar
esto que siente mi alma.

Es un martirio tan hondo
el verte abofeteada,
por tus hijos escupida,
zaherida y maltratada,

en tu caminar penoso
en esta tierra manchada,
que, si no te conociera,
te creyera abandonada.

¡Pero no!, Dios está en celo
por la gloria de su Amada;
su amor se siente enojado,
su mirada está irritada.

¡Oh qué terror!, si Dios llora
cuando ve a mi Iglesia amada…
Y si Dios llora al mirarla,
¿cómo mi ser no llorara?

¡También, mi alma está en celo,
también se siente ultrajada,
también anda temblorosa
y se ve abofeteada!

También…, ¡porque soy Iglesia!
Tan sólo Iglesia es mi alma,
y su misión es la mía,
su tragedia está en mi entraña,

y la gloria de su nombre
es la gloria que me abrasa,
porque no tengo más gozo
que verla glorificada.

¡Oh, qué triste está mi Iglesia!
¡Oh, si yo la consolara
y la viera nuevamente
como una reina enjoyada…!

¡Oh, qué herida está mi Iglesia!
¡Ay, qué triste está mi alma!
Pero… si Dios mismo llora,
¿cómo yo la consolara…?

Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia